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Una gran partida de póker con un excelente reparto

Por Enrique Fernández Lópiz

Hay muchas películas que tratan la temática del juego y también del jugador. Las hay excelentes y muy exitosas, y cabe contar a esta entre ellas. Resultaría excesivo que hiciera un listado de estas películas, pero por mencionar tres bien afamadas y algunas comentadas por mí en esta Web, apunto en primer lugar una que tiene su vis cómica y su emoción, Maverick, 1994; otra de mafia y extorsión, 21 Black Jack, 2008; y como tercera una de gran fama, multipremiada y con sorpresa final, El golpe, 1973. Pues bien, esta que ahora comento es algo diferente a las mencionadas. Por una parte habla del juego entre profesionales del póker; y por otro lado es un film de ambiente cerrado y muy sostenido, fundamentalmente, por los grandes actores que participan en él.

La historia de El rey del juego narra un episodio en los años treinta, cuando los mejores jugadores de póker se dan cita en Nueva Orleáns para una partida de altos vuelos, donde no sólo hay grandes cantidades de dinero sobre el tapete, sino también un duelo que dirimirá quién habrá de ostentar la supremacía en este juego de azar, pero también de nervios de acero y visión de la jugada. En esta partida, un jugador joven y ambicioso, Kid (McQueen) se incorpora al selecto grupo de tahúres, en este combate de cartas en la cumbre para destronar al rey. Ese rey a quien todos se proponen derrotar al Lancey Howard (Edward G. Robinson).

En su momento fue un film popular que incorporaba diversas partidas de cartas, algunas con algo más de suspense que otras, pero donde sobresale sobre todo la vertiente psicológica y de ambición de los personajes. Además, la cinta tiene partes que ponen de manifiesto la diversidad de intereses de los personajes: el poder de la venganza, la ambición, el rostro vil de la coerción, la defensa a ultranza del honor, y la preferencia de la dignidad sobre la utilidad; todo ello en escenas de gran fuerza dramática y un importante clima de tensión (https://www.youtube.com/watch?v=w9inJXH4AMg).

El director Norman Jewison es un hombre de meritoria carrera, con un curriculum hecho y que se demuestra en filmes como: Que vienen los rusos, 1966; El violinista sobre el tejado, 1971; Hechizo de luna, 1987; o su último film, La sentencia, 2003. En esta obra, Jewison sabe construir una película muy entretenida y con la suficiente tensión a la hora de narrar las secuencias de juego, aunque tiene momentos que pueden resultar más relajados. Pero en general, el director consigue una obra en la que impone un estilo seductor e ingenioso al que es difícil sustraerse, un pulso descriptivo admirable.

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El guión de Ring Lardner Jr. y Terry Southern resulta de la adaptación de la famosa novela de Richard Jessup The Cincinnati Kid. El libreto está muy bien elaborado, un tempo adecuado a las escenas de juego, diálogos ocurrentes y una trama cuasi teatral en la que los participantes de la gran partida se toman el pulso a base miradas o comentarios jocosos. El guión refleja muy bien la lucha psicológica, intelectual y emocional de los jugadores, y el aire de desconfianza y preocupación del novato Kid. En resumen, un argumento absorbente.

Excelente la banda sonora de Lalo Schifrin con catorce composiciones y sesenta minutos de excelente música. La voz es de Ray Charles y el tema principal (“The Cincinatti Kid”), suena en una versión orquestal (escenas intermedias) y otra cantada (principio y final: https://www.youtube.com/watch?v=rfn1YrwG2Oc); la música refuerza la calidad cromática y el vigor del film. Gran fotografía de Philip Lathrop con tonos ocres que acompaña perfectamente los acontecimientos, usa contrastes de fondos oscuros, claros, o desdibujados por el enfoque, que marcan distintas escalas de color.

El reparto es de lujo. Yo principalmente destaco la brillantez de un Edward G. Robinson, cuyo magisterio está siempre unos centímetros por encima del resto del reparto en su papel de hombre orgulloso, sibarita y presumido, y a la vez con un derroche de gestos minúsculos, temblores mínimos, manos inseguras, maneras de andar, de ponerse y de quitarse el sombrero… al modo del gran maestro que fue. Pero no hay que olvidar el carisma, el talento y el hieratismo que llena pantalla de Steve McQueen. Joan Blondell está realmente entrañable como Lady Manitas, que lanza puyas sarcásticas a discreción contra el rey L. Howard. Grande una Ann-Margret madura que borda el rol de mujer fatal irresistible, el personaje de Melba, mujer manipuladora, fullera e insaciable que pese a estar casada con Genio, buscará nuevos horizontes, lo que incluye seducir a Kid. Karl Malden magnífico como siempre, en este caso en el rol de Genio, el mejor amigo de Kid, a quien aconsejará sobre la manera de enfrentarse a Howard, y que ejerce de croupier en la partida. Tuesdey Weld, meramente pasable como la novia un tanto retraída de Kid, una dulce y sensual muchacha rubia que no puede retener a Kid en su afán de juego. Y acompaña un elenco de secundarios de lujo como Rip Torn, Jack Weston, Cab Calloway (un músico genial, por cierto) o Jeff Corey. Como dice Martínez: Obvio y aromático retrato de la derrota. Robinson y Blondell deslumbran.”

En 1995, entre nominaciones y premios: Globos de Oro. Nominada a Mejor actriz secundaria (Joan Blondell). National Board of Review: Mejor actriz secundaria (Blondell).

En el plano de rentabilidad económica, esta película tuvo un presupuesto de 3,3 millones de dólares, siendo que generó por venta de entradas en taquillas la cantidad de 16 millones. A eso hay que sumarle 3,5 millones más por la venta de alquiler de copias en los videoclubes, o sea, ¡muy bien! (Son cifras de 1965). Como escribió Palomino: Un lujo decididamente imprescindible, gran éxito de taquilla.”

Tal vez la pega que yo le pongo es que inicialmente, a la película le cuesta levantar el vuelo, le cuesta “arrancar”. Pero la verdad es un reproche de poca envergadura y que se olvida pronto. Al poco, cuando te metes de lleno, tanto en la vida y los entresijos de los jugadores, sobre todo de Kid, como cuando comienza esa especie de “subidón” de adrenalina que es la partida de los dos mejores jugadores del Póker, ya no te mueves del asiento.

Es, en suma, una historia de engaños múltiples, miradas, faroles, tensión, un final sorpresivo (¿a que no adivinas quién gana la partida?), y todo ello, claro, gusta incluso al más exigente. Y no hay que olvidar que el verdadero arte es perder con dignidad o saber ganar con elegancia. La recomiendo, y aconsejo tener un cierto conocimiento sobre el póker para poder seguir con más atención la película.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=1S4usnWua4Q.

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