Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Una hermosa época y la mejor banda de pop-rock conocida hasta hoy

Por Enrique Fernández Lópiz

He ido a ver el documental The Beatles: eight days a week y he salido feliz y con buenas vibraciones tras haberla visto. Sé que hay quien dice que este documental no aporta nada nuevo sobre The Beatles ¿Pero qué es algo nuevo o no nuevo? Puede que para algún especialista sobre este mítico grupo lo que vea lo tenga ya sabido y trillado; e incluso para los nacidos en los años ´30 ´40, que vivieron la época. Pero para los que el vendaval The Beatle nos cogió jugando a las canicas, este documental, además de bueno, tiene un gran interés. Yo particularmente me sé la música y los conozco de haberlos escuchado docenas de veces en radio, discos de chicos/as más mayores que yo en aquella época que los tenían, y por mi buen oído, que todo hay que decirlo. Pero me ha asombrado el empaque con que aquellos humildes jóvenes de apenas 20 años afrontaron un éxito y un frenesí sin precedentes en aquel tiempo entre los grupos de música, ver cómo iban evolucionando, quedarme pasmado de los escasísimos medios de megafonía de que disponían (da risa la cosa) y sobre todo, observar el movimiento de los fans, sobre todo ellas, enloquecidos con su mera presencia, la histeria colectiva en los EE.UU., la práctica imposibilidad para manejar aquel huracán de chicos y chicas enfebrecidos y fuera de sí ante aquellos cuatro muchachos y sus peinados tipo tazón, sus trajecitos ceñidos a medida, su frescura y sobre todo sus maravillosas canciones. Eso sí ha sido nuevo para mí y para mucha gente que había en la sala. Yo me doy cuenta de esto que digo cuando voy al cine.

Este documental examina el mundo más privado, pero también el ámbito público de The Beatles y refiere de qué manera se fueron tomando las decisiones importantes para el grupo; cómo eran sus relaciones, por demás cohesivas y de gran sintonía entre los cuatro; amén de su capacidad musical que era sin más maravillosa y fuera de toda duda, virtuosa. La cinta recoge sobre todo la primera parte de su carrera (1962-1966), la emoción de sus primeros años a los que su mánager, Brian Epstein, convirtió en famosos, para que afrontaran bien todo lo que les iba ocurriendo, puliendo un diamante en bruto; sin olvidar a su productor George Martín, que les aconsejo y asesoró más que mejor a mejorar su potencial musical. Época en la cual realizaron su primera gran gira y cautivaron al mundo entero sin excepción: 815 actuaciones en 90 ciudades de 15 países. Nos retrata también los orígenes del legendario grupo, período que va desde los días en que tocaban en The Cavern Club en Liverpool, hasta su multitudinario espectáculo en San Francisco en 1966. Cierto es que la ausencia en el documental de George y John se hacen sentir, pero siempre resulta un verdadero placer escuchar las palabras de Paul y Ringo como narradores maduros de los acontecimientos (colaboraron también Yoko Ono Lennon y Olivia Harrison). Esta cinta ayuda a comprender, sobre todo a los más jóvenes, el fenómeno de la “beatlemanía”, desde sus canciones primeras, hasta sus trabajos más complejos a modo de cierre como “Revolver” (1966) y “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967) que aún hoy siguen siendo historia viva de la gran música en estado puro.

En el documental, Paul McCartney sintetiza con inocente claridad qué papel jugó la banda en la cultura de occidente cuando a pregunta de un reportero al respecto respondió: “It was not culture, it was just a good laugh” (lo que hacemos no es cultura, es pasarlo bien). Así eran aquellos simpáticos muchachos de Liverpool. Pero como el propio director del documento Ron Howard dice: “Además de dar a la gente una gran experiencia acerca de lo que fueron los Beatles en vivo, espero que también ofrezca un recordatorio, de modo centrado e intenso, de quiénes fueron antes de la Beatlemanía, en qué se convirtieron en el curso de la misma, y cómo crecieron y evolucionaron artística y personalmente, además de su papel en aquel monumental cambio cultural”. Pues no cabe duda de que The Beatles, significó el germen de un fenómeno de masas en la época del baby boom y tuvieron una influencia definitiva en la generación de jóvenes de aquel entonces y años posteriores.

Al director del film Ron Howard le gusta hacer largas las historias que cuenta y se muestra prolijo y minucioso con los detalles y las anécdotas. Y la verdad, le salen películas bastante buenas; menciono dos que me gustaron bastante: Una Mente Maravillosa, 2001; y, Rush, 2013. Quizá por estas razones fuera un director muy conveniente para hacer este documental; tal vez el mejor documental sobre The Beatles que nunca se hizo antes.

the-beatles-eight-days-a-week-2

Esta cinta ha sido realizado a partir de más de cien horas de metraje inédito procedente de admiradores, medios de comunicación y archivos nacionales, además del propio de Apple Corps, la compañía que ha gestionado los derechos de The Beatles desde 1968. Tiene una duración de dos horas contando con media hora de la emblemática actuación del grupo en el Shea Stadium de Nueva York el 15 de agosto de 1965 ante 55.600 espectadores, el más grande dado hasta entonces que muestra claramente el fervor y la histeria colectiva que provocaban este gran grupo.

