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Un personaje ruso y sus amores

Por Enrique Fernández Lópiz

Recientemente he podido visionar esta superproducción rusa, El almirante, que puede ser considerada todo un drama histórico potente y llamativo, centrado en una figura olvidada en el tiempo, la figura de Aleksandr V. Kolchak, quien fuera almirante de la armada Rusa, un importante personaje dentro del ejército, exiliado de Rusia tras la revolución de 1917 y que poco después regresó para liderar el Ejército Blanco y combatir a las fuerzas bolcheviques que habían tomado el control, a través de su gobierno provisional en Omnsk, teniendo finalmente un desenlace dramático. Esta película, trenza el enfrentamiento de Kolchak al Ejército Rojo en aquellos inicios de la revolución, con su convulsa vida amorosa.

Su director Andrey Kravchuk (1962), construye una obra de 123 minutos de duración con un efectismo y un despliegue de medios inusitado, lo cual que no entiendo cómo este impresionante film pasó de puntillas por nuestras salas de cine. Tiene un excelente guión de Vladimir Valutsky y Zoya Coudrie, con una generosa y potente música de Gleb Matveychuk; y una preciosista y luminosa fotografía, con una cámara que siempre está donde debe, de Igor Griniakin. Magnificos vestuario y localizaciones.

El protagonismo recae en el sólido intérprete Konstantin Khabenskiy, actor reconocido internacionalmente que lleva con soltura el peso del filme; pero finalmente acaba dejándose arrastrar por el tono melodramático y un tanto excesivo de la obra; Elizaveta Mijáilovna Boiárskaia es una bellísima actriz que hace un papel redondo como amante del protagonista, o sea, la histórica Anna Timiriova. Estos dos pilares son secundados con gran solvencia actoral por actores y actrices importantes como Sergi Bezrucov, Anna Kovalchuk, Yegor Beroyev, Richard Bohringer, Viktor Verzhbitsky, Nikolay Burlyayev, Fyodor Bondarchuk, Robert Dawson, Vladistav Vetrov y Barbara Brylska.

En la película, Aleksandr Vasilievich Kolschak, comandante y explorador del Ejército Blanco se enfrenta al Ejército Rojo en la Siberia durante la guerra civil de la Rusia post-revolucionaria (1918-1920). Kolschak, militar respetado y prestigioso, que fuera nombrado por el propio Zar Nicolás Comandante en Jefe del ejército oficialista, era anti bolchevique y partidario a ultranza del zarismo. En la historia, este hombre casado y con familia a la más tradicional usanza cristiano-ortodoxa, se enfrenta al amor con Anna Timiriova, esposa de otro oficial de su ejército. La historia se mueve alternando la vida de este militar en la guerra, con su amor prohibido, en épocas muy difíciles.

Este drama bélico e histórico tiene escenas muy conseguidas y espectaculares, a lo que se une el amor que se cuela en medio de la batalla, o sea, otra batalla, la sentimental: dos guerras en una. Las dos horas de película se ven con interés, pues hay una trepidante sucesión de escenas muy cuidadas técnicamente. En cuanto a la historia de amor, hay dos aspectos. De un lado, que llega fácilmente al espectador; y de otra parte la bellísima y magnífica actriz Elizaveta M. Boiárskaia, que despliega un enorme y sutil saber actoral para el romance.

Al principio de la película hay una batalla contra barcos alemanes cuya calidad, credibilidad y angustia gusta necesariamente, pues además tiene unos efectos especiales de gran valor técnico y estético, obra del equipo de Kravchuk. Escenas de gran maestría y virtuosismo sobre una batalla entre buques rusos y uno alemán, que incluye la tal vez un poco exagerada escena en la que el protagonista Kolschak, en ese momento Vicealmirante, realiza un blanco prácticamente imposible en el buque de guerra germano. Pero ya digo, unas escenas de guerra en la mar impresionantes.

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Como decía, de forma paralela está la historia de amor entre Kolchak y la increíblemente hermosa Anna Timiriova (Boiárskaia). Un romance platónico y un desenlace de gran fuerza, que hará también las delicias a los aficionados al cine pasional edulcorado y folletinesco.

Aleksandr V. Kolchak es sin duda un personaje desconocido fuera de Rusia, pero durante la guerra civil de su país fue proclamado Gobernante supremo y su figura sigue siendo polémica aún hoy. Fue, según cuentan las crónicas, un hombre que se manejó mejor en el terreno militar que en el ámbito político. Él dirigió el frente anticomunista tras la revolución bolchevique.

Este biopic de Kravchuk hibrida disparos, bombas y hundimientos, con la tragedia de un amor imposible. Y no me equivoco si afirmo que son más espectaculares y de calidad las escenas de guerra e incluso la dimensión histórica de los acontecimientos, que la vertiente sentimental de la obra.

No obstante una muy importante superproducción rusa (grandes efectos visuales, intensidad y vistosidad). Ello disiente con unas incipientes escenas de amor solo salvadas por la maravillosa Boiárskaia. Kravchuk se pasa en el tema del romance con cierto tinte ñoño en su presentación y en sus diálogos.

