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Una cuestión de tiempo

Por Jon San José Beitia

Una cuestión de tiempo, es una comedia romántica con toques de ciencia ficción, que consigue jugar con el espacio tiempo, unificando humor, amor y ciertas cuestiones alrededor de la vida cotidiana.

Cuenta con una primera parte sensacional, donde todo se presenta de una forma fluida, gracias al toque de humor que acompaña en todo momento al relato.

No se apoya en una premisa muy original, ya que el tema de los viajes en el tiempo, se han tratado en numerosas ocasiones, pero dentro de esa reducida originalidad, surgen momentos verdaderamente chispeantes, que logran despertar algo más que una sonrisa, una carcajada.

El director y guionista, encargado de películas como Love Actually, logra presentar unos personajes y vivencias próximas a lo que le puede suceder a la gente de a pie. Por ese motivo, muchas de las situaciones que presenta, funcionan en clave de humor, porque a muchos espectadores, les ha podido ocurrir.

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La historia no solo funciona con el sector femenino, sino que incluso puede hacer pasar un buen rato al género masculino.

Presenta los riesgos de viajar en el tiempo, la importancia de tomar decisiones adecuadas y con numerosos giros de guión efectivos, logra mantener la total atención del espectador.

El reparto al completo, funciona en sus papeles y destaca la aportación del protagonista principal, que tras su apariencia de jovencito torpe, mediocre y poco agraciado físicamente, logra despertar la simpatía del publico en cada una de sus intervenciones.

Peca de prolongar en exceso la duración de la película, cayendo en reiteraciones y en el abuso de escenas idílicas acompañadas por la banda sonora de rigor, pero que sirven para presentar la monotonía del día a día y ofrecer una lectura simple, pero efectiva, alrededor de valorar un día normal.

La segunda parte de la película, bien diferenciada, se torna hacia un lado ligeramente más oscuro y dramático, donde el humor del que goza inicialmente, se muestra con cuenta gotas.

Un cambio de registro necesario, ya que todo no podía ser de color de rosas, donde inevitablemente, el director cae en la manipulación de las emociones del espectador, ofreciendo un mensaje simple y evidente, la de disfrutar de cada segundo de la vida al máximo.

Con una menor duración hubiera sido redonda e ideal para pasar un buen rato. A pesar de todo, es todo un acierto, que logra entretener y hace pasar momentos verdaderamente divertidos y emotivos.

Jon San José Beitia

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