Pero para mí, lo más interesante ha sido ver la evolución que sufre el grupo y que Howard refleja perfectamente desde sus comienzos, cómo trabajaban aquellos desaliñados adolescentes, y su desarrollo posterior, cuando el tren de la fama, el dinero y las controversias los acabó arrollando para finalizar con su postrer desgaste, cuando la gran unión del grupo empezó a resquebrajarse, sobre todo cuando George y John, principalmente, empezaron a mostrar signos de hartazgo y fatiga con aquella aventura. Como dice Cortijo: “… documental centrado en el trasiego, el ruido y la furia del tsunami que acompañó al grupo desde sus comienzos hasta que dijeron basta mientras salían a escape y cogiendo todos los baches de su último concierto en San Francisco”. Su última actuación, que se puede ver también en el documental, fue en la azotea de su estudio en Abbey Road en Londres en 1969, para unos amigos.

Tiene la película un guión bien hilvanado de Mark Monroe (historia de P.G. Morgan), Productora Apple Corps/Imagine Enternaiment/White Pictures. Cuenta también con la ayuda de Giles Martin -hijo del legendario productor musical de The Beatles, George Martin, recientemente fallecido; y material recopilado por el periodista Larry Kane durante el tiempo que acompañó a la banda en sus giras americanas en 1964 y 1965; entre otras aportaciones. Gran fotografía de Michael Wood y en el reparto, ya sabemos, como documental que es: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. O sea, “… dos horas de éxtasis para los fans y de felicidad para el resto de espectadores, que al menos se garantizan el trayecto de vuelta a casa con la mejor banda sonora mental posible” (Cortijo).

Habla este documental también, como no puede ser de otra forma, de la enorme calidad musical y creativa del grupo, de sus más de trescientas canciones compuestas; todas ellas muy bellas y con ritmo, lo cual nos lleva, como dice Cuéllar, a “… la recuperación de un hecho que era evidente pero que conviene recordar: estos tíos eran muy, pero que muy buenos. Y lo eran más allá de toda la parafernalia posterior, con la influencia de marketing de Epstein y la producción de Martin. Eran muy buenos porque sus composiciones eran memorables”. Como también se apunta en la obra, no hay muchos músicos en la historia que hayan compuesto un número tan elevado de buenas canciones; en el film se les compara con Schubert o Mozart. Pues ahí queda. Y es que, la verdad, yo pongo al azar una canción de The Beatles y estoy seguro de que me va a gustar. No puedo decir lo mismo de otros excelentes grupos de pop o rock, incluyendo a sus antagonistas de siempre, los Rolling Stone. O al menos ese es mi parecer: The Beatles han sido los más grandes.

Aunque ya he referido algún apunte en líneas precedentes, quiero abundar un poco más en las relaciones de los miembros del grupo y otras potenciales causas de su enorme popularidad. George Harrison se compadecía de la soledad de Elvis Presley, sentimiento que se descubre en su parecer de que ellos al menos, al ser cuatro y bien avenidos, podían contarse los sucesos, problemas, etc., y así aliviarse como grupo. Harrison decía que The Beatles era “un monstruo con cuatro cabezas” y que era su unión lo que les permitía aguantar un ritmo tan delirante. Paul McCartney y Ringo Starr, en opinión de Howard, al analizar 50 años después su paso por The Beatles han adquirido un “renovado sentido de la valoración de cuanto de importante era la banda y qué significaban”. “Creo que lo básico en The Beatles es que éramos una pequeña gran banda. De tal modo que vernos actuar como grupo es algo grande, porque sin eso, no hubiéramos podido hacer los discos. Aquello fue la base de todo cuanto grabamos”, opina McCartney; mientras que Ringo Starr subraya el sentimiento de camaradería y que eran una pequeña familia en la que se tenían “los unos a los otros todo el tiempo”.

Pero no hay que olvidar que el éxito de The Beatles fue también fruto de la época, del baby boom post Segunda Guerra Mundial, con el telón de fondo de la Guerra de Vietnam, el asesinato de J.F. Kennedy, o la lucha por los derechos civiles en los EE.UU. No sabemos si, más allá de la enorme calidad del grupo, no había esa “burbuja cultural” de la que en su momento se habló, como manera de distraer de manera deliberada a la sociedad, aunque el documental se detenga en aspectos en los que la banda ayudó a derribar barreras como la segregación racial en sus espectáculos. “No éramos simples músicos estúpidos -rememora McCartney–. Éramos chicos que mirábamos el mundo, creo, con ojos bastante inteligentes. La idea de que podíamos tocar ante un público en el que hubiera la gente negra a un lado y la blanca al otro era como una broma para nosotros. Simplemente, no lo aceptábamos. Así que una cosa que me encanta de la película es que se muestra que de hecho lo incluimos en el contrato: no actuaremos ante un público segregado. Debo decir que ello me enorgullece, verlo de nuevo en la película”. Incluso puede afirmarse también que fueron el blanco de la ira de la población más fanática e integrista norteamericana, sobre todo cuando Lennon dijo que ellos eran más famosos que Jesucristo, una observación infantil y sin carga de profundidad como cabe suponer y por la cual tuvo que pedir públicamente perdón.

En resolución, un excelente documento sobre la más grande banda pop-rock hasta hoy, cargada de imágenes, diálogos, acontecimientos y detalles muchos de los cuales desconocía. Como dice mi colega Komarovsky: “The Beatles son un icono de la cultura pop y el film está pensado ´Ad Maiorem Beatlei Gloriam´. Como documento social de una época y por la música merece la atención crítica del espectador”. Y también para aventar la nostalgia de otro tiempo que fue muy hermoso y que ahora vuela cual piuma al vento de la intrahistoria pasada, del recuerdo feliz.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=6nB3UnuFAR0.

Escribe un comentario