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Una conmovedora película

Por Enrique Fernández Lópiz

La película comienza en Estados Unidos, con un prestigioso director que da un concierto de música. Cuando finaliza la actuación, recibe la lamentable noticia de la muerte de su madre. Más tarde, un desconocido que llama a su puerta le muestra un libro y unas fotografías.

Vi esta película en Madrid cuando la estrenaron. Coincidió con fechas navideñas. Mientras la estaba viendo, en la oscuridad de la sala, se me removieron las entrañas. Eso sólo le puede ocurrir a quien ha vivido años de internado en un colegio. Y puedo asegurar que el colegio donde yo pasé siete años de mi vida fue, sobre todo en los primeros años, particularmente severo, aunque a la vez, todo hay que decirlo, acogedor. Esta película me movilizó recuerdos y experiencias y pude identificarme con los niños de ese colegio.

La historia de la película Los chicos del coro, se desarrolla en 1948, a pocos años del final de la II Gran Guerra. Mi historia es muy posterior. El colegio de la película es un internado de reeducación de menores, y en el mío se estudiaba el bachillerato y éramos niños y muchachos normales, estudiantes en toda regla desde las 6,30 de la mañana hasta las 10 de la noche en que nos íbamos a dormir. Pero creo poder afirmar que las características del que fuera mi hogar y lugar educativo y disciplinario, por el que yo pasé, tenía equivalencias, aunque guardando las distancias, con el de la película. Es decir, que en mi internado también había el castigo físico y, en cierto modo, se aplicaba igual la famosa fórmula del director del centro de la película: “acción-reacción”. Los comportamientos fuera de lo establecido, eran seguidos de una reacción tipo bofetada o similar, castigos por lo común rigurosos.

Por otro lado y en otro sentido, en mi colegio había mucha inclinación a cantar y a organizar actuaciones corales en las que participábamos todos los alumnos, niños y adolescentes, cada cual en su modalidad de voz, que el profesor de música de nombre Don Marcial, separaba y organizaba. Así, inicialmente cada grupo de voces ensayaba por separado y luego, cada semana, en el teatro, se programaba un ensayo general con todas las voces a la vez y gran tumulto. Aquello se parecía, como decía mi madre, a los “coros rusos”. Don Marcial, al igual que el profesor de música del film Clément Mathieu, era un hombre bueno. Nuestro profesor de música era sacerdote, mientras que el Mathieu de la película es un es un músico fracasado, desempleado, que acepta el trabajo como forma de supervivencia en tiempos difíciles.

Cuando Mathieu llega a las puertas de Fond de l’Etang (El fondo del estanque), el internado para niños “difíciles”, encuentra en la puerta a un niño pequeño de nombre Pépinot que espera que ese sábado vengan sus padres a visitarlo (como nos ocurría a nosotros los domingos en mi colegio; por suerte mis padres venían cada tarde dominical). Pero los padres de Pépinot han muerto en la Guerra, mas el pobre niño no se resigna. A Mathieu le conmueve la escena.

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En sus inicios en la escuela, Mathieu descubre los severos castigos que reciben los chicos, castigos sin piedad de parte del director Rachin. Es entonces cuando Mathieu hace uso del humor, el buen ánimo y la amabilidad para ganarse a los niños. E incluso Mathieu los oculta en ocasiones para evitarles las penitencias del pérfido Rachin.

En la historia, Mathieu, conmocionado por lo que ve, procura hacer algo para transformar la vida cotidiana de aquellos pobres chavales. Para ello, él, amante de la música, les inculca poco a poco el gusto por el canto coral, a modo de bondad de la vida, como una puerta de renovada esperanza. Con mucha paciencia, con mano izquierda y tolerancia, va haciéndose con los chicos. Los agrupa en voces soprano, contralto, mezzosoprano, etc., y uno de ellos, Morhange (que es el director de orquesta que se ve al principio de la película), se niega a cantar. Pero un buen día el profesor lo sorprende cantando y descubre así que Morhange tiene una maravillosa voz. Mathieu le otorga una posición entre los solistas y le protege del director a cambio de que se comporte bien. Es de esta forma que Morhange se revela como una muy hermosa voz que da vitalidad y belleza al coro, decidiéndose finalmente a cantar en el grupo.

