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Una caravana hacia la libertad y Morricone al frente

Por Enrique Fernández Lópiz

He salido del cine de ver Mayo de 1940 (cuyo título original es “En mai, fais ce qu’il te plaît”, “en mayo, haz lo que quieras”, frase tomada de un calendario), y me ha conmovido el relato, la historia, esta película que podría mirarse con tintes de documental. Muchos abuelos de hoy, han padecido esta época, cuando la Alemania Nazi invadió a una pobre Francia con la posterior e inmediata capitulación del gobierno francés en junio de 1940. Todo hacía pensar que sobre todo Bélgica y Holanda, frenarían al ejército alemán. Pero todo salió mal y las tropas nazis siguieron su avance tras la dejación de Bélgica u Holanda y sucesivos fracasos militares, entre otros de tropas británicas. Y como no me voy a extender y para resumir, finalmente se firmó el armisticio, que acabó provisoriamente con la beligerancia alemana en el vecino país. La porción no ocupada quedó controlada por un Gobierno colaboracionista con sede en Vichy y cuyo primer ministro fue el mariscal Philippe Pétain, de infausto recuerdo; lo que se conocería como la «Francia de Vichy». Pero como sabemos, el general Charles de Gaulle se declaró en contra del Gobierno de Vichy y proclamó la Francia Libre, llamando a formar la Resistencia francesa.

Pero yendo a la película, ésta se desarrolla en mayo de 1940, cuando los alemanes avanzaban sin apenas resistencia. En los pueblos de zonas rurales norteñas se procuraba emigrar de cualquier manera que se pudiera, ante la amenaza de una invasión masiva. En aquel Mayo de 1940 se produjo el hundimiento de Francia, y millones de personas se lanzaron por caminos y carreteras, dirección sur, con carros tirados por caballos y bueyes, o en bicicletas, carrillos de manos o algún precario vehículo a motor, llevando enseres de todo tipo, huyendo del agresor.

Esta película cuenta historias trenzadas. De un lado la historia de Hans, un alemán comunista que ha escapado del nazismo junto a su hijo, pero que es arrestado en la ciudad de Arras por haber mentido sobre su nacionalidad. Cuando logra escapar, recala en un pueblecito del norte de Francia, cuyos habitantes huyen al poco de la amenaza nazi; y lo hacen al mando de su alcalde Paul y su esposa Mado, cargados de bártulos. Cuando en la huida el pequeño hijo de Hans se pierde por un ataque de la aviación alemana, su padre lo buscará con todas sus fuerzas ayudado por un soldado escocés y la joven maestra del pueblo, a la que se lo había confiado. El final, aparentemente feliz, es, no obstante, el momento de la claudicación francesa, a la que acompañó uno de los mayores éxodos del pasado siglo; hombres, mujeres y niños que huían de la brutalidad; más de tres millones de desplazados; y no hace tanto.

En su cuarto largometraje, el director Christian Carion sabe llevar con perspicacia y ternura pero sin caer en la simplificación, la enorme carga trágica que significó el episodio de huida de la Francia ocupada, haciéndonos recordar, no sólo lo que ocurrió en su momento, sino lo que está ocurriendo hoy en el Oriente próximo en lo que a drama humano se refiere. Claro que esta fue otra realidad, en el centro de nuestro continente y con la anuencia y la cobardía de otros compatriotas franceses y europeos. Ocaña afirma, no sin razón, que: “las determinaciones de Carion están marcadas por la sensibilidad, la comprensión y la ausencia de maniqueísmo, en un retrato de personajes por el que pululan judíos alemanes exiliados con anterioridad, franceses de pura cepa, un soldado escocés y hasta un cineasta alemán de producciones de propaganda”.

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Tiene la película un guión bien confeccionado del mismo Carion junto a Andrew Bampfield y Laure Irrmann, basado en las memorias de los padres de Carion que vivieron en primera persona esta dramática experiencia migratoria ante el empuje germano, un destierro de perplejos ríos humanos. Es un libreto en el cual sus autores se atreven con un tema incómodo, el de la cobardía de los traidores de Vichy con Petain a la cabeza. Mas el guión reconstruye “los recuerdos de la madre del director, y queda como un voluntarioso homenaje a aquellos que tuvieron que abandonar todo para conservar la vida y preservar la dignidad frente a la barbarie. Apreciable producción empeñada en el equilibrio entre lo colectivo y lo individual, entre lo coral y lo intimista, pero también entre los distintos puntos de vista, incluidos los de algunos alemanes” (Bermejo).

Se ve que Ennio Morricone está en plenitud y no duda en abordar una espléndida música suave y aterciopelada para este film, aunque pueda desconcertar al espectador no habituado a estas historias que recuperan la realidad, no la ficción. Morricone acomete esta composición, porque su corazón le llama con esta historia de hombres en caravana en busca de paz y tranquilidad, toda una marcha por la libertad.

Igualmente es brillante la fotografía de Pierre Cottereau, que refleja en todo momento los claroscuros de la capitulación y el infierno de la guerra. Y no puedo dejar de referirme a una puesta en escena sólida e inspirada en el cine clásico.

Espléndido reparto con unos actores excelentes, con August Diehl (muy convincente y conmovedor como refugiado alemán padre del niño), Olivier Gourmet (estupendo como alcalde) y Mathilde Seigner (dueña del Bar y esposa del alcalde) tirando del carro del film con mesura y bien hacer. Sin olvidar la compaña excelente de Alice Isaaz (la entrañable maestra), Matthew Rhys (espléndido como soldado escocés), Joshio Marlon (estupendo como hijo de Hans, un niño amoroso), Thomas Schmauser (pérfido cámara alemán, el único villano de la historia), Laurent Guerra y Jacques Bonnaffé.

En 2015 fue nominada en los Premios César a la mejor banda sonora original, a cargo de Morricone.

La película es toda una obra de época, con un montaje impresionante y una ambientación sensacional de gran verismo. Es un film dramático, costumbrista, de guerra y como dice Cortijo, toda esa “mezcla cuaja y funciona, aunque sólo sea por un par de secuencias imborrables que miran al horror de frente o de soslayo, y por el sincero SOS a un valor que escasea: la empatía humanitaria sin fronteras ni toque de queda”.

Quien vea esta dura, real y a la vez tierna película, se encontrará con una obra llena de emoción en la que la implicación personal del director y su solidaridad con los franceses que vivieron esa experiencia, está presente en cada plano.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=4YpT1gsULak.

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Comentarios

  1. Alejandro Arranz

    Debo felicitarte por tu estupenda crítica. Aunque en esta ocasión nuestras opiniones sean divergentes, creo que tu artículo goza de una buena estructura, una impecable dicción y en última instancia, unos argumentos sólidos.
    Como siempre, un abrazo compañero.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Bueno, muchas gracias. Creo en lo esencial es lo mismo que decía yo de tu estupenda crítica, aunque desacordemos en la valoración. Un abrazo y a seguir viendo porciones de esta maravilla que es el cine. Enrique

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