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Una hermosura de film o cómo respetar al maestro

Por Enrique Fernández Lópiz

Serge Tanneur (Fabrice Luchini) es un actor que decidió en pleno auge de su carrera dejar el mundo de la interpretación y del espectáculo. Lo hizo marchándose a una vieja casa heredada en la isla de Ré done vive solo, pintando y con una actitud de desencanto hacia el mundo y las personas. Transcurridos tres años, aparece por su casa Gauthier Valence (Lambert Wilson), un famoso actor de series de televisión. El tal Valence está planeando producir para el teatro El misántropo de Molière, y todo su afán es ofrecerle al virtuoso Serge un papel en la obra. Serge, dudando mucho la oferta le dice a Gauthier que lo mejor será ensayar durante cinco días para realmente saber si quiere o no participar en el proyecto. A lo largo de esos días, la trama se desarrolla de manera muy interesante y profunda en la que ambos actores se enfrentan, se increpan, se dicen, se miden y se desafían, compartiendo con deleitación el gusto por el arte de la interpretación, y también hay alto voltaje de enfrentamiento y de debate juntos. En un momento parece que Serge va a regresar al escenario. Pero algo ocurre que produce un desenlace inesperado, como luego apuntaré.

En las ciudades donde más tiempo estoy, tengo la suerte de que hay sendas salas que permiten ver películas europeas o de otras nacionalidades. Son salas mantenidas por propietarios amantes del cine y que proyectan lo que se denominan “películas no comerciales”, o sea, pelis a las que no va casi nadie, de hecho ayer tarde, sólo estábamos dos espectadores en un visionado cuasi privado de esta joyita de la cinematografía gala.

La película es una obra de muchos matices, con mucha diversidad de temas humanos sobre el tapete y con muchas lecturas posibles en su desarrollo. A mí me ha gustado tanto, que creo que lo mejor será que me ciña a determinadas dimensiones y deje el resto para quienes la veáis, si es que la veis. Empezaré con algunos detalles técnicos y de obligado cumplimiento.

Phillipe Le Guay, con guión de su propia autoría, construye con maestría un film agradable, cálido y, en definitiva una obra estupenda que pone de manifiesto la excelencia de este escritor y realizador francés. Uno de los méritos de Le Guay es dejarse de rodeos y comedias tangenciales e ir directo a un soberbio duelo de egos entre dos actores que, como ahora diré, toca asuntos complejos de la profesión de actor, pero también otros aspectos de las relaciones humanas. Además, la película está perfectamente arropada por una de música de Jorge Arriagada que incluye temas de siempre como la canción italiana Il Mondo, la conocida canción de Jimmy Fontana de 1965. La fotografía de Jean-Claude Larrieu, sobre en interiores, pinta una atmósfera íntima muy de agradecer en esta historia.

En cuanto al reparto yo lo califico de diez. En primer lugar para un Fabrize Luchini que borda un papel casi tan imposible como el del personaje Alceste de Moliére, tanto en la obra teatral como en la trama del film, y lo interpreta con sobriedad, sin exabruptos, casi con la mera mirada, como sin esfuerzo: ¡genial! Pero no le va a la zaga Lambert Wilson, que juega su papel de guapetón hombre triunfador en los platós de TV con soltura y credibilidad, haciendo perfectamente de contrincante de Luchini. Y quiero destacar también pues nunca antes la había visto, la belleza serena y la elegancia y sensualidad de la hermosa italiana Maya Sansa que juega un papel también principal en la obra, pues en su rol está a punto de sanar el maltrecho corazón de Tanneur (Luchini). El resto conforma el coro excelente de actores secundarios como Camille Japi, Ged Marion o Stephan Wojtowicz. En resumen: Luchini y Wilson están esplendidos, logrando que siempre tengas una sonrisa en la cara, sin obviar un toque melancólico y melodramático que recorre todo el metraje.

