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Un remake mediocre sin tensión narrativa

Por Enrique Fernández Lópiz

Hay dos películas con el mismo título, como bien sabemos quienes hemos visto El vuelo del Fénix de 1965 de Robert Aldrich, a la que se suma otra de idéntico título, esta que ahora me dispongo a comentar, de 2004 y dirigida por John Moore. La primera versión, la cual pude ver hace añares, es una vibrante historia con una realización técnicamente impecable de Robert Aldrich y un reparto de lujo que incorporaba entre otros a James Steward, Richard Attenborough, Peter Finch, Erneste Borgine o George Kennedy: ¡de diez!; además, el film de Aldrich fue nominado a los Oscar, Globos de Oro, etc. Lo que quiero decir es que para quienes vimos aquella primera versión con tan excelente dirección, un reparto sobresaliente y un guión planificado de Lukas Heller, adaptación de la novela homónima de Trevor Dudley Smith (“The Flight of the Phoenix”), este remake de 2004 resulta bastante insulso y mediocre, lo cual iré comentando ahora en las líneas que siguen.

En la historia, una empresa norteamericana dedicada a la prospección de hidrocarburos en Mongolia, debe poner fin a sus actividades y manda un avión para recoger al personal que allí trabaja. Junto a los técnicos y operarios sube un personaje de extraño aspecto. Una vez en vuelo, una imprevista tormenta de arena aparece en el horizonte y obliga al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia, causando la muerte de tres de los pasajeros y haciendo que el avión acabe accidentado en medio del desierto. Junto al avión medio destruido, sólo quedan diez supervivientes. Están en el desierto de Gobi (Mongolia) y la posibilidad de rescate es prácticamente imposible. Además, la operación para salvarlos se ha cancelado. La única esperanza de los que allí están es trabajar colaborativamente para construir de los restos del avión accidentado un nuevo avión con el cual escapar de una muerte segura por la falta de agua, alimentos y otros peligros que acechan. El extravagante sujeto que los acompaña dice ser ingeniero aeronáutico y dirige la operación para armar el nuevo aeroplano.

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El director John Moore había debutado en 2001 con Tras la línea enemiga, un film tópico de acción con espectaculares escenas aéreas, en las que al igual que en esta cinta un avión se avería obligando al piloto a sobrevivir en un medio hostil. De manera que seguramente la productora (la Fox), pensaron de nuevo en Moore para se hiciera cargo de este remake. Pero la consecuencia es que tanto Moore como los guionistas Scott FrankEdward Burns, construyen una obra mediocre y sin el gancho si se compara con la versión anterior. La música electrizante de Marco Beltrami se deja oír con agrado y la fotografía de Brendan Galvin está muy bien.

En el reparto, Dennis Quaid hace un trabajo de aprobado por los pelos en el rol de un Capitán Frank Towns que parece saber sólo gritar airadamente a lo largo de todo el metraje y enseñar músculo y sonrisa de anuncio de dentífrico. El resto del reparto hace lo que puede con un libreto que ni siquiera produce agobio, sed o acaloramiento en el espectador, aun siendo que se desarrolla en medio del páramo desértico de Gobi. En cuanto al resto de actores, Giovanni Ribisi (quizá el mejor y más meritorio del grupo), Tyrese Gibson, Miranda Otto (no está mal), Hugh Laurie, Tony Curran, Stick Fingaz, Jacob Vargas y Jared Padalecki. A este elenco se le nota con pocas ganas (de trabajar) y ofrece en su conjunto una imagen escasamente creíble. Personajes que no despiertan simpatía en el espectador, ya que todos tienen un momento para ser infantiles o mediocres, incluso inoportunos. Personajes absurdos y confusos, al igual que los diálogos; interpretaciones a la altura de los personajes interpretados. O sea, ni frío ni calor en lo que al trabajo de los intérpretes respecta. Como reza el chiste: cero grados.

De esta guisa, la película deviene narración simple, con una pizca de entretenimiento, no mucho, que sigue fielmente el guión original, el cual tiene vacíos importantes por cubrir, amén de un ridículo final de esos que antes se aplaudían en los cines de verano cuando llegaba oportunamente el séptimo de caballería para salvar a los buenos, o sea, los colonos blancos versus los indios. Aquí los buenos son igualmente occidentales, aunque hay negros e hispanos, perseguidos por toda una caballería especie de bárbaros jinetes del desierto, a los cuales dejan atrás toda vez que el aparato inventado por el estrafalario y falso ingeniero aeronáutico cobra altura dejando a los pobres mongoles con dos palmos de narices mientras los aviadores ríen alborozados por su supremacía tecnológica desde donde asoma el espíritu invencible del yanqui ante situaciones límite, mientras suena el clásico “Gimme Some Lovin“ . De pena.

Por otro lado, hay una muy escasa profundización en los aspectos psicológicos de unos personajes angustiados en medio de la nada, lo que hubiera dado para mucho, pero ni a Moore ni a los guionistas se les ocurrió nada de nada. Aventura sin grandeza, donde lo que se puede salvar es un pobre pasatiempo que habría sido mejor emplearlo en otra cosa, “aire de usar y tirar falsamente juvenil en el que predominan las exposiciones de músculos y de testosterona” (Ocaña).

O sea, que teniendo una novela interesante con una historia dramática al límite, Moore apenas sabe abordar la historia de un acontecimiento desastroso, que habría servido a modo “de un test existencial del carácter de las personas” (Rosenbaum). Tal vez si se hubiera ceñido a los elementos principales del argumento original hubiera resultado algo bueno, pero finalmente la historia se desvirtúa por la tibieza a la hora de retratar el auténtico desastre técnico y humano que viven, que queda convertido en una constante trifulca entre los supervivientes. Me atrevo a decir incluso que esta película es un insulto a la sensibilidad y a la inteligencia. O sea, que si en vez de fijar la mirada en la pantalla, cerrásemos los ojos y utilizáramos la imaginación, la trama resultaría más elocuente.

Como dice Ebert: “Porque, en cierto sentido, ya había visto esta película, nada tuvo sorpresas o suspense para mí, y los actores por sí solos no tienen lo suficiente para salvar el film.” Nada más cierto, tal vez tengamos que reflexionar sobre cómo los sólidos filmes de acción y aventuras de hace cuatro o cinco décadas, se han tornado en sus nuevas versiones huecos y carentes de la tensión narrativa de otros tiempos en los que sin duda una película de estas características se pensaba mejor.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=OxfZHP1HHHg.

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