Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Un francotirador más cercano y emotivo que el de Eastwood

Por Enrique Fernández Lópiz

Pocos días después de haber visto en su estreno el film El francotirador de Clint Eastwood, mira por donde me tropiezo en la TVE con Enemigo a las puertas dirigida con el magisterio de Jean-Jacques Annaud y que trata igual de francotiradores. Yo ya sabía de esta película, pero no la había visto y entonces no pude sustraerme a la tentación de visionarla y compararla con la de Eastwood: las comparaciones son odiosas, pero también son útiles para ordenar criterios.

La película se desarrolla en plena Segunda Guerra Mundial, a finales del verano de 1942, cuando el otoño augura el frío invierno ruso. En ese entonces las tropas de Hitler habían avanzado por el frente oriental hasta la mismísima Stalingrado en el marco de la llamada Operación azul, que pretendía tomar los pozos petrolíferos del Cáucaso, con el 6º Ejército Alemán al mando del General Paulus. Para ello no dudaron en devastar Stalingrado y convertirlo en ruina y muerte. A la postre, ese escenario derivaría en la denominada “guerra de ratas”, en la que soviéticos y alemanes luchaban calle por calle y casa por casa entre los escombros. O sea, el film se desarrolla en el escenario terrible de la más sangrienta batalla de la humanidad, sí, la más grande batalla jamás conocida, que arrojó un saldo de más de DOS MILLONES de muertos entre uno y otro bando, entre militares y civiles: ¡se dice pronto!

Por lo tanto, ver esta película lo pone a uno en estado de máxima alerta y con la adrenalina histórica hasta en los dientes, por la sanguinaria contienda que fue esta Batalla de Stalingrado entre el Ejército Rojo y la Wehrmacht (ejército, armada y fuerza aérea), la nueva y moderna organización armada de la Alemania nazi y sus aliados del Eje, por el control de Stalingrado. Además de los intereses petroleros de Hitler, esta batalla era la última opción soviética de hacer retroceder a los alemanes. En caso contrario, la ex URSS tal vez habría tenido que firmar la capitulación, pues su país habría quedado dividido en dos y sus reservas energéticas intervenidas. De manera que el mundo esperaba con ansiedad el desenlace de esta batalla crucial.

Como es bien conocido y documentado, la grave derrota de Alemania y sus aliados en esta ciudad, significó un punto clave y de severa inflexión en los resultados finales de la guerra,y representó el principio del fin del nazismo en Europa, pues la Wehrmacht nunca recuperaría su fuerza anterior ni obtendría más victorias estratégicas en el Frente Oriental.

Pues bien, allí, entre el laberinto de calles y edificios en ruina, cuando flaqueaban los ánimos del ejército rojo, un francotirador ruso, Vassili Zaitsev, perseveraba en la empresa de eliminar a sus enemigos uno por uno con su fina puntería ejercitada desde niño con las lecciones de su abuelo en los Urales. Danilov -el oficial encargado de la propaganda soviética- lo convierte en un héroe nacional que debe servir de ejemplo para animar a las tropas a proseguir la lucha contra el ejército invasor. Y en el film, para personalizar y dotar de tensa emoción la historia, se cuenta cómo los alemanes por su parte, envían al frente de Stalingrado a su mejor francotirador, el mayor König, para que elimine a Vassili.

Estamos ante una obra basada en hechos reales. Obviamente tiene sus ficciones, pero la batalla fue y los personajes de la película existieron también, quizá un poco-bastante magnificados por la propaganda militar, pero esa es otra cuestión.

enemigoalaspuertas2

El guión de Alain Godard y Jean-Jacques Annaud está parcialmente basado en la novela homónima de William Craig Enemy at the Gates: The Battle for Stalingrad, que narra la mencionada batalla y cuenta sobre el personaje Vasili Záitsev, que es interpretado por el actor inglés Jude Law con irregular fortuna. La película cuenta el duelo de los francotiradores Vassili Záitsev versus Wehrmacht Erwin Köning, interpretado de manera brillante por un Ed Harris sembrado que se lleva gran parte del peso actoral del film. Ambos tiradores de élite mantendrán una particular guerra personal mientras la ciudad rusa se destroza y se desangra a orillas del Volga. Igualmente se cuenta el romance de Vassili con Tania Chernova (Rachel Weisz), lo cual que parece ser igualmente cierto históricamente.

Tiene una muy buena música de James Horner y excelente fotografía de Robert Fraisse que contribuye a dotar de gran fuerza expresiva las diferentes tomas de la película. Además, la puesta en escena es grandiosa en esta superproducción bien dirigida (con “peros”), por un Jean-Jacques Annaud que no tuvo su mejor momento, justamente en la que fue considerada la producción europea más cara y que deleitó a muchos espectadores con escenas de guerra impactantes y dramáticas, y asombrosas escenas de acción entre las que cuenta el espectacular ataque aéreo al comienzo de la película; y el desembarco de los pobres jóvenes traídos a la fuerza de las estepas siberianas a poner el cuerpo y poco más; hay momentos en los que se puede oler el humo y la sangre al otro lado del río, se masca el polvo y se siente el rugir de los stukas en su picado sobre las barcazas del río.

