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Un repóquer difícilmente igualable, un film premonitorio

Por Enrique Fernández Lópiz

Había oído hablar de esta película de Huston, Vidas rebeldes, y leído sobre ella, pero no había podido visionarla. Lo hice en una tarde de este 2017, porque la pasaron en una cadena de TV. Me dije que era una película imperdible, una obra de esas en las que confluyen cinco de grandes personalidades del cine y la Literatura: Huston, Miller, Gable, la Monroe y Clift. Por mencionar los principales, pues podríamos añadir a dos secundarios de lujo: Ritter y Wallach. De manera que había que cazar la película al vuelo y sentarse tranquilamente a ver qué cosa era esa sobre la que tantos ríos de tinta han corrido por razones diversas. Cazarla a lazo, al modo en que los protagonistas capturan los caballos salvajes. De inicio, créanme, sentí una honda emoción, la sensación de estar asistiendo a una porción sustanciosa de la cinematografía del siglo XX. La confluencia de todo ese equipo de estrellas. Justamente cuando estaban en trance de desaparecer en el momento del rodaje, ya merecía la pena. Y sabía también de los problemas y circunstancias que acaecieron durante el rodaje. En la historia, Roslyn Taber (Marilyn Monroe) es una atractiva mujer que nunca ha amado ni se ha sentido amada; llega a Reno (Nevada), la capital del divorcio –como a veces se le llama-, justamente para para separarse. Allí conoce a Guido (Eli Wallach), un veterano de a II GM, y a un vaquero ya maduro, Gay Langland (Clark Gable), que lucha por mantenerse libre e independiente. Con ellos pasa varios días en la casa de campo de Guido, viudo que distrae su soledad pilotando una vieja avioneta. Son hombres que vagan y buscan su sustento como mejor pueden, sobre todo con la participación en rodeos o la captura de caballos salvajes. El asunto es que ambos hombres quedan prendados de ella (¡cómo no!), y en esa pugna asoman los peores rasgos de cada cual. Transcurridos unos días aparece un tercer componente de nombre Perce Howland (Montgomery Clift), joven trotamundos por quien Roslyn se siente atraída. Cuando al poco los amigos encuentran en las montañas una manada de caballos salvajes, deciden ir a cazarlos meramente para venderlos en mataderos y que sirvan como alimento para perros. Los tres hacen equipo, uno con su avioneta para encauzar a la manada y los otros dos, Gay –especialista en rodeos- y Guido, como vaqueros que tienen que capturar a lazo a los animales.

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La verdad es que John Huston hace un trabajo muy bueno, saca petróleo de la historia. Más aún por cuanto el guión es nada menos que de Arthur Miller, quien escribió y describió el perfil de los personajes con enorme potencia y frases y conversaciones, ora triviales, ora profundas y severas, que parecen adivinar tragedias en el horizonte. Ello proviene de la adaptación de la novela del propio Miller, The Mistifs (“Los inadaptados”) (1961), obra que escribió justamente para que su esposa Marilyn se encumbrara como actriz dramática de fuste. Pero hay quien piensa que el tal guión fue un regalo envenenado que no sólo no colaboró con el supuesto objetivo, sino que, como ahora diré, produjo efectos adversos.

Es estupenda la música de Alex North, que ofrece un tema principal dramático de gran belleza, incorporando también cortes líricos y melódicos bailables (Reno Bar Dance), y dramáticos y descriptivos. Espléndida la fotografía en blanco y negro de Russell Metty, quien con sus claroscuros mete la acción en un terreno entre el western, el drama y el romance; además, busca el realismo, prescinde de artificios y se complace en mirar con sinceridad, regalando al espectador emocionantes travellings aéreos y terrestres.

Y qué decir del reparto. Es único; yo diría que es un reparto otoñal, con actores ya maduros y rondando, a pesar de no ser muy mayores, el final de sus vidas como ahora diré. Clark Gable está estupendo pues de suyo es un actor que llena pantalla, amén de sus dotes actorales. Marilyn Monroe, con una belleza crepuscular y muy atractiva, hace gala de un gran talento en la interpretación de su papel. Montgomery Cliff está genial, siempre con esa facies de hombre atormentado. Eli Wallach estupendo como el gran actor que es. Thelma Ritter maravillosa. Y les acompañan Estelle Winwood, James Barton y Kevin McCarthy.

