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Un thriller menor

Por Enrique Fernández Lópiz

En Doble traición (1999), el matrimonio compuesto por Nick y Libby Parsons, mantienen una aparente buena relación, gozan de una posición social acomodada y tienen un hijo que es la alegría de ambos padres. Libby siente una gran afición por la navegación a vela y Nick le regala un bonito barco. Un día salen a navegar él y ella y al despertar a media noche Libby se encuentra una situación horrible y asombrosa: ella, la cama, el barco, todo está lleno de sangre y Nick ha desaparecido. Por medio está en su contra la existencia de un seguro de vida de dos millones de dólares que en teoría ella habría de cobrar en caso de fallecer su esposo. Por estas y otras razones Libby es juzgada y condenada por el asesinato de su marido e ingresa en prisión. En una llamada telefónica a su hijo, que quedó a cargo de una amiga, se entera fortuitamente que su esposo está vivo. En la cárcel, las compañeras de Libby le han informado sobre la lo establecido por la 5ª Enmienda de la Constitución, es decir, nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito. Lo cual que Libby imagina que puede asesinar a su traidor esposo, sin temer un segundo juicio, dado que ya ha sido juzgada por ese motivo. De otro lado, a Libby le conceden un permiso penitenciario e ingresa en una residencia para ex-presidiarias donde conocerá a una especie de policía-vigilante del Centro, un hombre que vive atormentado por la pérdida, igual que ella, de su hija, que se marchó con su madre hace años.

Es una película dirigida profesionalmente por Bruce Beresford, pero que en realidad apenas aporta nada a la cinematografía, salvo apenas un ratito de más o menos distracción un tanto soporífera. El guión es un guión trillado y sin sentido de la veracidad de David Weisberg y Douglas S. Cook. Una música normalita de Normand Corbeil acompaña, así como una buena fotografía de Peter James.

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En el reparto sobresale Tommy Lee Jones que como siempre hace gala de su categoría como actor veterano que hace un papel creíble y convincente, propiamente de los suyos: especie de policía que persigue a los malos, etc. No puedo decir lo mismo de Ashley Judd que interpreta su rol de esposa engañada de manera estereotipada de niña bonita, sin repertorio en las distancias cortas, y poco más. Bruce Greenwood está bastante bien el papel de marido psicopatón y traicionero al que desde el principio ya se le ve venir. Annabeth Gish, correcta en el papel de amiga traidora. Y acompañan actores y actrices como Spencer Treat Clarck (el hijo pequeño, regular), Roma Maffia, Davenia McFadden y John McLaren (presidiarias, bien), Benjamin Weir, o Jay Brazeau (abogado, correcto).

Es una película de intriga en la que una bonita mujer es condenada por haber asesinado supuestamente a su esposo, pero descubre que éste sigue vivo. Para empezar estos supuestos ya hacen que la película empiece a naufragar. Por un lado ambos estaban la mar de bien, por el otro el cuerpo del marido nunca apareció, de otra parte, de la sangre abundantemente esparcida por el barco nunca se habla. Rarito todo ello. La cosa se pone un poco más intrigante y morbosa cuando ella sale de la trena encantada con la noticia de que si mata a su esposo, nadie la podrá juzgar de nuevo. Y además, con ese objetivo entre ceja y ceja, se ha entrenado físicamente a fondo, para no errar. Y si la cosa se pone algo mejor para el film es porque Tommy Lee Jones entra en escena para darle un poquito de calidad al negocio. El resto, o sea casi toda la película, es un compendio de tópicos propios del cine comercial al más puro estilo, lo cual que sería como un “cine de barrio” plan Hollywood. Cine blandito que puede entretener a quien le entretengan estas historietas; a mí no mucho, la verdad.

Mi opinión es que es una película anodina, que seguro que pasado mañana ya la voy a olvidar, a Dios gracias; una película que arranca más o menos bien y acaba, si bien correctamente, pero de forma insulsa. Creo que es, más que para salas de proyección, para verla en la sobremesa e incluso como coadyuvante de una buena siesta.

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