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Un poli con suerte

Por Jon San José Beitia

Como suele ocurrir con producciones que no llevan el sello del cine americano y que han gozado de un relativo éxito, éstas suelen ser revisionadas para y por el pueblo americano. De tal forma que Un poli con suerte, es un remake de La cabra, una película que protagonizó Gerard Depardieu. Los productores cogen la idea original y la trasladan al modo de vida americano, introduciendo lo que ellos consideran mejoras.

Más allá de esa tendencia a intentar mejorar, lo que ya de por sí es medianamente bueno. En este caso, Un poli con suerte funciona y consigue ser una película desenfadada y divertida.

Los protagonistas deberán dar con el paradero de la hija de un importante hombre de negocios. Para cumplir con su  propósito, emplearán un rocambolesco y aparatoso método de búsqueda, original al tiempo que divertido.

La película, hace un guiño a las tradicionales parejas cinematográficas, donde los dos integrantes chocan por su carácter y formas de ser, haciendo que en este caso, la mala suerte sea uno de sus inseparables compañeros de viaje.

Para dar con la muchacha, uno de los factores que ayudaran a la investigación, será el don que posee uno de los personajes, la extraña capacidad de reunir mala suerte y torpeza en toda su persona.

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Esa extraña habilidad para ser torpe y tener mala suerte, sirve de base fundamental para explotar todas las posibilidades cómicas de la pareja protagonista, interpretados por el cómico Martin Short y el siempre carismático Danny Glover, que hace un guiño a su personaje de Arma Letal, volviendo a demostrar las posibilidades cómicas que ofrece tras esa apariencia ruda y seria.

La química entre los dos intérpretes es instantánea y son los responsables de que la película funcione, incluso, en momentos en el que las situaciones cómicas dejan de darse y donde se produce un cierto estancamiento en el desarrollo de la historia.

En un principio, la forma de presentar la mala suerte que sufren los personajes, resulta excesiva e incluso forzada, pero una vez avanza la trama y se han sentado las bases de la mala suerte de la que son víctimas, todo va rodado. Cuesta creerlo, pero ya se sabe, unos nacen con estrella y otros estrellados, siendo éste último, el caso de los protagonistas.

Gran parte del peso cómico, lo lleva Martin Short, que encarna al personaje protagonista sobre el que se ceban la mala suerte y todos los contratiempos, despertando la mayor parte de risas. Exprime al máximo sus posibilidades cómicas, presentando toda una galería de muecas y gestos, con los que logra hacer reír, sin decir una palabra. Algo que parece fácil, pero que no lo es tanto.

No cae en el error de emplear y abusar de un humor escatológico y apuesta por un humor presentado con buen gusto. Sin ser nada del otro mundo, ni ofrecer grandes interpretaciones, logra levantar más de una sonrisa e incluso robar alguna carcajada.

Está en la naturaleza humana reírse del mal ajeno y esta película exprime esa condición al máximo. Sin ser una obra maestra, ni pretenderlo, no sólo logra entretener, sino que consigue hacer pasar un rato agradable, ofreciendo momentos de diversión y una vía de escape a los problemas del día a día.

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