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En primer plano siempre tenemos la obra de Moliére El Misántropo (1666). Dicen por ahí que Luchini recita por gusto cada mañana los versos de esta obra. En la peli, el apuesto y viejo conocido de Serge Tanneur, Gauthier Valence (actor de éxito en una serie de TV), le propone a éste interpretar el papel de Filinto en la mencionada obra. Serge se niega y reivindica el papel de Alceste, aludiendo que el otro es un papel secundario. Finalmente deciden comenzar los ensayos leyendo y recitando la obra clásica y echando a suerte quién hace uno u otro papel lanzando una moneda al aire. Ambos actores disfrutan intercambiándose los papeles de Alceste y Filinto y van dejando ver al espectador quién es quién (sin olvidar que por definición los actores son vanidosos, ególatras y envidiosos, un terreno en el que nadie gana). En fin, estos ensayos son los mejores momentos de la película, cuando juegan a alternarse los papeles de Alcestes y Filinto, y resume en gran medida el oficio de actor, el ego y la amistad.

Al igual que en la obra de Moliére, Luchini es un actor engreído y retirado que, como Alcestes -personaje de Molière- está cansado del mundo de los escenarios, de las rivalidades, el engaño, las envidias, la vileza, etc. Lo que no obsta para que algo en él le impida no aceptar la propuesta de volver al teatro. A cambio, Wilson es un actor exitoso, un tanto estúpido en su optimismo y sobre todo ambicioso. En esta película se entrelazan la celebérrima obra de Moliére con la historia del film, llevando El misántropo al terreno de la comedia y a veces del drama, a la vez que profundiza en ángulos diversos de los intérpretes en liza. Ni que decir tiene que Fabrice Luchini, pero también Lambert Wilson, son los dos pilares de esta cinta.

De otro lado está el magisterio en la historia de los actores. Mientras que Tanneur es un actor mayor, de sólida formación y con prestigio, Valence es un profesional de menor entidad y que a veces incluso se salta la métrica de los versos de Moliére para exasperación de Tanneur. Lo que quiero decir es que Tanneur en su oficio es un Maestro, lo cual no es Valence. Pero Valence parece querer rivalizar con él en este campo y, ahora hablo por experiencia, cuando uno tiene delante a un “maestro”, hay que saber tratarlo en su nivel, respetarlo, escucharlo, aprender y punto. Y esta es una de las grandes enseñanzas de esta historia de Le Guay, pues Valence, al no medir bien sus posibilidades, y lo que es peor, al engañar al maestro, acabará mal con sus pretensiones y con su proyecto.

Mientras Valence –o sea Filintos- es cortesía, complacencia, fachada y pose; Tanneur es Alcestes, el misántropo, un amante de la verdad y en continua lucha contra la estupidez. Como apunta Ocaña: Un combate ensayístico que sirve a Le Guay para reflexionar, siempre en paralelo con la obra original, sobre la realidad de la profesión interpretativa, ´donde no hay amistad, fidelidad ni lealtad´, sobre el elitismo y la popularidad (¿el respeto a la métrica alejandrina o la libertad de actuación?) y, sobre todo, sobre si hay que ser un verdadero misántropo para poder sentir el papel. Bailando en el alambre, entre la comedia campestre y el drama de tesis, “Molière en bicicleta” se convierte, así, en una película notable y, siguiendo de nuevo a Ocaña, “sobre todo cuando se centra en el soberbio duelo de egos entre los actores. Y lo hace con unos 10 minutos finales sensacionales, que dejan el exquisito regusto amargo y procaz de un buen insulto. El del misántropo auténtico.”

Quiero finalmente agregar, que este film aporta algo que tal vez pasa un tanto desapercibido, esto es, que el actor misántropo protagonizado por Fabrice Luchini, en la historia, debido a la aparición en escena de una bella italiana (Maya Sansa) de la que Tanneur se enamora, está a punto de ser redimido o salvado por ella de su ostracismo y depresión, de no ser porque Valence le gasta una jugada de esas que pueden calificarse de traicioneras o puñalada por la espalda, y que desemboca en un final de película imprevisto, pero que define la cualidad humana, siempre sospechosa de cualquier tropelía. He leído que Moliére dijo: Prefiero un vicio cómodo que una fatigosa virtud”. Y como apunta Bonet: Esta malévola comedia es un vicio cómodo e irónico, que disecciona la fragilidad humana.”

En resolución, esta película es una manera de hablar de teatro dentro del cine, lo cual que se consigue con creces; y a la vez, hablar de la vida y de la existencia humana dentro del teatro, lo que también ocurre y no sin una buena dosis de humor, sarcasmo y dramatismo a la vez.

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