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Un nuevo desastre de Ridley Scott

Por Javier Fernández López

Está en racha el cineasta Ridley Scott desde que nos trajo Prometheus. Ahora le tocó el turno a otro mito, esta vez bíblico: el éxodo, el relato que narra la liberación de los hebreos por parte de Moisés. El título es Exodus: Dioses y reyes, pero no hay nada divino ni de carácter real en la cinta, porque todo carece de alma y de personalidad. La película llegó a España con unas declaraciones bastante polémicas del propio director:

No puedo montar una película con este enorme presupuesto donde hay que depender en gran parte de las devoluciones de impuestos en España con un actor principal cuyo nombre real sea Mohammed. De esta forma no conseguiré financiación de ninguna clase para poder llevar a cabo el rodaje de la película

Esto se debe a las críticas que recibió la película de antemano por el reparto, actores blancos que fueron maquillados con tal de que quedase bien a la hora de relatar la historia de la película. Sigourney Weaver, Christian Bale, Aaron Paul, Joel Edgerton, María Valverde… actores de raza blanca en una película en la que, por mera coherencia narrativa, no deberían estar. Scott se defiende diciendo que aquí no podría haber rodado la película bajo esa premisa en tanto que en España hay racismo.

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Dejemos de lado las opiniones de este cineasta que poco a poco se hunde gracias a unos trabajos, cuanto menos, decepcionantes. ¿Qué es Exodus: Dioses y reyes? En pocas palabras, el film pretende esconder que es un remake con actores reales de la magnífica cinta de DreamWorks El príncipe de Egipto. ¿Por qué? Porque fue DreamWorks quien nos ofreció un enfoque distinto del mito al dar importancia a la relación fraternal entre Moisés y Ramsés. Nuevamente nos encontramos con este choque de hermanos, sólo que peor contado, más precipitada la caída de su amistad, y eso que el film de Scott dura sus buenos 151 minutos. Por no hablar de la fotografía, que ensucia el resultado final, o la banda sonora compuesto por Alberto Iglesias, que en muchas cosas pasa inadvertida.

Busca el apoyo en los efectos especiales, porque sí, el momento de las plagas o la gran ola son momentos de absoluta grandeza visual, pero sin magia y drama. Y personalmente, ya que hay un atrevimiento a querer ser original con la relación entre Dios y Moisés, por qué no hacer de Moisés un personaje que tenga algo que decir, y no un mero monigote que realmente no hace nada, pero nada de nada.

También debo decir, y esto no es culpa de Ridley Scott, que los últimos compases del mito de Moisés siempre han carecido de magnificencia. Ensucio un mito de gran potencial. Que los hebreos realmente nunca llegaran a su destino por estar 40 años caminando y que el propio Moisés no pudiese entrar a la tierra prometida manchan la historia de una manera impresionante. En Exodus no llegamos a ver tanto, pero se amaga con ello, y empobrece la historia en enorme manera. Esto, claro, es una opinión personal. Habrá quien piense que esos detalles enriquecen su historia.

En resumen, Exodus: Dioses y reyes no deja de ser una superproducción de altos niveles, pero sin magia, sin alma, sin nada que comentar después de verla. Actores desaprovechados, como Aaron Paul, que aparece a modo de postureo (permítanme una jerga menos formal), y María Valverde con un papel más diplomático que justificado. Esta revisión del mito no quedará en el recuerdo.

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