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Un Orduña descompensado

Por Enrique Fernández Lópiz

El frente de los suspiros se sitúa en el año 1937 en Sevilla. Servando Ortigosa, joven juez gallego, es destinado a los juzgados de Sevilla. Mientras se dedica a solucionar el caso referente a una herencia, descubre, mientras curiosea viejos legajos, el sumario de un caso de suicidio que le resulta sospechoso y lo lee. Se trata del suicidio de María de los Reyes Vargas y Montijano ocurrido en 1920. Pero Ortigosa no tarda en sospechar que en realidad se trata de un crimen que quedó inmune. Servando, llevado por su instinto de juez, y también por la azarosa circunstancia de conocer a la familia personalmente, se consagra a esclarecer el mencionado caso recurriendo al forense que hizo la autopsia y entregado a otras pesquisas con el mismo objetivo. La trama se irá enredando hasta quedar aclarada la tal muerte y a la vez transitando la historia por derroteros insospechados.

La acción de la película transcurre en la Sevilla de guerra, y al hilo de la investigación del juez aparece una familia desestructurada con un padre viudo, dos hijos y un hermano vividor que vuelve arruinado al cabo de los años de vagar por el mundo. En ese proceso de investigación el juez conoce y se enamora de una gitana cantaora, pues él es poeta, olvidándose de su novia que espera sus noticias en un pueblecito de Galicia. Pero historia de amor casta y muy casta, acorde al tiempo y a su director. Y ni que decir tiene que hay un personaje que es quien asesinó a la mujer que supuestamente se había suicidado, pero este extremo queda un tanto confuso. Y por lo demás, todo muy Orduña.

Como ya he dicho con anterioridad en esta página de Ojo Crítico, el director Juan de Orduña fue un hombre de cine, más allá de su ideología, “uno de los cineastas más prolíficos tras la Guerra Civil y también uno de los favoritos del público de la época”. Y aunque este film resulta un tanto enrevesado y folletinesco, el sello de su director está inscrito en sus imágenes, en los planos y primeros planos, y en su manera de realizar enfoques, o sea, que tiene una calidad y cualidades técnicas que nadie puede negar que sea de su padre Don Juan.

El guion es también de Orduña, adaptación de la novela homónima que da título al film de Jaime de Salas Merlé (1895-1977), que escribe una historia de tinte costumbrista en la que pone de manifiesto su ideología conservadora y sus profundas creencias religiosas. Y obviamente, la película sigue los pasos de la novela. Pero es una película con un argumento extraño para una cinta española de 1942. El arranque es estupendo, aunque el desarrollo no tanto. Quizás el mayor problema sean los diálogos, demasiado retóricos, pero, en realidad, probablemente fuera como hablaba la gente de buena posición en aquel entonces.

El título se explica en la película, cuando Pablo dice: “La guerra tiene tres frentes, el de los soldados que luchan, el de los civiles que trabajan y el de las mujeres que suspiran”. Y le replica la sobrina: “Qué bonito, el frente de los suspiros”. Y continúa Pablo: “Eso es, el ‘frente de los suspiros’. Las madres suspiran por sus hijos, las mujeres por sus maridos y las chicas por sus novios”. Este diálogo no sólo explica el título sino que además da la pista definitiva de por dónde va la película. Una Sevilla en plena Guerra Civil y manifestaciones de gran patriotismo, como el deseo del jovencito de la casa, hermano de la protagonista, de querer morir joven por Dios y por España y así poder ir directamente al cielo (suena a integrismo). Pero la mayor base propagandística es el clima ciudadano lleno de calma e incluso con juergas nocturnas y cante, como si nada ocurriera, todo ello con un nivel de vida elevado sólo “posible” en el bando nacional.

La banda sonora de Juan Quintero es especialmente buena, rasgo elogiable cuando se considera que la mayoría de las bandas sonoras de las películas españolas clásicas son tirando a regulares. El director de fotografía Heinrich Gärtner (fotografía en B&W) hace una trabajo excepcional con fotogramas de corte expresionista, con blancos y negros contrastando en cada plano.

En cuanto al reparto la cosa resulta muy curiosa. El protagonista no es quien habría tenido que ser, el súper galán de la época Alberto Mayo, quien por cierto lo hace bien. El verdadero protagonista fue Fernando Fernández de Córdoba, que se coló de rondón como figura principal aunque con poca fortuna; Fernández de Córdoba era un locutor de radio con gran predicamento entre la gente de Franco. Pastora Peña es una actriz mediana pero da el pego más o menos. Luego Orduña desvía la cinta hacia la comedia y ahí están Antoñita Colomé, Manuel Arbó, Rafaela Satorres, Fred Galiana, Fortunato Bernal, María Luisa Gerona y Delfín Jerez, que viniendo la mayoría del teatro pasan el corte. Además, las interpretaciones están lastradas por textos enfáticos, aunque los actores los defienden con dignidad.

Tercera película de Juan de Orduña que junto a las dos anteriores aborda el tema de la guerra civil española. En 1941, Porque te vi llorar; y en 1942, ¡A mí la legión!

En fin, esta película es un documento de época que no aburre al aficionado al cine, con algún momento folklórico que no produce vergüenza ajena, lo cual ya es bastante. Por supuesto hay aspectos que no se ven, tales como que rodaje tuvo problemas y que costó acabar. Además, no tuvo especial repercusión ni éxito de taquilla y, como decía, un reparto descompensado y un tanto extraño. El casting no se lució.

Concluyendo, melodrama rodado en la postguerra española y un Orduña que no tuvo en su mejor momento.

Escena: el enamorado juez-poeta: https://www.youtube.com/watch?v=_9rdE6HLz8s.

Comentarios

  1. carlos

    Alfredo, Alfredo Mayo, no Alberto, que se ha equivocado…Ah, y si me permite, comentar que Fernández de Córdoba fue el locutor que leyó para toda España el parte que anunciaba el final de la Guerra “Cautivo y desarmado el Ejército Rojo…” según dijeron en “Historia de Nuestro Cine”

    • enrique

      Carlos gracias: a) por la corrección que ha sido un lapsus mío de poner Alberto por Alfredo (Mayo); y (b) lo de que Fdez. de Córdoba dio el parte del fin de la guerra no lo sabía. Perome pregunto ¿y qué le han parecido mis comentarios? Porque algo bueno tendrán, digo yo.

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