Una co-producción USA-Alemania-Reino Unido-Irlanda; Paramount Pictures / Mandalay Pictures present a Repérage Production que nos toca en el alma a los europeos y nos recuerda lo que ojalá nunca más se vuelva a repetir la locura y el delirio de un demente que quiso conquistar el mundo y que, curiosamente, cometió errores parecidos a otro gran delirante de nuestra era moderna, Napoleón, que también caería en Batallas rusas como la de Borodino, por las mismas causas del frío y el desabastecimiento en la Rusia entonces Imperial; y en este caso de Napoleón, no puedo evitar decir que en el lado occidental de Europa, a Napoleón lo frenó la rebelión de un pueblo, el español, que a fuerza de emboscadas y guerra de guerrillas (cura Merino, el Empecinado, etc.) socavó los ánimos de los gabachos; siendo que el pueblo estuvo abandonado de la monarquía y el ejército, prácticamente vendidos al invasor. Pues que todo hay que decirlo.

Y con relación a la película que nos trae aquí, quiero subrayar que los fallos, que haberlos hay-los, palidecen al lado de aquellos momentos en los que la película lleva la historia a la vida misma; un trozo de historia crucial para Europa y tremendo en pérdida de vidas humanas. Y no solo los muertos en batalla, también los ametrallados por la propia tropa rusa que aniquilaba a sus propios compañeros que en ocasiones se retiraban ante la impotencia de la superioridad germana. Hay instantes realmente espeluznantes. Como cuando se da la orden tras desembarcar a duras penas en el Volga, de que vayan dos soldados por fusil, para que cuando caiga el que porta el arma, sea el compañero quien continúe avanzando con el fusil del caído pues no había ni siquiera un arma para cada uno: ¡brutal! Y es que según la orden de Stalin: “¡Ni un paso atrás!”.

En el reparto, el mejor es sin duda Ed Harris, y el trabajo de Jude Law, Joseph Fiennes, Ron Perlman, Rachel Weisz encarnando a Tania Chernova está bien realizado, pero sin grandes alardes. Hay otros actores y actrices como Bob Hoskins en el papel de un Kruschev un tanto exagerado, Eva Mattes, Gabriel Thomson, Matthias Habich, Sophie Rois, Ivan Shvedoff o Mario Bandi en un aceptable coro de secundarios.

Algunos consideran esta película deudora de Salvar al Soldado Ryan, 1998 de Spielberg; otros dicen que es más real que Pearl Harbor, 2001 de Michael Bay. Pero yo quiero poner a su lado, como apuntaba antes, El Francotirador, 2014 de Clint Eastwood. Pues bien, a mí esta me parece más memorable que aquella, me ha conmovido porque habla de la legítima defensa de un pueblo invadido, no de francotiradores invasores, y así como la de Eastwood me pareció meritoria técnicamente, interpretación, etc., sin embargo no me subió la tensión arterial ni me hizo sudar las manos. Pero esta sí, el francotirador siberiano es un baluarte patrio, un guerrero contra la malignidad nazi y un ejemplo que cómo hay que hacer cuando te ves en la obligación de defender a tu patria, a tu país e incluso al mundo. Este francotirador de Jean-Jacques Annaud fue un pieza fundamental en la realidad y en metáfora y en la leyenda, para que los soviéticos pudieran perseguir a los alemanes en retirada hasta el corazón de su país y de paso liberar en 1944 campos de exterminio como el de Majdanek cerca de Lublin, Polonia; los de Belzec, Sobibor y Treblinka; y en enero de 1945 la liberación del más grande campo, el de Auschwitz, donde había abundante evidencia del exterminio masivo. En los meses siguientes, los soviéticos liberaron otros campos en los Países Bálticos y en Polonia, y poco después de la rendición de Alemania, las fuerzas soviéticas liberaron los campos principales de Stutthof, Sachsenhausen, y Ravensbrueck. Esto sí me hace pensar y sentir el profundo dolor que tantos amigos de nuestro continente tuvieron que vivir en su momento y en sus carnes.

En resolución, Enemigo a las puertas es una película bien realizada y que no desmerece de otras muchas películas bélicas. La historia de Vassili Zaitsev, sus dificultades con el comisario Danilov, su romance con la Chernova, las apariciones del niño Sasha, y el enfrentamiento con el Major Königa a vida o muerte, tienen momentos de alto voltaje. Pero lo que a mí me ha sensibilizado es que este francotirador soviético es un soldado contextualizado a nuestra realidad, a lo que fue esta horrorosa guerra que tuvimos en Europa no hace tanto. Me puedo identificar con Vasily porque es un adalid de la libertad y de la defensa de su patria. Es un francotirador defensivo, no ofensivo o invasor como el de Eastwood, tiene nobles sentimientos y no es tan dogmático como aquel. Me resulta, en fin, más cercano a nuestra Historia. En cierta ocasión, en una charla informal con un reconocido intelectual francés de nombre André de Peretti, éste nos dijo, al hilo de una conversación más extensa que no viene al caso, que los rusos no han tenido una tradición invasora. Y siempre recuerdo estas palabras. Pues bien, el francotirador eastwoodiense sí es invasor, el francotirador annaudiense es defensor. Y ya he dicho en reiteradas ocasiones que una de las funciones legítimas y adaptativas de la agresión humana es la defensa, la defensa del territorio, de la prole o de la propia integridad física o moral.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario