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Una comedia española. La gran familia española.

Por Jorge Blas

Daniel Sánchez Arévalo sabe como mezclar en sus películas asuntos serios y trascendentes con la comedia más mandril y graciosa, sin pecar de intelectual pretencioso en un lado ni de bestia parda soez en el otro. Además, es un buen director de actores y gran dialoguista, o sea, que me atrevo a decir que tiene armas suficientes y necesarias para ser capaz de llevar a cabo una buena película. Sí, La Gran Familia Española es una buena película.

Contiene muy buenas interpretaciones -destaco a Roberto Álamo en un papel arriesgadísimo con el que triunfa claramente-, grandes líneas de diálogo -personajes que no son demasiado inteligentes dicen cosas que si lo son con completa naturalidad y credibilidad-, además de alguna secuencia memorable -como la del montaje paralelo entre las dos familias explicando las razones por las que la boda no debería celebrarse-, sin embargo, La Gran Familia Española no es una película redonda.

Antes de hablar de los problemas de la película, con los que quizás voy a ocupar más líneas que con sus cosas buenas, quiero aclarar que la multitud de buenos momentos que esta cinta me ha ofrecido me hacen perdonar ampliamente sus defectos. Perdonar sí, pero no olvidar, así que a lo que vamos.

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Un problema menor de Sánchez Arévalo es que quiere que sus películas tengan un cierto aire de cine independiente americano y maldita la falta que le hace, porque allí donde nos enseña sin tapujos sus influencias indies y trata de mostrar un hallazgo visual supuestamente original, es donde este filmmaker se muestra menos hábil. Otro problema, quizás no tan menor, es que las ideas principales en las que parece sustentada la película son las que menos interés despiertan o directamente las que peor desarrolladas están. Y me explico, una de las primeras ideas principales que, probablemente, sería de lo primero que aparecería en el cerebro de Daniel al empezar a escribir esta historia, es todo aquello que está relacionado con Siete Bodas para Siete Hermanos, y lo cierto es que esto huele a utilización del cine como terapia familiar -de lo que sí se da el caso hablaré en otra ocasión- además de no acabar de servir de verdadero motor de la trama, tal y como se pretende. Otra de las ideas principales tiene que ver con la peculiar historia de amor entre la madre y el ¿padre? de esta gran familia, cogida por alfileres a lo largo del metraje y explicada sorprende hacia el final, no consiguiendo crear empatía ni simpatía, sino quizás todo lo contrario.

La final del mundial de Fútbol más que idea temática huele a idea comercial, puesto que la historia podría suceder exactamente de la misma manera hubiera final de fútbol o no, pero entiendo que a más de un espectador algo despistado le servirá como excusa para pagar la entrada de cine, y la verdad es que creo que no saldrá decepcionado porque echarse una buenas risas y de paso ver repetido en una pantalla grande el cacho de golazo de Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica, bien vale el pago de esa entrada.

Comentarios

  1. Yo esperaba más la verdad. Primos era bastante más divertida y sobre todo más constante. Este película remonta en la última media hora, pero antes es muy plana, personajes esquemáticos y apenas hay risas.

    Os dejo mi crítica: http://loqueelcinesellevo.com/2013/09/14/iniesta-no-es-suficiente/

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