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Un secuestro real rodado fríamente

Por Enrique Fernández Lópiz

La película trata el secuestro en 1994 en Argel, a manos de cuatro terroristas islámicos del GIA, de un Airbus A300 de Air France, con 227 pasajeros. Se cuentan los más de dos días previos al secuestro desde tres puntos de vista: las unidades del GIGN (Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional), los terroristas y los políticos. Y finalmente, se narra el día 24 de diciembre, cuando los terroristas yihadistas toman el Airbus. Gracias al abordaje efectivo de las fuerzas especiales francesas, el incidente tuvo su punto y final en el aeropuerto de Marignane, cerca de Marsella. El asalto fue prácticamente televisado en directo en su momento.

Se trata de una buena película dirigida con profesionalidad por Julien Leclercq, con guión del propio Leclercq y Simon Moutairou basado en los hechos reales escritos por Roland Môntins. Buena música de Jean-Jacques Hert que moviliza emocionalmente la azarosa y dramática historia del secuestro, y una fotografía singular en blanco y negro de Thierry Pouget; o mejor, en claroscuros permanentes, escenas en blanco y negro y algo de azul y juego con los colores ¿Querrían que se asemejara a un documental? ¿Sería otro mensaje que no capto? No sé.

En lo que toca a las interpretaciones, es mi parecer que cumplen un papel un tanto accesorio en una trama que es contada al modo de un documental. Sin embargo, hay que recordar papeles muy profesionales interpretados por Vincent Elvaz, Grégori Derangère, Mèlanie Bernier (que brilla con luz propia en la película), Philippe Bass o Aymen Saídi por mencionar algunos.

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A mí la película me ha gustado. Creo que se aproxima mucho al horror de un secuestro, y evidencia a las claras el fanatismo de los musulmanes radicales, los secuestradores, que no paraban de rezar exclamando constantemente “Alá es grande”. Y la determinación de estos fanáticos para morir acometiendo al maligno Satán occidental encarnado en el “infiel”, así tomado en plan genérico. Este extremo está muy bien aclarado en la cinta, dado que no creo que haya otra religión hoy día que dé lugar a fanáticos de este tipo, tan enfervorizados y tan creídos de que matando por Alá irán directos al cielo. Como se puede suponer, esto no es más que el producto de un lavado de cerebro a fondo. Así lo dice la psiquiatra siria nacionalizada norteamericana Wafa Sultan, quien dijo haberse sentido en su momento muy conmocionada las atrocidades cometidas en 1979 por extremistas islámicos contra personas inocentes en Siria, incluyendo el asesinato con ametralladora de su profesor Yusef al Yusef, un oftalmólogo de fama internacional, en su aula ante sus ojos en la Universidad de Alepo, donde estudiaba medicina. “Dispararon cientos de balas sobre él, gritando, ¡’Alá es grande! En ese momento, perdí mi confianza en su dios y empecé a cuestionar todas nuestras enseñanzas. Fue el punto de inflexión de mi vida, y me ha llevado a este presente. Tuve que parar. Tuve que buscar otro dios.

Y desde la juventud de Wafa hasta hoy, se ha repetido incontables veces el ardor de muerte del integrismo musulmán, y la misma Wafa ha llegado a decir que “el problema es el Islam”. Wafa Sultan considera que “El problema con el Islam está profundamente arraigado en sus enseñanzas. El Islam no es sólo una religión. Islam es también una ideología política que predica la violencia y sus máximas se aplican por la fuerza”. En un debate con el fanático islamista Ahmad bin Muhammad, dijo: “Sé que estas enseñanzas están distorsionadas y fomentan el terrorismo y ensangrentarán a la humanidad”. Pues bien, sobre esto habla abundantemente el film, y ojalá sirva de lección para denunciar en películas como esta, el fanatismo religioso islamista… o cualquiera que sea.

En otros aspectos, el film deja que desear. Sobre todo por la puntual realización que de tan milimetrada en todo, resta emoción al relato, al desenlace y a los acontecimientos en sí mismos. Por ejemplo, el asalto al avión está bien y mantiene algo de tensión durante quince minutos, pero sucede cuando la película toca a su fin. Si Leclercq le hubiera pisado más a fondo en su realización, si hubiera captado realmente el drama de momentos como ese, si hubiera manejado mejor la técnica de la acción y de los momentos de agitación, me habrían saltado chispas de angustia e inquietud, pero eso no me sucedió. A lo más, vi la película íntegra, pero sin muchos sobresaltos, ni siquiera cuando las fuerzas especiales del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional francesa asaltaron el avión, se me movió un pelo, o sí, tal vez uno. En lo que toca a montar escenas de tiros o asaltos, nada que ver con lo que se hace hoy a cada tanto en el cine sobre todo americano.

Creo que quiere ser también una cinta para mayor gloria del chauvinismo francés. Aunque incluso en esto, hay instituciones como la política que sale muy mal parada. La policía, más o menos bien, salvo sus mandos de alto nivel. Entonces, yo diría que el engreimiento francés triunfa sólo a medias. Ni siquiera fueron justos con los policías que perpetraron el asalto. Conclusión: chovinismo frío y desapasionado.

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