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Una enorme película para mi crítica número 400 en Ojocritico

Por Enrique Fernández Lópiz

Tuve la suerte de ver esta película en el momento de su estreno en España. Era una tarde plácida en una bella ciudad donde cursaba mis estudios superiores. En esa época estudiantil, recuerdo que íbamos al menos dos veces al cine cada semana; ir al cine era más asequible. Éramos un grupo de amigos muy aficionados al Séptimo Arte. Incluso a veces, nos gastábamos bromas, recomendándonos películas que luego resultaban horribles. Pero a esta fuimos la cuadrilla casi al completo. Recuerdo el cine, muchas circunstancias de aquella tarde, el hermoso tiempo que hacía o el alegre gentío que se agolpaba en la puerta esperando a que abrieran las puertas del cine-teatro. La razón de estos vívidos recuerdos creo que está en la honda impresión que en mí causo esta película. Dersu Uzala fue como una revelación, una historia sencilla a la vez que de un calado extraordinario y sobre todo, la sabia batuta de Kurosawa a quien ya conocía de otras películas. Desde entonces, esta obra que ahora comento, ha quedado entre una de esas que puedo contar con los dedos de las manos como favoritas, película que quedó de manera imborrable en mi memoria. Cierto es que luego la he visto tres veces más.

He elegido este film para que sea mi película 400 comentada en estas páginas, porque tan bonita cifra, merecía una película de envergadura. Veamos lo que sale.

La cinta cuenta la historia del militar, científico y explorador ruso, capitán Vladimir Arséniev, que trabajaba junto a su regimiento, con fines cartográficos, en la región de Ussuri, bañada por el río del mismo nombre que transcurre entre el noreste de China y la región del Lejano Este Ruso. Arséniev escribió entre 1902 y 1907, unos cuadernos sobre este viaje, relatando con gran detalle su incursión en la Taiga siberiana al mando de su destacamento. La Taiga siberiana es un territorio inmenso con un clima muy duro. Pensemos que la Taiga Siberiana o Bosque Boreal, entre la tundra y la estepa, es la mayor región forestal del mundo, y es la zona natural más grande de Rusia; tiene el tamaño de los Estados Unidos. Pues bien, estos cuadernos habrían de servir a uno de los más grandes cineastas del siglo XX –Akira Kurosawa–, para convertir esa incursión de Arséniev en puro arte, a la vez que en testimonio de la forja de una amistad, una amistad de las de verdad con un habitante de la zona, individuo singular de nombre Dersu Uzala y cazador nómada en esos parajes.

En la historia relatada por Arséniev, éste se extravía y se ve condenado a vagar por un mundo silvestre lleno de contingencias que desconoce. Es en esos momentos de dificultad cuando por azar se tropieza y conoce a Dersu Uzala el cazador, un hombre que conoce el vasto territorio de la Taiga como la palma de su mano. Además, Dersu conoce la fauna, la flora, los vientos, y sabe cómo afrontar las inclemencias del tiempo. Él será quien enseñe a Vladimir a respetar la naturaleza y a convivir en armonía con ella, sin imponerse a ella, como hacen los occidentales, sino entablando una relación cuidada y amorosa. Unas lecciones que el oficial ruso nunca olvidará: compartir una noche bajo las estrellas, una comida en el claro de un bosque o una conversación sencilla junto al fuego del campamento.

Y cuando Dersu envejece, cuando ya no ve bien ni puede cazar, corría el año 1907, Arséniev lo invitó a vivir en su casa de Javárovsk. Pero Dersu no pudo vivir en la civilización, no se adaptó a la vida de la ciudad, echaba en falta la Taiga y decide regresar a su región, al lugar de donde provenía. Causa conmiseración contemplar en la pantalla a Dersu en sus días finales, incómodo en la habitación de una casa de ciudad (“La ciudad asfixia”); esa fría habitación de huéspedes parece aún más fría que las gélidas noches de ventisca en la Taiga, cuando había que apresurarse a construir una morada improvisada a base de hojarasca. Arséniev, comprendiendo a Dersu, le permite partir, lo despide y le regala un rifle nuevo y moderno. Dersú murió asesinado, según cuenta el libro, en el pueblo de Korfovskiy y enterrado en una tumba no identificada en la taiga rusa. (https://www.youtube.com/watch?v=jaAvpDgbEgA).

La dirección de Akira Kurosawa en este film es auténticamente de lujo, y esta incursión del director japonés en el cine ruso, dio luz a una de las mejores películas de la historia. El guión fue igualmente escrito por Kurosawa en adaptación de los cuadernos de Vladimir Arsenev. La historia habla de los protagonistas y sus aventuras y desventuras casi sin palabras (Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras./ […] Que tú me entendieras a mí sin palabras/ como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde, como escribiera nuestro poeta Hierro). En el bosque no se habla mucho, Dersu tampoco, y este mundo silente contrasta con la algarabía que nos rodea cotidianamente, e incluso con esos guiones de cine llenos de palabras de relleno. Así, este cuasi-silencio consigue que los personajes nos atrapen afectivamente, inhalando el mutismo y las impresiones del paisaje, de los árboles, los ríos, todo ello con un tempo pausado, un tipo de guión característico del cine nipón. Sin duda a alguno puede que no le guste este cine, e incluso que le aburra, pero a quienes nos gusta saborear el buen cine pausado, esas escenas en paisajes edénicos nos atrapan, de manera que recuerdo cuan cortos se me hicieron los 141 minutos que dura el metraje.