Y resulta lamentable que un director de la talla de Andrey Kravchuk, no haya sabido profundizar como habría merecido, esta figura tan importante como polémica durante décadas en Rusia, por parte de historiadores y dirigentes políticos. Pensemos que con el transcurrir de décadas y tras la caída del comunismo, hubo propuestas e intentos por rehabilitar su figura, pero fueron sistemáticamente rechazadas. Finalmente, en 2002 se le erigió un monumento como militar convencido de haber estado luchando por su país. Lo cual efectivamente fue así, pues él lo único que hizo fue ser fiel al gobierno que lo nombró y al ejército al que pertenecía. Pero las revoluciones y los golpes de mano tienen estas cosas: al final, los que ganan son los que mandan, aunque haya sido a costa de millones de muertes, tanto en la guerra como entre los represaliados del régimen, sobre todo por parte de Stalin, como bien es sabido.

Y así pues, esta película no perdurará, pues en vez de ir a la médula de los aspectos relevantes de este innegable líder y egregio militar, el film se quedó mayormente en un producto con su interés estético y de visionado asequible, pero a la postre un producto ingenuo y manido. No hay más que pensar, cuánto de partido se habría podido obtener indagando en un hombre como Kolchak (1874-1920), que defendía la guerra como catarsis purificadora, así como el nacionalismo y el militarismo, a los que consideraba principales virtudes humanas; y que se oponía al pacifismo, al socialismo y al internacionalismo, que asociaba a la democracia occidental, en cuya conveniencia para ser implantada en Rusia no creía ¡Todo un personaje de firmes convicciones! (aunque no se compartan).

Además, Aleksandr Kolchak fue reconocido por importantes personajes contrarrevolucionarios como «el mejor ruso para nuestro propósito en el Lejano Oriente». De hecho, finalmente, con la ayuda de británicos y otras fuerzas en la zona de Siberia, Kolchak fue aupado a Gobernante supremo y montó su residencia en Omnsk. Proclamó una especie de dictadura, a pesar de sus iniciales buenas intenciones cuando publicó: “El establecimiento de la ley y el orden, de manera que el pueblo ruso pueda ser capaz de elegir una forma de gobierno de conformidad con sus deseos y alcance los altos ideales de libertad e independencia. Hago un llamamiento a ustedes, los ciudadanos, para unirse y sacrificarlo todo, si es necesario, en la lucha contra el bolchevismo”. Pero Kolchak, al parecer, no tenía astucia política ni el necesario carisma para lograr el respaldo popular. Era un militar acostumbrado a mandar más que a negociar. Pero curiosamente, según contaba su ministro de Defensa en 1919: “Carece de planes, sistema o voluntad propios. Y de este modo era como cera blanda que sus consejeros y su cortejo moldeaban a voluntad. Era como un juguete desvalido en manos de aquel que lograse su confianza y hacerse con su voluntad.” Hubo importantes avances y victorias de Kolchak contra el Ejército Rojo, ayudado sobre todo por los británicos. Pero finalmente y en una historia de guerras, etnias y amotinados, en noviembre de 1929 Kolchak abandona Omsk. Tras la evacuación de las tropas extranjeras en la zona y el abandono de las tropas checoslovacas, y polémicas decisiones tomadas por los mandos, Kolchak fue entregado a los rojos y el presidente del comité militar revolucionario del 5º Ejército, Smirnov, acabaría con su vida en febrero de 1920, contraviniendo las órdenes del mismísimo Lenin que habría querido juzgarlo en Moscú.

Escribo esto, que no son más que algunos retazos históricos, para subrayar que en el film apenas hay detalles del perfil político, mental e incluso militar de Kolchak, de las razones de su oposición a los bolcheviques, sobre su papel en la cruenta guerra civil que asoló Rusia desde 1918 donde las barbaridades se prodigaron en uno y otro bando, de la verdadera historia del personaje protagonista que supera con mucho esta película. Al final, un film que se pierde en lágrimas y abrazos amorosos. Y si lo que pretendía era humanizar la figura del protagonista, más le hubiera valido aprender del gran director también ruso, Alexander Sokúrov (1951), quien realizó importantes cintas sobre personajes relevantes del siglo XX como Hitler, Lenin o Hirohito; incluso una entrevista a Alexander Solzhenitzyn o esplendorosas películas como El arca rusa de 2002, con imágenes visuales hipnóticas y una gigantesca toma sin corte alguna; o Fausto de 2011 (León de Oro del Festival de Venecia). Tal vez Kravchuk habría aprendido cosas importantes de él.

 Este film tuvo mayor divulgación y acogida en dentro de su Rusia natal, que fuera de ella. Pero insisto en que es una película interesante, por supuesto más que tantas que vemos en las carteleras “oficialistas”. Con una fórmula de cierto cine épico y también de entretenimiento. Lástima que la simpleza de la historia de amor, le reste finalmente pulso. Pero es sin duda una obra que tiene su fuerza.

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