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Un legado es más que un nombre

Por Javier Fernández López

Sí, lo cierto es que podría empezar diciendo que Creed es un remake a modo de secuela, como lo dije de Star Wars: El despertar de la fuerza. Pero eso lo diría un ciego, alguien que no quiere ver que la película de Ryan Coogler tiene más virtudes que defectos y que es la mejor secuela que ha tenido Rocky con el permiso de la grandeza de Rocky II y la operística de Rocky IV. No es una vuelta a los orígenes como algunos andan predicando, porque entonces han ignorado por completo cuál ha sido el camino de la saga desde sus comienzos. Es verdad que fruncí el entrecejo cuando conocí el proyecto, la idea. ¿De verdad iban a exprimir más la naranja? ¿Daba para más un personaje que se convirtió en un icono popular? Estaba equivocado, porque más que un icono de la cultura popular o del cine, Rocky siempre fue una buena película, y esa fue, es y seguirá siendo su mayor virtud. Y la saga siguió construyéndose como la propia vida, avanzando gracias al éxito cosechado. Vimos a Rocky perder y vimos a Rocky ganar. Lo vimos madurar, lo vimos buscando no sólo el respeto de los demás, sino también el autorespeto que tanto necesitamos como personas. Lo vimos dormirse bañado de oro y lo vimos recuperar la mirada del tigre. Lo vimos luchando contra el Goliat ruso haciendo que un combate transcendiese más allá de la venganza o la rivalidad personal. Y lo vimos perderlo todo, hasta que volvió a las calles frías y duras de Philadelphia donde empezó todo, donde una niña que años después sería su amiga lo insultó por darle un gran consejo. También lo vimos hace unos años queriendo volver al sitio del que jamás debió salir para hacer salir todo el dolor que llevaba dentro, toda la rabia por la pérdida del amor de su vida. Y ahora vemos a Adonis Creed, el hijo perdido de Apollo Creed, el mejor amigo y rival de Rocky, queriendo forjarse su propio camino como lo hicieron ellos, pero con vientos nuevos que anuncian la llegada de una nueva aventura que promete ser muy grande.

Sí, es cierto, coge prestado el esquema original, pero aquí Rocky no regresa para ser de nuevo lo que era. Su personaje ha evolucionado, no se sitúa en el mismo sitio, ha seguido adelante, y eso es precisamente lo que le tormenta. Estamos ante una cinta, Creed, que podría servir de ejemplo para cuando quiero hacer eso que se suele llamar “homenaje”, aunque en realidad el efecto nostálgico es prácticamente simbólico, pues estamos ante una total secuela que marca con nuevos pasos el rumbo de la saga. Adonis no es Rocky, pues el primero no tiene las mismas motivaciones del segundo para luchar. Son hombres distintos, pero unidos por un lazo más grande que el que puede forjar la sangre.

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Ya no tenemos la música de Bill Conti, sólo pequeños fragmentos de ese gran legado que nos dejó. Esta vez tenemos a Ludwig Göransson, alguien que merece un aplauso por lo que ha hecho y conseguido, nos ha dado nuevos ritmos y un nuevo soundtrack que renueva el espíritu de la saga con sangre nueva. Aunque es Ryan Coogler el que se merece un aplauso por el guión (en colaboración con Aaron Covington) y por la dirección. Magistral trabajo que ha hecho el cineasta con esta película, que se ha atrevido a filmar una escena completa en plano-secuencia que dura aproximadamente 3 minutos y que contiene uno de los combates de la película. La palabra que define con total justicia este trabajo es “enormérrimo”. Y mayor virtud tiene además que el director no haya querido abusar del recurso para que la película alcance unas cotas de ritmo y narrativa realmente altas, tanto que la película, pese a su excesiva duración, no se hace pesada en ningún momento.

¿Qué más nos queda? Sí, está la gran interpretación de Sylvester Stallone, el hombre que se merece todos los premios posibles por regalarnos un personaje tan lleno de lecturas como este, alguien cercano a nosotros. Aunque no se llevara el reconocimiento de la  Academia, sería indiferente, porque ya tiene ganado el abrazo de cada uno de los espectadores que ha disfrutado esta película. Gracias. Y también un aplauso, y apoyo, a Michael B. Jordan por su trabajo, que aunque sea una interpretación con menor dificultad está fenomenal en su papel, le va como un guante (nunca mejor dicho). Ojalá esto le sirva para olvidar el despropósito de Cuatro fantásticos.

Creed es una de las grandes películas del 2015. En realidad, es una gran película, ambiciosa también, pero no cae en el error de serlo con algo que no puede conseguir. A la espera de ver el próximo desafío de Adonis Creed.

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