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Un gran Hooper en modo automático

Por Javier Fernández López

No se engañen por el título, esto no va a ser una crítica negativa, todo lo contrario. Sucede simplemente que a uno le hubiese gustado ver un poco más de chispa y riesgo por parte de un director al que tengo en alta estima después de ver The Damned United, El discurso del rey y Los miserables. Son tres grandes películas que, a mi juicio, ha puesto a Tom Hooper en lo más alto del panorama cinematográfico. Por eso, aunque me haya gustado mucho La chica danesa, quiero mostrar un mínimo de preocupación ante la posibilidad de que Hooper haga lo mismo que otros directores, que no muestre más ingenio en un nuevo proyecto que el que ya le ha hecho brillar, y eso al final acabe oscureciendo la magia.

Y es que La chica danesa es una cinta “on-rails”, es decir, sigue un camino muy cómodo hasta su desenlace sin moverse ni un milímetro de la hoja de ruta señalada por la dirección y el guión. A esto me refiero a que le faltado ese punto juguetón, el que imprimía el ritmo de sus anteriores películas. Por lo demás, estamos ante una película con unas actuaciones brillantes, sobre todo de Alicia Vikander, que está sensacional en la cinta, mientras que Eddie Redmayne, aunque genial también, no brilla tanto como lo hizo en La teoría del todo. Esto puede deberse a que realmente esta historia biográfica realmente no da para más, porque no es una cinta romántica al uso ni tampoco un drama convencional como tal. Es, y perdonen la expresión pues no hay nada despectivo en ello, una rareza como la propia protagonista, una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre que despierta ante la delicadeza de la feminidad. Lo que empieza siendo un juego al final deja de serlo, y se convierte en una realidad, una persona que afronta el día a día preguntándose quién es verdaderamente.

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Podría decirse, además, que a Lili no le ayudó su época, pero lo cierto es que a día de hoy la transexualidad todavía se está asentando. A mí me lo explicaron por primera vez en la película A Wong Foo, Gracias por todo, Julie Newmar, en donde Wesley Snipes nos explicaba la diferencia entre un travesti, un transexual y una drag queen. Pero hoy día permítanme decir que, aunque no siento rechazo alguno, lo veo algo extraño, pero quizá ahí está lo extraordinario de la vida, en este caso Einar, que vivió su propia metamorfosis hasta convertirse, irónicamente, en lo que era desde un principio.

Pero si por algo realmente aplaudo esta película es por una lectura personal que hago de ella. Estamos ante un matrimonio de artistas, pintores de la época que se ganaban la vida de un modo casi bohemio afrancesado. Un día la esposa le pide al marido que se ponga una prenda femenina porque necesita terminar uno de los cuadros. Entonces Einar, con esas suaves prendas sobre él, se siente vivo. Ve su imagen en un cuadro y lo que ve es la verdad que hay en él, por lo que su sueño es ser ese cuadro, porque aquel dibujo transciende a él más allá de su propio ser. Hay más belleza sobre ese lienzo que en él mismo, su alma ha quedado atrapada cuando su esposa usaba la brocha y su cuerpo se ha ido vaciando. Y la gente aplaude a Lili, observan a Lili, reflexionan sobre ella y sobre sus formas. Einar deja de tener sentido, tanto existencial como funcional. ¿Quizá estamos ante la hiperrealidad de Einar o ante la el amor que contempló Lili al sentirse viva?

En definitiva, una cinta más que recomendable que podría haber sido más de haber jugado un poco más al riesgo con el relato, pero no cabe duda de que La chica danesa es una gran película.

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