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Una buena película histórica argentina

Por Enrique Fernández Lópiz

El director de Revolución: El cruce de los Andes, Leandro Ipiña, se distancia de los puntos de vista con que otros abordaron anteriormente la vida de San Martín. Para ello recurre a la narración de un superviviente de la guerra, un anciano escribano del General que en el 1880 de la historia, malvive en una pensión de mala muerte con apenas recursos económicos. La cinta anuda el interés intimista de la narración del personaje, con un despliegue visual realmente llamativo que cubre esta epopeya de la travesía de los Andes por San Martín para liberar a Sudamérica de los virreinatos, ya por ese entonces decadentes, como decadente era la España ocupada por los franceses y la posterior restauración de la monarquía absolutista de Fernando VII: ¡un buen momento para tal emprendimiento!

Es una vuelta, de parte de la industria argentina, a las películas épicas de los próceres patrios, en este caso de José de San Martín, un controvertido militar formado en España, y que en plena crisis histórica de la Madre Patria, decide enfrentarse a España y liberar el sur de América, aún tiranizada por los Virreyes de la época. Pero lo bueno de la película –desde mi modo de ver- es que se ciñe a la batalla de Chacabuco (1817), precedida de la travesía andina a caballo o en mulas desde Cuyo hacia Chile, para borrar todo vestigio de la ocupación española. Película didáctica y buena, sobre todo en lo que a fotografía y desarrollos bélicos se refriere.

Creo que Argentina se merecía una película de estas características, que yo emplearía en escuelas y centros de secundaria con fines didácticos de lo que ha sido su reciente historia. En este sentido, estamos ante un film que se decanta por la brevedad, la síntesis y la intensidad, dado lo inabarcable de su objetivo. Y esto es de agradecer. Esto, junto a una estructura circular dividida en viñetas con subtítulos, hace a una cinta clara y ágil.

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Creo que esta la película se sitúa dentro de la actual tendencia al ensayo y la novela de carácter histórico, a la necesidad de los más jóvenes por conocer a los protagonistas que construyeron el país, y el rescate de las figuras históricas como San Martín a modo de buenos ejemplos, tan escasos en la actualidad. En ese sentido y como escribe el crítico argentino Adolfo C. Martínez, esta película viene … a llenar ese vacío tan necesario para remontarse al pasado y descubrir a esos personajes que hicieron la grandeza del país a través de sus asombrosas hazañas. Esta vez es San Martín quien transita este relato sincero y lo eleva a la condición de imprescindible para quienes deseen internarse en aspectos de la vida y de la obra del prócer”.

Me llamó la atención de la película una frase llamativa de parte del narrador Esteban de Corvalán al periodista que le entrevista: “¿Qué es la patria?”. Evidentemente para San Martín la Patria tenía una consideración más allá de las particiones en países más o menos arbitrarios como Chile, Perú, Argentina, Bolivia, etc. Y esta idea preside el film, que explica unas pretensiones que luego quedaron limitadas por las circunstancias que se fueron dando. De hecho, pienso yo, de todas aquellas presunciones, en la actualidad, lo que más pudiera parecerse es la tendencia indigenista como reivindicación étnica y cultural suramericana de empoderameinto (“empowerment”), de parte de los lugareños indígenas, en países como Perú, Bolivia, Venezuela, Nicaragua, etc., lo cual que no aún no se sabe bien a dónde llevará a estas naciones, junto con el populismo y la tendencia social-centralista.

En fin, volviendo a la película, tiene una excelente fotografía de Javier Juliá y un reparto profesional y preciso donde destacan Rodrigo de la Sena, Laón Dogodny, Juan Ignacio Ciancio, Javier Olivera o Víctor Hugo Carrizo por mencionar los principales. El guión del propio Leandro Ipiña junto a Andrés Maino está bien trabado; y se agradece que no haya apología bélica, la guerra queda expuesta como algo espantoso y como último recurso.

En resolución, creo que es una buena producción argentina, película que entretiene, sin grandes pretensiones, pero que merece la consideración del espectador pues es una cinta bien realizada por Ipiña, con una buena adecuación de tiempo, grandes paisajes, e intérpretes muy profesionales donde destaca la gran actuación de Rodrigo de la Serna. A mí me dejó un buen sabor de boca y la recomiendo.

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