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Un Van Damme introspectivo y solvente intérprete dramático

Por Enrique Fernández Lópiz

Salvaje, cuya traducción original es más adecuada: In Hell (“En el infierno”), se desarrolla en la cárcel de Kravavi, un presidio que da cabida a los peores criminales de toda Rusia, una de las últimas cárceles de seguridad con tintes medievales que existen. Día a día, los presos van en formación a trabajar en la construcción de una línea de ferrocarril que nunca acaba y que además se sitúa en medio de un campo de minas.

El protagonista, Kyle Lord, es un ingeniero petrolífero detenido en Moscú y condenado por haber acabado con la vida del violador y asesino de su esposa. Kyle habría podido buscar un indulto por enajenación mental, pero al haber matado a su víctima en dentro de un juzgado, eso suponía una falta de respeto por la ley, lo que hizo que Kyle fuera enviado a Kravavi.

El alcaide de la prisión es un militar perverso, el general Krustov, que ha inventado el maligno deporte según el cual los reclusos deben luchan, en ocasiones hasta la muerte. El alcaide hace esto a modo de entretenimiento y organizando apuestas para enriquecerse él y sus secuaces. Los presos llaman a este deporte Sparka.

La violencia, el racismo y las malas prácticas de todo tipo imperan en la corrupta Kravavi. Más que educar, esta prisión convierte a los hombres en auténticos criminales insensibles que se endurecen para sobrevivir en un ambiente muy tóxico y peligroso. En este medio, el Sparka prospera a las órdenes de hombres impulsivos y deshonestos como Krustov. De esta guisa, sólo los más agresivos y despiadados sobreviven al Sparka. Hay alguna excepción como el preso filósofo 451, que lucha denodadamente para vencer la maldad y mantenerse cabal y conservando su humanidad.

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Justamente, 451 quiere ayudar a Kyle a adaptarse de la mejor forma a ese mundo siniestro y tormentoso. Pero Kyle es un hombre con propia iniciativa y destinado a luchar sus propias batallas. Kyle, en su esfuerzo por mantenerse al margen y ser honesto, se ve forzado a enfrentarse a sus contrincantes, y por ello es enviado al Sparka. En esa lucha, una furia brutal y desenfrenada se apodera de Kyle, lo que acaba situándolo en el círculo de los vencedores. Pero Kyle tiene a posteriori que batirse consigo mismo, con su propio infierno interior, un viaje hacia su angustiado mundo interior. Kyle ansía derrotar al monstruo que lleva dentro. Definitivamente, es el recuerdo de su esposa lo que le ayudará a convertirse en un ser humano.

El director Ringo Lam no es un genio del cine, esto lo cuenta su trayectoria. Entonces, su abordaje en este film es bastante cuestionable, si bien tiene aspectos aprovechables, como ahora diré. Se conduce por un guión de Eric James Virgets, que más que de patadas y golpes, tiene de llamativo que se interesa en el viaje espiritual que debe hacer el personaje, principalmente para reconciliarse con él y también con el mundo. La música de Alexander Van Bubenheim cumple su función e igual la fotografía inquieta de John B. Aronson.

El reparto es ante todo la presencia del belga Jean-Claude Van Damme, un actor en la órbita de otros equivalentes como Jason Statham, Bruce Willis, Sylvester Stallone, Chuck Norris o Arnold Schwarzenegger (con sus diferencias importantes entre ellos, claro). Alguna vez he comentado un poco despiadadamente contra este actor, como en sus películas que comenté aquí: Doble impacto (1991); o la titulada The order (2001), filmes de serie B de patadas y guiones delirantes llenos de violencia. Pero resulta que en este film, el Van Damme de siempre se ha reconvertido y ahora interpreta un rol de hombre introspectivo y reflexivo que quiere exorcizar los demonios que lo habitan, que quizá habiten dentro de cada uno de nosotros.

Yo le doy buena nota a Van Dam en esta película. Le acompaña un equipo de actores y actrices que dan el pego y sobre los que no hay que ser implacables pues, entre otras, tampoco lo hacen mal. Así, Lawrence Taylor, Marnie Alton, Malaki Davidson, Billy Rieck, Lloyd Battista, Carlos Gómez, Emanuil Manolov, Christopher Moir, Michael Bailey Smith, Milos Milicevic y Kaloyan Vodenicharov.

Quizá, como dice Martín Bellón: Lo peor del filme es su tono pretencioso. Bueno, puede ser, lo que ocurre es que este tipo de películas, que no dejan de cumplir una función de distracción, si se pasan de violentas, malo; y si el guión es más intimista o psicológico, peor. Entonces ¿en qué quedamos? ¿Hay que tirar estas pelis a la basura? Yo creo que no, hay sitio para todos en este mundo del cine. Y concretamente Van Damme es un tipo en gran forma (aunque creo que ha tenido problemas con las drogas o el alcohol), pero digo, este actor maneja las artes marciales, el ballet, la acrobacia; y todo eso es también meritorio en películas de acción, aunque sean de tercera división; aunque yo esta la dejo en segunda B.

En resolución, que Van Damme, de la manita Lam, deja de lado la patada permanente, en aras a un ejercicio dramático en el que el personaje del film ha de encontrarse consigo mismo, afrontar el dolor genuino, en un relato crudo sobre cómo aprender de los propios errores, con un personaje atormentado y sufriente. Y debo decir que Van Damm se revela en este cinta como un intérprete dramático con suficiente solvencia.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=X4GY2QLk7SE.

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