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Una buena película de fuga en la cárcel de Alcatraz

Por Enrique Fernández Lópiz

He visto recientemente esta película, La fuga de Alcatraz, y la verdad me ha gustado. Es un film carcelario, muy bien dirigido por Don Siegel (1912-1991), un veterano, prolífico y polifacético director que aporta oficio, nervio y un excelente sentido del ritmo narrativo. Sabe dotar de la suficiente tensión el guión vibrante de Richard Tuggle basado en la novela de J. Campbell Bruce, que relata hechos reales. Por lo tanto, en esta película podemos ver la que tal vez haya sido una de las fugas más sonadas y famosas en la historia de los presidios de alta seguridad, la fuga de Frank Lee Morris, John y Clarence Anglin y Allen West (que finalmente se quedó), personajes de la vida real y de los que nunca más se supo. Además, en el film acompaña muy bien la música de Jerry Fielding y entorna el escenario de Alcatraz una fotografía ocre ad hoc de Bruce Surtees. La puesta en escena es enormemente realista, pues además se rodó en la mismísima cárcel de Alcatraz; y el montaje, muy bueno.

El reparto está presidido por Clint Easwood, quien ya había trabajado anteriormente con Siegel en filmes como La jungla humana (1968), Dos mulas y una mujer (1970), la celebérrima Harry el sucio (1971) (uno de los iconos del cine policiaco de los setenta en la que Eastwood mira de reojo como sólo él sabe hacerlo), o El seductor (1971), por mencionar algunas. Es pues un actor conocido para Siegel y que sabe sacar partido del personaje que interpreta. Eastwood, como casi siempre, se luce en su rol de presidiario duro, pero sobre todo inteligente y experto en fugas, y hace sin mucho esfuerzo, sin apenas inmutarse, un papel creíble y convincente. Le secundan en el equipo actoral excelentes profesionales como Harry Guardino, Reni Santoni, John Vernon, Andy Robinson, John Larch, Mae Mercer, John Mitchum, Woodrow Parfrey y Josef Sommer. Excelentes actores de aquellos entonces.

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La película se desarrolla en 1960 en San Francisco cuando un peligroso, inteligente y experto preso en fugas, Frank Lee Morris (Eastwood), es trasladado a la famosa prisión de Alcatraz, un presidio como es sabido en medio de una pequeña isla rocosa en la Bahía de San francisco y un recinto de la máxima seguridad. La trama consiste en cómo Frank, junto a otros colegas de cárcel, de manera meticulosa y paciente, comienzan a planear una fuga prácticamente imposible, algo que nadie antes había conseguido. Frank se da cuenta que la rejilla en su celda es débil y puede ser abierta, lo cual que lo convierte en un plan de escape. Durante los meses que siguen Morris, junto con otros presos, Butts y los hermanos Anglin, excavan a través de las paredes de sus celdas con cucharas convertidas en palas improvisadas, hacen maniquíes de papel que actúan como señuelos, y construyen una balsa con impermeables. En la noche de su fuga, Butts se pone nervioso y decide no huir. Frank y los hermanos Anglin salieron por fin de la cárcel y fueron vistos por última vez remando en la balsa durante la noche. Cuando se descubrió la huida a la mañana siguiente, se hizo una búsqueda masiva en toda la Bahía de San Francisco. El director está convencido de que los hombres se ahogaron, pero los cuerpos nunca fueron encontrados.

En la cinta se hace un detallado, emocionante e interesante recorrido del plan de fuga, su puesta en práctica y su desenlace, en una obra carcelaria interesante y muy bien cimentada técnica y artísticamente.

El librero de la cárcel le dice a Frank que: “Alcatraz afecta a los hombres de dos maneras distintas; a unos los hace más fuertes, a otros los mata“. Interesante reflexión que queda clara y meridiana cuando uno ve no sin cierta angustia, las condiciones de los presos en aquella fortaleza endemoniada y con sujetos realmente peligrosos: psicópatas, hampones, criminales, etc. El film puede transmitir todo ese alto voltaje penitenciario, como cuando Eastwood es motivo de un intento de asesinato por parte de un peligroso preso, un violador, o en tantas ocasiones en las que se sortean las enormes dificultades de los encierros en celdas de aislamiento, cuando es sabido que este tipo de tormento puede enloquecer a una persona. De manera que es un film duro, realista y convincente, y a la vez, con los ingredientes de la emoción y la angustia propios de este tipo de obras.

 En resolución, una película intensa narrativamente hablando, entretenida, pues narra con veracidad la vida carcelaria. Y está el gran mérito de Siegel que no se detiene en formalismos para realizar una película políticamente correcta, de esta forma el foco se centra en la fuga sin distraer la trama con otros asuntos que no son del caso. Siegel es un director de su época y a la antigua usanza. Sin muchos recursos artificiales ni demasiada tecnología, pero con su bien hacer, Siegel logra momentos de han emoción e interés, con un Alcatraz sucio, y por supuesto, acompañado en su emprendimiento con actores de gran carisma como Eastwood o Patrick McGoohan con los que consigue una obra una entretenida, un estupendo film digno de verse.

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