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Una de zombis en unas pruebas

Por Javier Fernández López

Como cualquier amante del cine, uno no rechaza la propuesta de un grupo de amigos para ir a ver el supuesto “gran estreno” del momento. Pero ese día ocurrieron muchas cosas que jugaron en mi contra, sin duda una de ellas el hecho de que me pareciese medianamente interesante la primera entrega, El corredor del laberinto. La cinta carecía de un componente de terror, también de drama e incluso de coherencia social, pero lo perdonabas por ser un producto que, en resumidas cuentas, entretenía. La exigencia, no obstante, venía de manos de la propia historia y el guión: unos chicos encerrados en un laberinto. A priori, nada del otro mundo, pero nos contaban que se había creado una sociedad durante tres largos años en ese laberinto, con chicos que tenían sus roles en el grupo y con algo parecido a lo que sería un rango. Sin embargo, y aquí el problema, El corredor del laberinto, al menos la película porque desconozco cómo está enfocada la novela, huele de lejos a El señor de las moscas. De ésta última sí leí la novela antes de ver la película, pero lamento decir que no tengo ningún interés en la obra, y trilogía, de James Dashner.

Llegué a pensar en algún momento que la primera película era un producto pasable pero con potencial. Iluso de mí, cuando me senté en la sala de cine y comencé a ver Las pruebas, la secuela que estaba recibiendo unas críticas confusas, mis peores miedos se apoderaron de mí… ¿una de zombis? Sí, los tres segundos en los que se muestra un zombi a través de un vídeo en la primera entrega justifica que la secuela sea una película más parecida a 28 días después que a algo que pueda ser llamado “Las pruebas”. ¿Alguien vio alguna “prueba”? ¿De qué va el título? Bueno, seamos benevolentes y pensemos que en España hicieron una mala traducción de la novela. Igualmente así, si algo no va a cambiar en mí es mi consideración hacia el subgénero zombi, y es que me parece una toxina que habría que erradicar del mundo cinematográfico. De la gran cantidad de películas que se han hecho sobre este concepto, resulta milagroso encontrar algo mínimamente interesante. ¿Por qué tanto odio? Tan sencillo como que me da absoluta pereza ver a un actor gritar, balbucear o lo que quiera que hagan estos seres, mientras caminan o corren buscando comida siendo considerados una amenaza para la existencia de la humanidad. Sólo una película sobre este subgénero he llegado a aplaudir: Bienvenidos a Zombieland. El motivo es simple, y no es porque aparezca Emma Stone -en realidad Woody Harrelson es el maestro del show- sino porque es una comedia donde lo menos importante es precisamente los zombis.

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Algo parecido estuvo a punto de ocurrirme con Memorias de un zombie adolescente. La estaba considerando una genialidad hasta que me muestran la otra clase de zombi malvado, por lo que sentí esa pereza que tan familiar me era. El corredor del laberinto: Las pruebas pretende ser dos películas en una, con lo que lleva al ritmo a un estado de irregularidad nunca antes visto. De irónico aplauso sus tres finales, porque son tres veces los momentos en los que crees que va a terminar la película. ¿Climax? ¿Eso qué es? ¿Se come?

¿Qué tenemos entonces? De la manera más sincera posible, estoy ante la peor película del año. El hecho de que la Fox no hiciese apenas promoción del recorrido zombi de la película indica claramente una falta de respeto hacia los espectadores que no sabíamos nada sobre el contexto de la obra. Parece que en la Fox están perdiendo los papeles, sobre este año con su lamentable Cuatro Fantásticos, a la que tenemos que sumar Las pruebas como dúo directo para llevar al estudio a la cima de los Razzie.

En definitiva, es demasiado larga para lo que es, demasiado ruidosa para lo que pretende, engañosa, irrespetuosa con el espectador y, por último, un insulto al cine en general y a las superproducciones en particular, que con ésta puede que aún sigan viendo con buenos ojos las adaptaciones de estos best sellers. Se ve que con Eragorn no aprendieron la lección ni tampoco con Las crónicas de Narnia. Es una lástima que se manche de esta forma la cartelera por culpa de unas pseudo-superproducciones bien maquilladas pero que no muestran ni un ápice de calidad. Hay quienes afirman que si le añadimos zombis a cualquier historia mejorará. Quizá, pero espero no ver esa realidad, espero seguir viendo buen cine en el futuro y espero no encontrarme en otro chasco como este mientras anhelo que regrese a mi cartera el dinero de la entrada. Todo mi amor perdido a Kaya Scodelario, que está odiosa en la película y no sólo por su personaje. A Dylan O’Brien le diría que no muestra síntomas de mal actor, pero que procure alejarse en el futuro de proyectos de este tipo. Quizá ésa sea su verdadera prueba para demostrar verdaderamente de lo que está hecho. Lo mejor será hacer como si esta película no existiese.

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