Esta película me emocionó, lo confieso. Me humedeció los ojos y por momentos sentí que no podría controlar los sentimientos. Entonces mis comentarios van a estar sesgados por esa experiencia anterior mía de colegio interno y participante en el gran coro del centro, que me llevó en volandas dentro de la pantalla. Aunque repito, ni mi vida en el colegio era tan violenta, ni nuestras circunstancias eran iguales las del film, ni tampoco guardo, y como yo una mayoría, mal recuerdo de aquella época de internado, de pupilo, como se dice en la Argentina. Fueron tiempos de aprendizaje y de camaradería. Lo cual no quita mi sentida identificación con los personajes y el escenario de esta película.

El director Christophe Barratier, por cierto hijo de Éve Simonet y sobrino del director Jacques Perrin, es productor de cine, guionista, director de teatro, actor, guitarrista y letrista en Francia. Tal vez por su variedad de profesiones no se ha prodigado mucho como director de cine. Pero esta película la resuelve con gran sensibilidad, ternura y solvencia como realizador. El guión, escrito por el propio Barratier junto a Philippe Lopes-Curval, es una adaptación de la película de John Dréville, La cage aux rossignols (La jaula de los ruiseñores, de 1945); pero también fruto de la propia experiencia del director que en su infancia estuvo interno en un colegio igualmente. Resulta ser un guión muy muy entrañable y bien trabajado, con escenas, diálogos y una trama conmovedora. Tiene una música excelente de Bruno Coulais y de nuevo Christophe Barratier, una música de orquesta y coro, sencilla, enternecedora y con un aire clásico flotando: música y coros fantásticos; y una bella fotografía tirando a los tonos ocres de la historia, de Carlo Varini y Dominique Gentil.

El reparto es brillante y yo destacaría a Gérard Jugnot (actor que se mueve a gran altura como el bueno del profesor Mathieu, que empatiza intensamente con el espectador); François Berléand (muy bien como el siniestro y terrible director del centro); y Jean-Baptieste Maunier (joven que está excelente cuando muestra su gran facultad como cantante, la cual cualidad guarda con gran celo, y que sólo expresa en la intimidad de una forma maravillosa: genial). Acompañan actrices y actores que en el caso de los niños son aficionados, como Jacques Perrin, Kad Merad, Marianne Basler, Maurice Chevit, Paul Chariéras, Marie Bunel y Jean-Paul Bonnaire, todos magníficos.

En 2004, entre nominaciones y premios obtuvo: 2 nominaciones al Oscar: Mejor película de habla no inglesa, canción original a Barratier como letrista de la canción de la película, «Busca tu camino». Globos de Oro: Nominada Mejor película de habla no inglesa. 3 nominaciones BAFTA: Música, película de habla no inglesa y guión adaptado. Nominada al Goya: Mejor película europea. 2 premios Cesar: Mejor música y sonido. 8 nominaciones. Nominada al David de Donatello: Mejor película europea. Como vemos no está mal su palmarés. Además, fue todo un enorme éxito de público en Francia y fuera del país galo, como ocurrió igualmente en España.

Desde mi modo de ver es una hermosa película, una cinta de la que salimos mejores personas y con intenciones más benevolentes en general. Película humana, de sentimientos profundos, muy emotiva, un paradigma del buen profesor; una pequeña joya de la cinematografía. Como escribe Ocaña: Una película clásica para todos los públicos, con protagonistas de todas las edades y con la mezcla exacta de ternura, pasión, búsqueda de la justicia, valoración de la genialidad y un espíritu medianamente travieso sin pasarse lo más mínimo de la raya.”

Además, la película denuncia la intransigencia de tantos educadores de la época y aún hoy, y por supuesto el rigorismo punitivo del director del centro. Pues ¿a quién beneficia ese tipo de castigos a base de golpes? ¡A nadie! Y si a alguien reconforta es a este tipo de castigadores, quienes de seguro tienen inclinaciones perversas sádicas o de otra índole. La película contrapone a la represión, la educación basada en la estimulación, la incentivación, el trato cordial y un tipo de relación basada en la comprensión y la confianza, y en esta película, sobre todo con el uso de la música como medio de trabajo y objeto de aprendizaje (https://www.youtube.com/watch?v=ZfZZQujj1OM).

No quiero pasar por alto que recientemente se ha estrenado en las salas de cine la película El coro (Boychoir) (2014), que sin duda toma elementos de este film y que ni siquiera lo menciona en los créditos de la película. Muy mal (http://www.ojocritico.com/criticas/pelicula-melindrosa-que-se-salva-por-la-musica/).

En conclusión, estamos ante una bella película, que sin tener mayores ambiciones y sin ser una gran superproducción, su gran ambientación, música, historia y reparto hacen de esta obra una encantadora cinta de gran lirismo a la que sólo le faltaron los premios que injustamente no le fueron concedidos.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=YNOkarACP1Q.

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