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Una duda peligrosa

Por Jorge Valle

“La duda puede ser un lazo tan poderoso y sostenedor como la certeza”, asegura el Padre Brendan Flynn (Philip Seymour Hoffman) en el sermón con el que termina La duda, la película de John Patrick Shanley basada en la obra de teatro que él mismo escribió y que lleva varios años dirigiendo en los escenarios. El sacerdote ha sucumbido finalmente a las presiones de la hermana Aloysius Beauvier (Meryl Streep), quien tiene la firme convicción de que ha cometido un pecado intolerable por el que debe dar explicaciones. Pero no hay pruebas ni testigos que lo confirmen. Tan sólo la certeza de esta monja dispuesta a llegar hasta el final del asunto. Una certeza que nace de la incertidumbre de la hermana James (Amy Adams), quien tras una ligera sospecha acusa al párroco de abusar del único niño negro del colegio St. Nicholas, Donald Miller (Joseph Foster). Es en el personaje de Adams con el que el espectador se siente más identificado al ser el más humano de todos. La joven actriz nos contagia su “duda” en el momento en el que nace en ella. Su incertidumbre es la nuestra. A partir de entonces no podemos dejar de pensar y reflexionar sobre lo que ha sucedido realmente y, sobre todo, el entramado de pensamientos contradictorios que circula por las mentes de estos personajes perfectamente interpretados y dibujados por unos actores que brillan con especial inspiración. Y es que La duda es, ante todo, una historia de personajes.

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Poco más se puede decir de Philip Seymour Hoffman y Meryl Streep, dos actores mayúsculos que aquí vuelven a dar un recital de pequeños y contenidos gestos que pueden pasar desapercibidos para la mayoría, pero que contribuyen a dotar a sus personajes de mayor profundidad y veracidad –ese ligero movimiento de la comisura de los labios y de la ceja izquierda de Streep-. Ambos manejan la mentira y la verdad con tanta destreza que confunden al espectador en muchos tramos de la película. Especial mención para Hoffman en el papel más complicado: no todos pueden darle réplica a Streep y no caer aplastados. Amy Adams no se queda atrás en este duelo interpretativo a gran altura y está perfecta como la tímida e insegura hermana James. Incluso Viola Davis, que interpreta a la madre de Donald, es capaz de contagiar su sufrimiento interior al espectador con tan solo unos minutos en pantalla. Entre tanta ambigüedad y sospecha, la verdad de esta madre es aliviadora a la vez que sobrecogedora. Pocas veces una película puede presumir de ofrecer una lección interpretativa de semejante nivel.

Gracias a la labor de sus actores, Shanley ha dotado de sobriedad y veracidad a su obra, en la que incluye brillantes metáforas visuales, como ese viento que golpea constantemente las ventanas del despacho de la hermana Aloysius, y que se convierte en un símbolo del progreso inapelable de la Iglesia que defiende el padre Flynn y al que la conservadora monja se opone con la misma seguridad en sí misma con la que justifica su encrucijada contra el sacerdote. El director examina el sentimiento de culpa de sus personajes y deja que el espectador saque sus propias conclusiones, aunque inclinarse por cualquier lado de la balanza es una tarea difícil y, para exasperación de algunos, de imposible resolución. La duda es, con certeza, una muestra de gran cine, ese que perturba el espíritu y madura en la mente del espectador horas, días y semanas después de su visionado. Pocas cintas lo consiguen. La Academia supo reconocer el excepcional guión de John Patrick Shanley y las actuaciones de sus cuatro intérpretes principales con cinco nominaciones a los Oscar, aunque finalmente ninguna se materializara. En cualquier caso, esta película supone, a pesar de su apariencia sencilla e intrascendente, un ensayo tremendamente complejo y denso sobre la peor cara de la condición humana: la de la desconfianza, el temor y el escepticismo. Sentimientos que encarna la hermana Aloysius frente a la amabilidad, la bondad y la ternura del padre Flynn. Aunque quizá sea al revés. Muchos seguimos dudando.

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Comentarios

  1. Javier Fernández López

    Volveré a verla después de haber leído tu crítica, Jorge. Pero sobre todo porque cuando la vi me pareció una fumada con pretensiones a los oscars y a seguir ampliando la lista de registros de Meryl Streep. El final lo recuerdo como un mal chiste.

    Aún así, y como digo, volveré a verla después del análisis que has hecho de ella.

    Saludos.

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