En 1961 el único semigalardón que obtuvo este film fue para John Huston, nominado a mejor director por el Sindicato de Directores (DGA). Creo habría merecido más.

Para mí, ésta, es una película importante sobre personajes perdidos, desarraigados, corazones solitarios, inadaptados e incluso desorientados. Hombres que arrastran tras de sí fracasos, desilusiones y frustraciones que sobrellevan como pueden; personajes con sentimientos de desánimo, abandono y quebranto. Gay recuerda y añora a sus hijos; Perce aún no ha asimilado la muerte del padre; Guido convive con el recuerdo de la muerte de su esposa; y Roslyn está recientemente divorciada. Es un relato melancólico y agridulce que poco a poco deviene dramático e incluso trágico. El mal, la perfidia, el padecimiento y la muerte se hacen presentes con insistencia creciente.

Paralelamente afloran los conflictos interiores de los personajes, sus problemas de relación en el grupo, todo lo cual pone en peligro la convivencia y conduce algunas situaciones que los ponen al borde del precipicio. El film, pues, analiza el subconsciente de individuos con muchos recovecos, a la par que hace una apología de la libertad y el coste de ser independiente. También habla esta cinta de la desdicha fruto de fracasos a lo largo de la vida. Y claramente alude al paso del tiempo (“tempus fugit”) y al envejecimiento. De igual modo rechaza la violencia como forma de salida o compensación a las frustraciones. A cambio, pone en valor la compasión, la generosidad y el cariño; así como se embelesa con la avenencia, el silencio, la fragancia de la hierba mojada y el aire puro del campo.

Además de la brillante dirección de Huston, éste logró reunir como he dicho, un equipo actoral único, ya en el ocaso, lo cual hace que se pueda entender esta película como “un bello homenaje a las miradas cansadas, en otro tiempo brillantes y gloriosas, y un canto a la libertad y la dignidad del fracaso realmente conmovedor” (Pablo Kurt). Sí, no solo los personajes, también los actores bordean el final, la muerte, como ahora diré.

El rodaje estuvo lleno de incidencias, algunas luctuosas. Por empezar fue filmada en el desierto de Black Rock (Reno, Nevada) y en localizaciones próximas (Misfits Flat, Quail Canyon y Dayton), con un clima desértico que superaba a veces los 40º. Además, estuvo plagada de sucesos, mayormente problemas personales de John Huston con la arrebatada e inestable Marilyn Monroe. Gable, que hizo su trabajo enfermo, falleció tres días después de acabar el rodaje, en 1960. De otra parte, la Monroe veía cómo su matrimonio con Miller se derrumbaba, lo cual desencadenó en ella una crisis que la llevaría a una clínica psiquiátrica. Clift estaba absolutamente enganchado a las drogas y era vigilado permanentemente por un equipo médico. Todo lo cual llevó a los productores a acelerar la filmación lo más posible. Y como dato, fue la última película que rodaron Clark Gable, Marilyn Monroe y James Barton, pues todos fallecieron en 1962 o antes. O sea, esta película significó la despedida de actores muy diferentes que por detrás del drama de los personajes solitarios del argumento, padecían dramas y males personales reales muy profundos y tortuosos, que pusieron punto final a su existencia.

Como escribe Sainz Borgo: “Miller lo había diseñado y elegido todo: la historia, el guión adaptado, el reparto perfecto y el director idóneo que hiciera brillar a su mujer. Pero el asunto no hizo más de dar a Monroe empujoncitos hacia la muerte”. Pensemos que, entre otras, en ese rodaje Miller conoce a la fotógrafa austríaca Inge Morath, lo que constituyó el aldabonazo para romper la relación con su esposa en enero de 1961; Miller se casaría con Morath al poco tiempo, en 1962; y casi de inmediato Marilyn falleció de una sobredosis de barbitúricos. O sea, un rodaje y unos coletazos del mismo, fatales. De modo que esta obra “no hace más que dar claves y todas conducen al final del camino” (Sainz Borgo). Por esto, más que una película, la cosa parece una especie de testamento. Mientras la veía, imaginaba que estos entrañables actores parecen querer decir algo terrible, algo que encerraba un adiós y hasta siempre casi entrañable.

El consuelo es que John Huston consiguió sacar lo mejor de cada uno en esta última obra.

Eso sí, el plano final de las estrellas quiere ser una invitación a la esperanza, a volver a soñar, a tener de nuevo fe en las personas.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=sswlbhQpk1A.

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