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Gran música de Isaac Schwartz, y fotografía excepcional de Asakadzu Nakai, Youri Gantoman y Fedor Dobronrabov, que siguiendo las indicaciones de Kurosawa, alternan planos cortos y largos, eliminan la utilización de varias cámaras, incluido el zoom, con visiones panorámicas, con diversos ángulos hechos en estudio para que dieran el aspecto de una composición fragmentada, con presencia del teleobjetivo y llevando a cabo una narración magistral, elíptica y sin barroquismos en formato 70mm. Como escribió otro grande nuestra poesía, León Felipe: Más sencilla… más sencilla. / Sin barroquismo, / sin añadidos ni ornamentos”.

El reparto es algo singular, pues si excelente es el trabajo de los dos protagonistas, Yuri Solomin (capitán Arséniev) y Maksim Munzuk (Dersu Uzala); sin embargo el caso de Munzuk es único, siendo aquella su primera aparición en escena, lo cual supuso una de las más conseguidas introducciones de un personaje que jamás se hayan filmado. Recordamos cuando Usala (Munzuk) grita: ¡No disparen, soy gente!(https://www.youtube.com/watch?v=hnZlYyUhGXk). El resto de actores y actrices acompañan a la perfección: Svetlana Danilchenko, Dima Kortishev, Schemeikl Chokmorov o Vladimir Kremena.

La película consiguió una gran cantidad de premios, aunque ello no fue suficiente para la solvencia de Kurosawa: fue gracias a productores extranjeros como Serge Silberman (Ran, 1985), y admiradores como George Lucas, Francis Ford Coppola y Steven Spielberg, por lo que Kurosawa pudo seguir dirigiendo hasta el final de sus días, aunque pasara por una época de fuerte depresión. La verdad es que resulta poca recompensa para uno de los cieneastas más grandes de la historia del cine. En 1975 y por resumir, consiguió entre premios y nominaciones: Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Gran premio en el festival internacional de Moscú. Premios David di Donatello: Mejor director extranjero.

Considerada como una de las mejores películas de temática ambiental, está basada en una historia real que narra la amistad que se estableció entre el capitán ruso Vladimir Arséniev y Dersu Uzala, en aquella expedición cartográfica en los bosques de la taiga siberiana. Durante dicha expedición, Dersu Uzala, que sirve de guía al capitán Vladimir Arséniev, le enseñará muchos aspectos del territorio que pisan, aspectos la mayoría de ellos ocultos a los ojos del hombre urbano, pero que Dersu conoce, entiende y respeta profundamente.

Dersu Uzala, el nativo siberiano animista que vaga por la Taiga, nos muestra una forma de vivir y entender las relaciones entre el hombre y la naturaleza basada en una comunión total entre ambos. Dersu no es guapo ni presumido, al contrario, su aspecto es simiesco y sus piernas arqueadas, la belleza es interior. Y también su profundo conocimiento de la naturaleza, su instinto, su bondad, tanto que puede dar lecciones muy importantes a los expedicionarios. Veamos aquí un ejemplo: https://www.youtube.com/watch?v=770T7UkqJl0.

El cazador nos trasmite valores como la amistad, la humildad, la paciencia, el respeto. Dicen los orientales que cada hombre se representa con una línea vertical, o sea, somos todos hombres, meros hombres en comunión con la naturaleza, granos de arena en el esquema del cosmos. Y esto es lo que expresa Dersu Uzala. Pero Dersu también es la ingenuidad, la sabiduría y la genuina inteligencia (todo un “sentipensante”) para sobrevivir venerando el medio, sin abusar de él, en armonía con él; Dersu, un personaje aparentemente anacrónico, pero también futurista pues ¿qué será de nosotros, los humanos, si no seguimos las enseñanzas de Usala?

Dersu no tiene aparatos electrónicos pero se maneja en la Taiga como si portara un GPS, sabe el clima que hará (“cuando un pájaro canta la lluvia cesará en breve”), no tiene telefonía, pero se comunica hasta con los árboles del bosque, no lee ni escribe, pero a su manera es un poeta de la existencia, su incultura es cultura en este film de Kurosawa y su vida está marcada por las estaciones del año y la supervivencia, pues en la Taiga no hay supermercados ni farmacias ni nada de cuanto el mundo moderno disfruta a discreción. Hay que cazar o coger bayas, construir cada noche una cabaña con las ramas del bosque para pernoctar, y vivir, y sobrevivir.

Dersu Uzala es el gran amigo de sus amigos, y si no que le pregunten al capitán Arséniev, a quien salva la vida en medio de una enorme tormenta y en otras ocasiones (https://www.youtube.com/watch?v=FuBtIAD2SQ4); hombre de pocas palabras, entrañable y afectuoso, sensible a pesar de su aparente rudeza, Dersu vive la vida sin nostalgia, a pesar de haber perdido a su mujer y a sus hijos. Dersu distingue entre “gente buena” y “gente mala”, y desde su animismo, las cosas son gente también. Por eso hay que respetar la Taiga, pues ella nos da la vida igual que nos la puede quitar.

El film, que comienza con la tumba de Dersu, es toda una alegoría del círculo vida y muerte que hay que transitar. Y hacerlo en forma considerada, amando la vida y cuanto la rodea.

Concluyendo, estamos ante una película desde mi modo de ver, grandiosa, épica, una hermosa historia de amistad entre seres puros. Preciosa (Como dijo Boyero); un film impresionante dirigido con una mano maestra. Toda persona que le guste el cine, que sea un poquito sensible o tenga inquietudes más allá de mirarse el ombligo o acumular riqueza o méritos, debe verla. Saldrá como salí yo cuando la vi por primera vez: reconfortado y entendiendo mejor el mundo o la vida.

Puedes ver el tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ct_7VNF0_jQ.

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Comentarios

  1. Katia Lobo

    Peliculón!!!!!!!!!!

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Opino ÍDEM!!! Un JOYAZA!!

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