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Un universo femenino y los amorosos nexos entre cuatro hermanas

Por Enrique Fernández Lópiz

En el pueblo de Kamakura en Japón, junto al mar, viven las tres hermanas Kouda: Sachi, Yoshino y Chika. Habitan la casa de la abuela y viven desde hace mucho solas, abandonadas de su madre y de su padre que se fue con otra mujer quince años atrás. Un día reciben la noticia de la muerte de su padre. En el funeral conocen a su tímida hermanastra Suzu, adolescente cuyo difunto padre la había tenido con su segunda esposa. Cuando ya regresan a su hogar tras el sepelio, la hermana mayor y junto a ella el resto de las hermanas que le han tomado cariño, le proponen la hermana menor que se vaya a vivir con ellas en su vieja y destartalada casa. Sozu acepta y una vez allí, la muchacha encuentra un hogar y una estabilidad que le gusta. Esto iniciará una vida de contento y descubrimientos para las cuatro mujeres.

Con Nuestra hermana pequeña, el director Kore-eda Hirokazu realiza su última y brillante película, tras su obra De tal padre tal hijo, de 2013. En esta película, Kore-eda prosigue su indagación en la memoria, la muerte o la asunción de la pérdida, temas típicos en él. En esta cinta se centra en los misterios familiares, sumergiéndose en un universo femenino, para analizar los fuertes nexos de amor entre cuatro hermanas provenientes de una familia desestructurada en la que, a pesar de todo, prevalecen sinceros lazos afectivos. Hirokazu Kore-eda es un director sensible con un estilo muy particular. En este film se aleja de su visión más arisca del mundo, presente en el drama sobre la infancia Nadie sabe de 2004. Hirokazu habla en este film de la necesidad vital de las cuatro hermanas abandonadas, por construir un refugio cariñoso, sólido y cálido que las preserve del “ruido” y el frío exterior. Al modo de las costumbres japonesas, las chicas no se tocan ni besan, no hay contacto físico, pero sí afición y respeto.

El guión del propio Kore-eda es adaptación de una reconocida novela gráfica de Akimi Yoshida, tipo Manga, de título Unimachy Diary (2007). No hay duda de la fascinación de Kore-eda por el cómic y por este de Yoshida en particular. Con él, construye un libreto muy bien labrado, sobre esta historia que en principio era dibujada, plasmando con delicadeza y sensibilidad un bonito cuento de conciliación y vitalismo o “impulso vital” (élan vital o fuerza vital al decir de Bergson), que constituye el eje vertebral de la película.

Kore-eda Hirokazu es sutil, describe magistralmente sensaciones y sentimientos, con matices, como si de una melodía se tratara. Todo ello en un relato en el que no ocurren grandes cosas, nada resalta, no hay eventos destacables; sólo la vida misma, las chicas cocinando, charlando, comiendo (se come mucho en la historia), y alguna escena maravillosa, como cuando un compañerito pasea a Suzu en su bicicleta por lo que él llama un “túnel”, que es un camino cubierto de cerezos en flor, mientras el aire y el sol acarician a la joven que va a la grupa de la bici.

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A diferencia de muchas películas norteamericanas donde nadie sabe dónde trabajan los personajes o cuándo se alimentan, en esta historia sí conocemos los trabajos de las hermanas mayores, y además, las escenas en torno a la mesa son realistas, naturalistas y abundantes, como decía antes. Todo ello en un entorno floreado con vistas al océano, que vinculan la belleza interna de las protagonistas con la preciosidad de los paisajes externos. Para Kamakura era importante hacer la película en un sitio cerca del mar y en un lugar que tuviera un punto antiguo y a la vez sofisticado, que no fuera un pueblo ni tampoco una gran ciudad, como dice el propio Kore-eda.

Me ha gusto e incluso deleitado mucho la música de Yôko Kanno. Y en la misma línea, la límpida y clara fotografía Mikiya Takimoto.

En el reparto, destaco la belleza y verismo de una Haruka Ayase en el rol de hermana mayor, bonita por fuera y por dentro, en un papel que interpreta con enorme sintonía cara al público, y lleno de autenticidad. Las otras hermanas, igualmente bonitas, Masami Nagasawa, Kao y Suzu Hirose están esplendorosas. Y acompañan con maravillosamente Ryô Kase, Ryôshei, Lily Franky, Shin´ichi Tsunumi, Jun Fubuqui y Kentarô Sakaguchi. Magníficos todos, interpretaciones precisas y naturales. Aunque la película es mucho más que las preciosas y luminosas caras de las actrices y sus formas de moverse o hablar entre ellas; incluso más que los bellos paisajes de Kamakura.

Entre premios y nominaciones en 2015 tiene: Festival de Cannes: Sección oficial largometrajes a concurso. Festival de San Sebastián: Premio del Público; el Premio del Público es para mí de los más importantes, pues no son jurados de vaya a saber dónde ni con qué presiones o intereses: es el público a quien, como a mí, le encanto el film.

Al ser preguntado en una entrevista el director Kore-eda Hirokazu sobre la importancia que le concede en su filmografía a la familia contesta: “´Nadie sabe´ (2004) narraba la historia de unos niños abandonados y, en cierto modo, `Nuestra hermana pequeña´ cuenta la vida de tres hermanas ‘abandonadas’ por su familia. Y esas tres hermanas acogen a su vez a su media hermana, otra chica ‘abandonada’. Y todas viven juntas. Ese fue uno de los motivos por los que me gustó tanto ese manga. Porque se parece mucho a ´Nadie sabe´, pero es un poco diferente. Igual esta vez no es una película típica y familiar. El título original quiere decir ´Diario de una ciudad al lado del mar´. No sólo quería centrarla en las relaciones familiares, sino también en su casa, el tiempo…”. Y a la pregunta sobre si los padres son culpables de nuestro destino dice que: “Es difícil. Hay que aceptar lo que se tiene pero no desde el victimismo. Por ejemplo, creo que en la película ninguna de las cuatro hermanas se sienten como víctimas por culpa de su padre. Y hasta la mayor, Sachi, llega a decir que este era una `persona cero´ pero muy amable. Es una frase muy importante. Imagina su fuera al revés: `Era muy amable pero una `persona cero´. Acaba aceptando cómo era su padre y lo hace con agradecimiento”.

Mientras escribía estas líneas pensaba que se podría comparar esta historia con la famosa e incluso rompedora en su época novela, Mujercitas (1868), de Louisa May Alcott, por la visión romántica que traslada de la relación de tres hermanas que fueron abandonadas por su padre y su madre, y que acogen a una hermanastra adolescente tras la muerte del progenitor. Pero indagando sobre este aspecto, observo que el propio Kore-eda, al respecto –pues él lo pensó también, claro- dice que en su película hay la diferencia de que las hermanas no esperan a un padre para ser felices, pues el suyo acaba de morir. Y aun en esta circunstancia, la vida de las cuatro hermanas se desenvuelve en una atmósfera de serenidad donde no caben gritos ni discusiones; es una situación a la que han llegado tras haber sufrido antes y haber vivido conflictos. Pero ahora éstos han quedado atrás y las jóvenes han aprendido a vivir de forma apacible.

En mi caso, he tenido toda la sensación de ver una película de enorme calidad y plena de sentimientos. Como escribe Rodríguez: … el japonés Kore-eda solo hace dos tipos de películas, o buenas o buenísimas, y esta prodigiosa miniatura de sentimientos personales y familiares es claramente de las segundas. […] es cine que saca la emoción de la talla de la imagen, como lo saca el escultor de la talla de la piedra. En esta línea poética, la película es una obra de orfebrería compuesta de paseos, de tardes al sol, de interiores, de escenas en un hogar cordial y confortable, de tradición, de sentimientos, de respeto, amores suaves donde no hay contacto, al modo japonés; sólo una vez, al final, la hermana mayor “abraza” a la hermanita Sozu para decirle que siempre estará con ella. Sozu sirve de punto donde converge el cariño de todas las hermanas. Una hermosura en toda regla, esto es la película.

Para quien la quiera ver, diré que hay mucho encanto en esta pequeña fábula de intimidades, y hay también exquisitez y fascinación, algo muy agradable de contemplar, que incluso te hace salir reconfortado de la sala. Lo dice muy bien Rodríguez Merchante cuando escribe: Nada ocurre en esta película, salvo que sales de ella más limpio, más grande, más virtuoso y saludable. Tanto con apenas nada”.

Recomiendo esta película que, mucho me temo, pasará casi de puntillas por las salas comerciales. Es una película cuyo mensaje cala fotograma a fotograma, sin ir de forma directa al corazón, sino que deja que las verdades se insinúen poco a poco. Película que habla de retos, de aprender a vivir. Como dice Costa: … apuesta por la redención de los pecados de los padres a través de la limpieza de mirada, la capacidad de perdón y la aceptación de los obstáculos vitales de una descendencia desbordantemente vital. Domina por la serenidad de tono y el asombro ante el detalle cotidiano. Alguno la ha tachado de afectada, pero afirmo que lejos de ser cursi, es sabia, se aprende mucho de ella. En resolución: película humana, gozosa y también interesante, entretenida y por momentos conmovedora.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=sh7zZXscUCU.

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