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Un mal plagio que no se estrenó en España

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi anoche Furia (The Samaritan) y me llamó la atención su irregular tirando a malo recorrido, tenida en cuenta que es una película reciente que ha pasado de largo y sin rastro por las pantallas españolas, es decir, que ni siquiera se ha estrenado. Y desde luego no es para menos.

La historia relata el momento en que Foley (Samuel L. Jackson) sale de la cárcel tras veinticinco años de condena en un penal de alta seguridad. El buen señor, un hombre de color rondando los cincuenta, pretende insertarse a la sociedad, buscar un trabajo y poner orden en su angustiada y delictiva vida. Foley es un asesino confeso y un estafador profesional. En un episodio del film, aparentemente de manera fortuita se encuentra con una joven igualmente negra que está siendo violentada por un sujeto peligroso. Lo cual que la salva de ser violada. La chica, de nombre Iris, lo invita a su casa y allí inician una vida en común en lo aparente feliz. Pero esta posibilidad se va desvelando fatal conforme nos damos cuenta que la tal Iris ha sido puesta en el Bar donde la encontró Foley, por un joven psicopatón, o sea el malo (Luke Kirby), antiguo colaborador de fechorías de Foley, que además sabe que la tal Iris es ¡la hila de Foley! ¡Cartón lleno! El mito de Edipo invertido (Electra), padre que mantiene relaciones con su hija. Obviamente, Foley queda abatido y se ve forzado a llevar a cabo una fechoría (un timo) en toda regla, por la presión perversa de su ex-socio que acaba poco menos que obligándolo a delinquir, con todo tipo de chantajes. Foley tendrá que enfrentarse a unos viejos enemigos muy peligrosos. Final triste-feliz, según se vea, donde cae hasta el apuntador.

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Película canadiense dirigida de forma plana, sin vitalidad y con irregular resultado por David Weaver, a quien se le va la pinza bastante con una trama rara, con unos escenarios oscuros, con una componenda insólita. Además, el film es lento, tarda en arrancar y cuando lo hace se precipita. El guionista Elan Mastai junto al propio Weaver construyen como decía una especie de historia fatal donde el sino de los personajes parece abocarlos, sobre todo al protagonista Foley, a un desenlace detestable que incluye un gratuito y forzado incesto, si bien el protagonista no sabe lo que hace salvo con posterioridad. Por eso digo que el guión parece querer mezclar el cine negro con la Mitología más conocida, tales los mitos de Edipo Rey o Electra. Un recurso que, ahora diré, está desde mi modo de ver, un tanto traído de los pelos para una cinta de cine negro y violento como este. Y además, es fruto de un plagio. Pero sigo.

El incesto es uno de los tabúes por antonomasia, que reguló la sociedad y las formas de unión desde tiempos inmemoriales, junto a otros tabúes como el del crimen o la antropofagia, y que ya han sido extensamente estudiados por antropólogos o por el propio psicoanálisis freudiano en la conocida obra Tótem y tabú de 1913, aunque es un tema recurrente en la obra de Freud, pues uno de los pilares de nuestro psiquismo según él viene muy determinado por el conocido Complejo de Edipo que se produce en torno a los cuatro y seis años. O sea, esta película quiere sensibilizar al espectador con toda esta tramoya ya sabida y que siempre toca a arrebato, y en este caso creo que de manera innecesaria.

La fotografía de François Dagenais es bastante oscura, demasiado; la música de Todor Kobakov no sobresale especialmente; y la puesta en escena y el montaje entran dentro de lo más normalito que se despacha.

En cuanto al reparto, aunque no sea un reparto estelar, todos cumplen mal que bien, salvo uno que es nefasto y al que ahora me referiré. Brilla con luz propia el protagonista Samuel L. Jackson, un actor solvente de quien yo diría que a pesar de su edad y de su físico, cumple bien con su trabajo. El papel que Jackson interpreta con corrección es el de un hombre atormentado que ha perdido familia, amigos, conocidos y carece de recursos económicos; un perdedor que pretende una segunda oportunidad para redimirse; le siguen en un equipo de actores y actrices que a veces sobreactúan Luke Kirby, que es el malo pero que no da la talla de malo y hace una interpretación horribilis; Ruth Negga cumple más o menos en su ambiguo rol; Tom Wilkinson, Gil Bellows o Aaron Poole se desempeñan con oficio. La mayoría cumple pero ninguno destaca especialmente en esta especie de thriller más propio del género B.

Y no hay que olvidar algo muy importante: esta película es una versión mediocre de otra obra con enjundia, tal Old boy del coreano Park Chan Wook de 2003. Pues bien, los guionistas no han tenido empacho en tomar las ideas de esta película de Chan, y copiarlas sin rubor. De esta guisa, Weaver sólo toma la premisa del coreano como pretexto para construir un espectáculo de acción y violencia, pero sin profundizar en nada que tenga que ver con el drama filosófico. Mientras esta es una película mediocre, Old boy es una cinta potente en su análisis de las profundidades del corazón humano. O sea, hay mucho de plagio en esta película, plagio que empero no le llega a la suela del zapato a la original.

Conclusión: como dice el famoso poema de Max Ehrmann Desiderata: “Evita a las personas ruidosas y agresivas, / ya que son un fastidio para el espíritu”. Pues bien, evita esta película, nada pierdes, ganas.

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