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Un thriller recomendable en todo sentido

Por Enrique Fernández Lópiz

En Brooklyn el dinero negro no aflora, es el dinero de la droga y otros negocios turbios del que se hace entrega en determinados Bares de la zona sin aviso, sin que se sepa el día ni la hora, un dinero que circula constantemente en su ilegalidad por las manos de gánsteres muy peligrosos.

En uno de esos Bares trabaja un joven serio, callado y solitario (Tom Hardy). Un buen día, de vuelta a casa, encuentra y rescata a un cachorro de perro malherido y tirado a un cubo de basura. Su vecina, una atractiva joven (Noomi Rapace), le ayuda a cuidar del animalito. Pero inopinadamente aparece el dueño del animal, un hombre peligroso y con problemas mentales (Matthias Schoenaerts); el tal joven, además, de ser antiguo novio de la joven, está involucrado en una conspiración criminal que planea, junto con su primo y socio del Bar (James Gandolfini), hacer un robo de un millón de dólares en el Bar donde trabajan ambos, coincidiendo con una de las famosas “entregas” de dinero negro que dan título al film. La historia está servida, con muchos matices y angulaciones que tocan incluso a la moral religiosa del protagonista.

La película La entrega, tiene una dirección excelente de parte de Michael R. Roskman que imprime un tempo sostenido con intriga y emoción, a un interesante relato donde se mezcla la moral, el amor y la supervivencia en un entorno hostil. Roskman conduce esta película con un gran sentido artístico, tensión e ingenio. El guión de Dennis Lehane es de lujo, para una historia previamente novelada con el mismo título (The Drop) por Dennis Lehane, quien regresa a los ambientes de Mystic River en una obra concisa y sustancial, una gran lección narrativa entre los relatos del género negro. Grande y sensitiva música de Marco Beltrami y Raf Keunen, junto a una sugerente fotografía de Nicolas Karakatsanis. La puesta en escena es sobria, casi espartana, pero efectiva.

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El reparto me ha impresionado por su calidad. El primero y principal es Tom Hardy que borda un papel difícil y de gran complejidad. Le sigue la joven y conocida actriz sueca Noomi Rapace, que interpreta un papel dramático y atormentado que sabe ir desgranando a lo largo de la cinta. James Gandolfini interpreta su último papel y está inmenso en este trabajo final (fallecería al final del rodaje), dejando su sello para la posteridad. El pobre y genial Gandolfini, a sus cincuenta y un años, se ponía hasta las cejas de drogas y una noche, en la ciudad de Taormina comió el máximo de foie, bebió a granel vino tinto y libó una arroba de ron; conclusión: infarto de miocardio. Pero dejó este resto para regocijo de sus admiradores. E igualmente son destacables Lauren Susan, Erin Darke, Morgan Spector, Chris Sullivan, Michael Aronov, Matthias Schoenaerts, Alex Ziwak, Daani McCarthy, John Ortis, Elizabeth Rodríguez y James Frecheville, todos en perfecto coro de actores y actrices de primer orden. Como escribe Boyero: “es gozoso ver actuar juntos a Gandolfini y al magnífico actor inglés Tom Hardy, un tipo con muchos registros al que siempre me lo creo, aunque su camaleonismo logre que no sea fácil identificarlo inmediatamente de una película a otra”.

Dice Oti Rodríguez y no sin razón, que esta película es de las “que te obligan a llevarte un dedo a la sien y poner cara de pensamiento a la hora de intentar contenerla en unas cuantas frases”. Y es cierto, esta película no se puede resumir así sin más, ni siquiera se puede contar de forma sencilla, pues contiene matices muy profundos y discutibles sobre los que cada cual tendrá su opinión.

Si la dirección es buena, mejor es el guión, la fotografía o las interpretaciones. Tom Hardy, por ejemplo, es un actor que sólo precisa ponerse delante de la cámara para hacerlo diez puntos; y en esta película su interpretación es toda una sinfonía en la que apenas precisa mover un pelo para dar su versión actoral de un individuo aparentemente atolondrado, supuestamente honrado y pretendidamente valiente, y todo ello más que discutible. Y es que en realidad, lo que ocurre es que el personaje vive en una auténtica jaula de fieras, donde el más malo es superado por el que le sigue, y a la cabeza los tremendos mafiosos chechenos. El bar donde trabaja es un garito psicotóxico al que hay que adaptarse para sobrevivir pues es, ni más ni menos, que tapadera de gánsteres y mafiosos para el blanqueo de dinero. Todo ello junto a su primo el gordete James Gandolfini, que aporta toda su grandeza física y humana para interpretar a un miserable y nihilista hombre, con veneno de cobra a flor de piel.

Como película de gánsteres, tiene en sus diálogos su fuerte; hay que estar atento, sobre todo si se ve como yo lo he hecho, con subtítulos, pero esos diálogos son pura dinamita. Por eso, no son las escenas de violencia lo más llamativo de este film gansteril, sino que como dice Fausto Fernández, el carácter “puntillista y naturalista retrato lumpen del hampa neoyorquina, es bastante mejor en sus conversaciones con vaso de por medio y en sus amenazas de linóleo sucio que en su violencia explícita.

No es una película trepidante, no es un continuo tiroteo, pero sí un magnífico thriller de corte minimalista que nos arroja a la cara un afilado retrato del crimen de calle, barriobajero y sibilino. Incluso es difícil decir si el criminal protagonista que va cada domingo a misa es bueno o malo. El espectador es quien deber ir descifrando según su entender una trama de sugerencias, sobreentendidos y manejos que lejos de ser parodia va muy en serio. El que descantille o desafine va a acabar mal. Es por lo que hay que saber quién es quién, conocer sus antecedentes, atar cabos, “intentar” cerrar certeramente –lo cual no es fácil-, pues todo forma parte de lo supervivencial, sobre todo si, como el protagonista, está solo y sin nadie que le proteja. Por eso el vaivén cotidiano y tan complejo del film puede nublar el entendimiento, sobre todo si no somos capaces de extraer lo principal de lo accesorio y fullero. Para subsistir hay que ser escrupuloso y sufrido. De lo contrario habría que huir del lugar, intentar lo que Gandolfini y su hermana no pudieron hacer: largarse a Europa por vía de urgencia… Eso ¡por lo menos!

Yo, que la acabo de ver hace escasas horas, recomiendo esta película en todo sentido: dirección, guión, interpretación, y grandes dosis de reflexión, de sana reflexión. Si no, a Bambi.

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