Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Una entretenida película de género bélico-fantástico

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos ante una de las películas más emblemáticas de los años sesenta sobre la II Guerra Mundial. En Doce del patíbulo, el comandante Reisman (Lee Marvin), es un oficial del ejército norteamericano de la OSS (Office of Strategic Services) que se ha distinguido por su heroicidad en la campaña en Italia, sobre todo en la guerra de guerrillas y en sabotaje al enemigo. Sin embargo, es un sujeto indisciplinado y que no tiene buenas relaciones con sus superiores. Pero dado que ha dado sobradas muestras de arrojo y valentía en el campo de batalla, por su historial brillante, le encargan una misión de alto riesgo e importancia, casi una misión suicida y muy sucia. Para ello debe convertir a un grupo de peligrosos militares presos, algunos condenados a muerte, algunos asesinos, en una especie de élite del ejército USA. La operación consiste en lanzar un grupo de paracaidistas cerca de una mansión en Rennes (Francia), en la que disfrutan de vacaciones oficiales del alto mando del ejército germano; una especie de centro de recreo fuertemente defendido. La misión consiste en tomar por sorpresa la fortaleza y causar la muerte del mayor número oficiales alemanes, para desmoralizar al ejército enemigo, y huir si es posible.

Una vez que conoce a sus peligrosos hombres, con la ayuda del sargento Bowren (Richard Jaeckel) inicia el entrenamiento de una manera que no se atiene a las normas convencionales, pero sabiendo ganarse a sus hombres con mano dura pero justa, lo cual que el comandante Reisman consigue hacerse con la confianza del grupo, enfrentándose incluso a oficiales de mayor rango, para demostrarle a su pelotón de ex-reclusos, que un buen soldado lo sigue siendo a pesar de los errores cometidos en el pasado. Llegado el momento ya todos tienen el plan en sus cabezas como una letanía, al milímetro, una cantinela que recitan sin cesar:

Uno, llegamos al puente sin ruido alguno.
Dos, los centinelas estrangulados.
Tres, para el coche a la entrada de través.
Cuatro, Wladislaw y el Mayor entran con mucho teatro.
Cinco, Pinkley fuera vigila con ahínco.
Seis, el mayor ata la cuerda para que trepéis.
Siete, Wladislaw se ocupa de que se sujete.
Ocho, Jiménez trepa un tanto pocho.
Nueve, trepa Maggot si Jiménez no se mueve.
Diez, Sawyer y Gilpin los cubren a su vez.
Once, Bowren guarda quieto como una estatua de bronce.
Doce, el Mayor mina el sótano si nadie le reconoce.
Trece, Frankie sube si nada lo entorpece.
Catorce, hora cero: Jiménez destruye la antena y Frankie corta el teléfono.
Quince, penetra Frankie con astucia de lince.
Dieciséis, salid todos corriendo o si no volareis.

doce-del-patibulo-2Sin embargo algunos imponderables hacen que el plan se venga abajo, lo cual les obliga a improvisar para cumplir su objetivo.

Robert Aldrich (1918-1983), director, guionista y productor estadounidense, es un hombre con una filmografía singular que consigue dirigir esta película de ficción sobre la guerra de EE.UU. contra la Alemania nazi, a modo de aventura tipo western, que obviamente no es realidad, pero que resulta ser muy entretenida y con todo tipo de aventuras; una cinta como para pasarlo en grande. A mí siempre que la veo me divierte.

Tiene un excelente guión de Nunnally Johnson y Lukas Heller que cumple su cometido de mantener la atención y distraer al respetable. Es una historia original, cuya trama nos envuelve hasta el final de la película. Buena la banda sonora de Frank DeVol (AKA Frank De Vol); e igualmente buena la fotografía de Ted Scaife. La puesta en escena y el decorado es sensacional. Imaginemos que el palacio fortaleza fue construido exprofeso para la película. Eso sí, algún error de montaje; pero lo perdonamos.

Pero el plato fuerte del film es el reparto con un genial Lee Marvin que maneja todos los registros interpretativos como comandante en jefe. Además, como la historia se cuenta con pinceladas de fino humor, cuenta para ello con actuaciones superlativas como las de Telly Savallas (haciendo de fanático y psicópata sexual evangelista americano), Donald Sutherland (con su mirada torcida), Charles Bronson (duro pero eficiente), John Casavettes (sensacional), Ernest Borgine (todo un lujo de actor), George Kennedy (sobresaliente), Ralph Meeker, Jim Brown, Richar Jaeckel, Trini Lopez, Robert Ryan, Clint Walker y Robert Webber. Es un reparto trufado de grandes estrellas del cine de la época que supieron actuar coralmente, sin taparse unos a otros, sino de forma conjuntada. “Un reparto de quitarse el sombrero, una historia deslumbrante y un director en estado de gracia para una película que combina espectáculo y arte” (Belinchton).

Entre premios y nominaciones en 1967: Oscar: Mejores efectos de sonido. 4 nominaciones. Globos de Oro: Nominada Mejor actor secundario (John Cassavetes). Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director.

Así que película de guerra que no es Historia que, paradójicamente, resulta más interesante que muchas de las de guerra real, pues es un alivio para los nervios, saber que se trata de una farsa. La calma nos permite disfrutar viendo cómo se suceden las maniobras con exactitud; como si de una partida de ajedrez se tratara. Tan sólo aflora la angustia en las escenas finales cuando se ve cómo achicharran literalmente a los nazis encerrados en el sótano de la mansión.

En resolución, aconsejable película para alguna de esas noches de estío, una “obra maestra del género. El reparto, de lo mejor de la historia del cine” (Morales). Llena de personajes inolvidables, especies de anti-héroes llenos de personalidad y carisma. Es una de esas películas que aún se deja ver plácidamente.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=EJzoMeNWYWs.

Escribe un comentario