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Un lobo con piel de lobo

Por Adrián Pena

Un lobo con piel de lobo, así es como nos muestran Scorsese y DiCaprio a Jordan Belfort, un lobo avaricioso que quiere hasta la luna, tiburón de las finanzas de Wall Street y centro de esta caótica e hilarante historia; una historia que muestra los excesos y abusos en el centro financiero mundial.

El ascenso y caída del sueño americano nunca antes había sido llevado a la pantalla de manera tan genial y pese a sus 3 horas de duración te deja con ganas de más. El éxtasis vivido en la pantalla es contagioso y el resacón en Wall Street posterior no podrá evitar sacar una sonrisilla en la cara del espectador. Scorsese tira de talento, veteranía y originalidad para enseñarnos su nueva creación, un film totalmente distinto a lo visto con anterioridad; su bebé es todo un monstruo (en el buen sentido de la palabra). La película más atrevida, arriesgada y descarada de la gran sociedad formada por Marty y Leo. Si Casino era la versión 2.0 de Uno de los nuestros, este Lobo de Wall Street es la versión 2.0 de Casino. Por sofisticada y por ir un peldaño por encima en la escala social. Se podría decir que con esta cinta cierra lo que podría ser una sobresaliente trilogía, brillante. Sin duda esta cinta es la octava maravilla de Scorsese.

Si al talento de un gran director le sumamos el talento de uno de los grandes actores de los últimos años, el resultado no podría ser otro mas que el éxito. Un cóctel explosivo para deleite de los sentidos del público, un producto con sabor propio, una exquisitez para los paladares. La sobredosis de humor y excesos de la vida de Belfort enganchan al espectador, era necesaria una droga así; entre tantos dramas nominados al Oscar es necesario y justo para el espectador tener comedias negras y tronchantes de este nivel. Sus 3 horas de alucinógena y adictiva diversión están llenas de escenas de sexo, alcohol y drogas explícitas mezcladas con acierto con descacharrantes situaciones.

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Sin duda alguna esta película no sería lo mismo sin la presencia del todopoderoso DiCaprio (en todos los sentidos) en la pantalla. Su electrizante y vibrante interpretación es una de las más difíciles de su carrera. Pero Leo no se merece la nominación al Oscar, Leo se merece que le den el Oscar directamente sin pasar tantos trámites, el Oscar de este año debería tener ya el nombre de DiCaprio grabado. Derrocha energía, potencia y poderío pasando en cuestión de segundos del subidón al bajón de manera increíble. Para más inri, DiCaprio encuentra en Jonah Hill el socio perfecto para hacer más fuerte a la película, convirtiéndose en un secundario imprescindible de la filmografía de Marty. ¿Estaremos ante su nuevo Joe Pesci? Sin duda alguna, es una alegría ver que De Niro y Pesci han encontrado en estos dos jóvenes valores a sus sustitutos. La cantidad de situaciones descacharrantes que dejan a lo largo de los 180 minutos pasarán a la posteridad del cine; sus viajes en avión, sus despedidas de solteros, sus abusos de las drogas y su vida en Wall Street son desde ya parte esencial del cine.

Tras ellos dos encontramos secundarios que cumplen perfectamente en sus roles, desde Matthew McConaughey (mentor de Jordan y clave en el ascenso del personaje) hasta Margot Robbie (su mujer), pasando por John Bernthal, Kyle Chandler, Rob Reiner o Jean Dujardin. Todos ellos hacen que la película sea un lujo, un Armani del cine.

El único problema que se le puede achacar a la cinta, y no es su duración, es que tal vez falte algo de profundidad en la trama, demasiados excesos con un DiCaprio que es el auténtico centro de todas las miradas, el amo de un show que domina; pero se hecha en falta más minutos en pantalla del personaje de Kyle Chandler y toda la investigación del FBI y, por supuesto, a las víctimas de este lobo. Aun así, el producto final sigue siendo muy entretenido y, por supuesto, muy, muy, pero que muy divertido.

Probablemente no gane el Oscar, pero su vitalidad y energía me quitaron 10 años de encima, disfrute como nunca del cine de Scorsese, nunca me he reído tanto con una película nominada al Oscar. Que aúlle el lobo al son de la melodía de McConaughey.

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