Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Una gran película de Welles

Por Enrique Fernández Lópiz

En la historia, Michael O’Hara (Orson Welles), a la sazón un marinero irlandés curtido en mil aventuras, accede trabajar en un barco de recreo a las órdenes del señor Bannister, un afamado y rico abogado criminalista inválido (Everett Sloane), casado con una mujer bellísima y fatal (Rita Hayworth) y acompañados del siniestro hermano del abogado (Everett Sloane). La decisión del marinero, seducido por Elsa Bannister, le atrapa en una tupida red de engaños, intrigas, crímenes y maldad que ni él, hombre experimentado, acierta a adivinar y de la que puede escapar de forma casi milagrosa al final de la historia.

La dama de Shanghai es una cinta dirigida espléndidamente por Orson Welles, guión escrito por el propio Welles. Una gran película que no había visto y que pude visionar hace unos días en TV. Es una cinta de cine negro con confabulaciones, amores, círculos viciados de gente millonaria (nido de víboras), idealismo, aventura, juicios, etc.

Al modo de un complejo vitamínico fílmico, esta genial película dirigida e interpretada de forma magistral por Welles, es un ejemplo del cine que se hacía décadas atrás, con una gran fotografía en blanco y negro de Charles Lawton Jr., música ad hoc y buena igual de Heinz Roemheld, y un film en definitiva, con muchas bombas de profundidad en el eminente libreto que lo vertebra (Welles), adaptación de la novela de Sherwood King, The Lady from Shanghai, una novela de kiosco.

ladamadeshanghai2

Rita Hayworth (la gran Gilda), teñida de rubio por su entonces marido Welles para la película, hace una interpretación de gran nivel, bordando los muchos matices en el papel de mujer seductora, que ni aún en los momentos de amor pierde su veta de maldad. El resto del reparto principal hace igualmente interpretaciones notables: Everett Sloane está excelente en el papel de abogado rico, tullido y lleno de odio; Glenn Anders también hace una interpretación magnífica de su diabólico rol. Y de Welles todo está dicho, pues nunca falla en su nivel de excelencia actoral, en este caso de protagonista. Y les acompañan meritoriamente Ted de Corsia, Erskine Sanford, Gus Schilling, Carl Frank, Luis Merrill, Evelyn Ellis y Harry Shannon.

Sin duda Orson Welles es uno de los más geniales directores, actores y guionistas del cine de todos los tiempos, que tiene en La dama de Shangai un ejemplo de su maestría. Welles ha construido en esta obra una película compleja, como corresponde al buen cine negro. A veces está sostenida por finos hilos argumentales, pero hilos manejados con la sabiduría de un Welles, que vuelve a moldear la imagen con ese gusto barroco suyo que atrapa al espectador, con escenas memorables como una de Welles con la Hayworth, la escena del beso en el barco que es digna de verse.

Cuentan que Welles buscaba dinero para montar una obra de teatro, pero decidió llamar a los “mandas” de la Columbia, concretamente al autoritario Harry Cohn, dueño de la productora, y le ofreció una película a la que Welles le dio el título de una novela barata que había en el kiosco. Eso dicen, y yo estoy por creerlo. Y Cohn aceptó.

En fin, la película habla de la perversión humana, la ambición, el sexo, los bajos instintos en una metáfora que el protagonista Michael, el marinero, describe como una “pelea de tiburones”, pelea donde al final acaban devorándose unos a otros en una sangrienta carnicería. No os la perdáis, vedla, no os arrepentiréis.

La escena final con que se cierra la película es una secuencia en la que se confunden la apariencia y la realidad de manera fascinante y compleja: https://www.youtube.com/watch?v=AbIO61AQF0k.

Es una de las mejores películas de Welles, salvando Ciudadano Kane, 1941, claro. Película inquietante, trágica, morbosa incluso, valiente y de todo punto convincente.

Puedes ver el tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=R3lW5UKsbP4

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario