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Una biografía apasionante y dramática

Por Enrique Fernández Lópiz

The imitation game (Descifrando Enigma) es una película dirigida por Morten Tyidium, un noruego con talento que acierta en el tono y que dirige la obra con tesón y garra. El guión es de Graham Moore basado en el libro de Andrew Hodges, matemático y escritor del libro: Alan Turing: The Enigma, la biografía del gran matemático británico Alan Turing, uno de los fundadores del campo de la computación y de la inteligencia artificial, y artífice del desenlace en la Segunda Gran Guerra. El libro fue incluido el año 2002 por el diario The Guardian en su lista de los 50 libros esenciales de todos los tiempos. Pues bien, Moore hace un excelente guión que se centra básicamente en el personaje Turing, personaje de suyo suficientemente atractivo, sin caer en la tentación de descarriar hacia otros protagonistas que estuvieron presentes en su vida, ni tampoco en hacer un análisis del encuadre social e histórico en el que se desarrolla esta biografía. La música de Alexandre Desplat es de excelencia, muy buena. La fotografía de Óscar Faura es igualmente destacable.

Es quizá el reparto uno de sus platos fuertes. Y más concretamente el trabajo de Benedict Cumberbatch que hace un enorme papel como Turing, un individuo excéntrico y singular pero de una gran inteligencia formal para las tareas lógico-matemáticas; Cumberbatch hace un auténtico festival interpretativo de intensidad y matices. Keira Knightley es una actriz con un repertorio grato y gran capacidad de sintonía con el espectador, a la par que mejora en cada nueva película. Mark Strong hace un papel encomiable; Charles Dance y Matthew Goode hacen sus roles con una gran elegancia y una sólida presencia, propias de los actores británicos. Secundan el plano de reparto actores de primer orden como Matthew Beard, Allen Leech, Tuppence Middleton, Rory Kinnear, Tom Goodman-Hill, Hannah Flynn, Steve Waddington, Alex Lawter, Jack Bannon, James Northcote, Ancuta Breaban y Victoria Wicks. O sea, el cuadro actoral es muy bueno y está a la altura del film.

La película es un biopic sobre el matemático británico Alan Turing, un individuo peculiar desde su infancia y adolescencia, amante de los lenguajes encriptados desde muy joven y famoso por haber sido contratado por las fuerzas militares británicas para descifrar los códigos secretos nazis que los germanos emitían a través de la denominada máquina Enigma. Estos descubrimientos los realizó Turing ideando una especie de ordenador rudimentario, y ello ayudó a la victoria de los aliados y la URSS, para acabar con los nazis en la II Guerra Mundial (1939-1945). Pero en la película, es una temática principal el hecho de que Turing no fuera laureado ni galardonado por el ejército ni el gobierno, sino al contrario, fue acusado, juzgado y condenado a una pena infame por su condición de homosexual, en 1952. Parece que en su momento no puntuó que fueran Turing y el grupo de Bentchley Park, los que construyeron la máquina descifradora de códigos alemanes: ‘The Imitation Game’.

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Premios y nominaciones en 2014: Premios Oscar: 8 nominaciones incluyendo Mejor película y director. Globos de Oro: 5 nominaciones, incluyendo Mejor película – Drama. Premios BAFTA: 9 nominaciones incluyendo Mejor película. Festival de Toronto: Mejor película (Premio del público). National Board of Review: Mejores 10 películas del año. Satellite Awards: 8 nominaciones, incluyendo Mejor película. American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año. Sindicato de Actores (SAG): 3 nominaciones, incluyendo Mejor reparto. Critics Choice Awards: 6 nominaciones, incluyendo Mejor película. Críticos de Chicago: 3 nominaciones, incluyendo Mejor actor (Cumberbatch). Excelente.

Me ha parecido una película buena, pero no en su globalidad, sino por aspectos concretos a los que ahora me referiré. No es según mi opinión una obra sobresaliente como película total, sino por aspectos parciales.

Hay un aspecto del film que quería comentar particularmente a modo de reflexión psicológica sobre el protagonista. Me refiero a esa especie de autismo y de dificultad del personaje Turing para las relaciones interpersonales o, como hoy se dice, para las “habilidades sociales”. Supongo que realmente fue así, pues ocurre que los individuos sensibles, las personas vulnerables, emotivas, de espíritu femenino y además muy inteligentes, no es raro que se construyan a modo de defensa psíquica, una capa dura y compacta que les preserva de los exabruptos y la tosquedad de quienes le rodean, de las burlas que a veces hacen o los comportamientos groseros e inapropiados que no pocos tienen con este tipo de almas sensitivas. Era la manera de Turing (y tantos como él) de refugiarse en su mismidad y poner distancia en el trato para sentirse seguro en su mundo cargado de delicadeza y matices, que no cualquiera comprende, o no saben valorar, considerar ni comprender. En este sentido y para legitimar este fenómeno, diré que el conocido psicoanalista Wilhelm Reich (1897-1957) en su obra Análisis del carácter, definió y explicó este interesante fenómeno con el nombre de “coraza del carácter”, esto es, cómo la personalidad se protege con un rígido caparazón sobre el cual rebotan por igual los golpes del mundo exterior y las demandas internas. Esta coraza se concibe como algo móvil, en la que a veces se producen brechas y que opera conforme al principio del placer-displacer. En situaciones poco placenteras la coraza aumenta, en situaciones placenteras disminuye. Esta coraza establece el límite entre la vida emocional y el mundo exterior. En el film vemos cómo el carácter de Turing y su particular coraza se desarrolló tempranamente como resultado del conflicto entre sus tendencias homosexuales y un mundo exterior frustrante, y con la expectativa evidente de temor al castigo que le sobrevendría si alguien hubiera conocido sus inclinaciones. A ello se unía su genialidad y su talla intelectual que lo convertían, como digo, en un ser sensible y con gran capacidad para ver las cosas en perspectiva, incluida la intuición consciente-inconsciente de posibles amenazas y peligros de parte de quienes le rodeaban.

Parece que la historia de Turing está contada en la película como si fuera una anécdota cuyo pretexto es triple. De un lado reconocer el papel que el tal matemático jugó en la Segunda Guerra Mundial como desencriptador de mensajes provenientes de la Alemania nazi invasora. En segundo término el mérito que le cabe por haber sido un importante precursor de la denominada inteligencia artificial, o sea de las computadoras y de la informática actuales. Y en tercer lugar, su vilipendiada condición de homosexual que tan trágicas consecuencias le acarrearon en su triste y desgarradora vida.

Como decía, uno de los valores principales de esta obra es la excelente interpretación en el papel principal de Turing de Benedict Cumberbatch, que hace un trabajo de excelencia, muy creíble y con gran carisma; él sostiene en gran medida el film. Es sin duda uno de esos trabajos de personaje particular, medio autista medio extravagante, que gusta mucho en Hollywood, lo cual que no es extraño que esté multinominado como actor principal, no sólo para los Oscar.

A la vez, la historia, que funciona como biografía de un personaje importante de la actual ciencia, tiene su importancia en el plano profesional como también en el registro humano, un hombre que siempre fue honesto y a nadie hizo daño, sino todo lo contrario: fue un héroe real en todo sentido.

También conviene decir que la historia, así como la puesta en escena y las interpretaciones que ya hemos señalado, hacen de este film un producto entretenido que se ve sin dificultad y con interés. Es, en suma, una película clásica en sus hechuras, con un montaje sobrio, que utiliza de manera refinada y sin excesos el recurso del flashback.

El mensaje global sobre la guerra, la política o sub-política, el espionaje de un miembro del equipo a favor de URSS saltando por encima de Churchill, y el tipo de sociedad que se gestó tras la guerra y de la cual aún sufrimos las consecuencias, más parece como dice Fausto Fernández, una obra: “Orwelliana, sobre todo en el terrorífico tramo final donde Turing es perseguido, acosado y destruido por el sistema; la película de Morten Tyldum no habla del enigma que es el ser humano: habla de cómo este se ve obligado a cifrar sus sentimientos y personalidad como defensa ante el poder. Cruel laberinto de imposturas disfrazado de apasionante juego cerebral, la figura de Alan Turing se convierte en el factor prescindible de una ecuación matemática.

Yo te diría que vayas a verla si tu doctrina te lo permite. Es decir, si estás dispuesto a asumir este film como un medio para hacer justicia, pues nos da a conocer un personaje decisivo de nuestra reciente historia, tanto geopolítica como científica, como de desatinos e injusticias contra los homosexuales, y lo hace distrayendo, atrayendo y emocionando.

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