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Un thriller sobre un dilema moral

Por Enrique Fernández Lópiz

En Prisioneros,  un padre, Keller Dover, afronta la pesadilla de que su hija Anna, de seis años, haya desaparecido inopinadamente junto a su amiguita Joy. A medida que pasa el tiempo, le va invadiendo una gran angustia, y desesperado decide ocuparse personalmente del asunto. Y en este punto aparece el quid de la cuestión: ¿Hasta dónde le es lícito llegar a un padre desesperado por averiguar el paradero de su hija perdida? ¿Cuál es el papel de la policía versus el ciudadano en estos asuntos tan duros y espinosos? ¿Qué dilemas morales se ponen en cuestión ante tamaña situación extrema?

Dirige este film con oficio y atendiendo mucho la dirección de actores, Denis Villeneuve; un guión que con inopinadas rotaciones de Aaron Guzikowski; buena música de Jóhann Jóhannsson; y una fotografía lóbrega e inquietante ad hoc de Roger Deakins.

El reparto es bastante bueno. Tenemos a Hugh Jackman, un buen actor del tipo guapetón australiano que desprende gracia, listeza, calidez y buen rollo. Jake Gyllenhall muy bien; Viola Davis, María Bello, Terrence Howard, Melissa Leo, Paul Dano y otros secundarios que en su conjunto hacen buenas interpretaciones, interpretaciones estelares, de eso no hay duda.

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Así dicho, el film habría podido desembocar en un thriller de gran nivel, incluso sin fisuras. Pero desde mi modo de ver no es así. A pesar de haber leído críticas elogiosas, incluida la de Boyero al que parece que le gustó mucho el film y de la que dice que es “un thriller tenebroso y desasosegante”; claro que luego aclara que: “El miedo te lo provoca su tema (secuestro de niños) y el desasosiego te lo crea constatar que el padre más civilizado es capaz de torturar incesantemente a un retrasado mental por su sospecha o su obsesión de que ese tarado puede estar relacionado con el secuestro de su criatura”. Pues sí, eso da miedo nada más pensarlo, pero para eso hay que sintonizar intensamente con la película. A mí no me ocurrió. Para mí, la verdad, y creo que le habrá ocurrido a otros espectadores, la historia carece de suficiente lógica interna en el guión, amén de otras deficiencias. Hay momentos que no logré comprender bien qué sucedía. Por ejemplo: ¿Qué hace uno de los imputados con una pistola entre las manos en los interrogatorios tras la detención? ¿Qué ocurre cuando el poli persigue al padre de la niña y en un instante ya está en casa de la anciana asesina y el espectador sin saber qué pasó en esa casa de donde venía y que era crucial en el desarrollo ulterior de la historia? ¿Qué ocurre, al fin, con el desaparecido padre?

En realidad la película se hace tan lenta, que es probable que la inercia del cansino ritmo me hiciera perder comba. Recuerdo que había sentadas al lado unas insoportables adolescentes, a las que costaron siete euros la entrada, que no dejaron de utilizar el móvil y charlar, a pesar de mis reproches, y al final de la película y a una última queja mía, me dijeron que tenían tiempo para ver la cinta y atender el móvil o comer palomitas, etc. Y ahí me di cuenta que tal vez las díscolas chicas tenían razón y que el film era tedioso y con un suspense pastoso como para hacer varias cosas a la vez “y no estar loco”, o sea, que te podías ir al baño y no te perdías gran cosa.

En 2013 recibió los siguientes premios y nominaciones: Oscar: Nominada a Mejor fotografía. National Board of Review (NBR): Top 10 y Mejor reparto. Festival de Toronto: Finalista al Premio del público (Mejor película). Satellite Awards: 3 nominaciones, incluyendo Mejor actor seundario (Gyllenhaal).

La película tiene su complejidad en el argumento, como he apuntado, una atmósfera lóbrega, algunos virajes desconcertantes en el guión y un metraje excesivo de 153 minutos, que se dice pronto. Y me parece que estos defectos lo que más lo mitiga es el plano actoral, pues las actuaciones son bastante buenas, junto a la fotografía y la banda sonora. Y ocurre que además, puestos a sacarle un poco de punta, este film puede verse, yendo más allá del secuestro, como un dilema moral: “¿Qué haría yo en esa situación?”. O sea, si se justifica la tortura o la incursión en maneras de violencia extremas extraoficialmente por la gravedad del caso. Pero claro, este asunto, cada cual puede montar un debate si su doctrina se lo permite, pues daría para mucho. Yo, en principio, estoy en contra, como estoy también contra los linchamientos, claro.

En resolución: creo que es una película que se olvida pronto, pues carece para mí de hilván, de coherencia, de mayor intriga, de secuenciación, de montaje. Es una cinta con una ensayada complicación en la historia, un entorno denso y cambios inusitados.

Me parece que hacer este tipo de filmes requiere un oficio que sólo los actores mostraron de forma coral, pues aunque me repita, quiero hacer honor a las interpretaciones sobre todo de Hug Jackman, Jake Gyllenhaal, Viola Davis o Maria Bello; son ellos y ellas los que balancean los aspectos negativos a que me he referido, donde incluyo la dirección de Denis Villeneuve a la que califico de regular (salvo en su trabajo con los actores).

Es un film con grietas, un desenlace previsible, comportamientos psicopáticos en exceso –lo cual que tanta crueldad ya cansa-, lagunas en la historia –como ya he señalado-, fotografía oscura que no tenía por qué serlo tanto y mensajes ambiguos ¿De dónde viene, pues, tanta acalorada y buena crítica? Pues eso, por verla que no quede: ¡hay gustos para todo! En lo que mí toca, no la recomiendo a nadie.

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