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Un ejemplo de cine de posguerra con Orduña al frente

Por Enrique Fernández Lópiz

Terminada la Guerra Civil (1936-1939) y en pleno delirio victorioso, la España perdedora empieza a ser fustigada por haber estado del lado de la II República. En su momento fue una evidencia que los hijos de las clases altas afines al régimen franquista iniciaron carreras de meteórico ascenso en el plano social y económico. Pero según el film que ahora comento, quedaron, entre tanta embriaguez de triunfo, hombres honestos y genuinos provenientes de familias buenas, algunos católicos e incluso pertenecientes a falange. Así, el protagonista de esta historia, además de tener una madre de gran ternura y rebosante de bondad, es un individuo cabal y bueno. Este joven se siente sacudido interiormente cuando ve llorar a una muchacha, que luego intentará suicidarse. Se trata de una joven a la que pretendió en otros tiempos. La chica sería más tarde violada por las brigadas del Frente Popular y tuvo un hijo fruto de esa violación. El hijo, no es sólo un motivo de amor para ella, sino también de vergüenza y marginación social por la forma indigna en que fue concebido, sobre todo para la época. Pero el apuesto protagonista, empujado por el padre de familia, decide casarse con ella y entregar su noble apellido al hijo. Es, digamos, un drama con final feliz.

El gran director que fue Juan de Orduña (1900-1974), uno de los cineastas más prolíficos tras la Guerra Civil y también uno de los favoritos del público de la época, hace un buen trabajo en esta película Porque te vi llorar. Se ve en ella ese estilo propio de Orduña de estética ampulosa que gusta de hacer una lectura grandilocuente de la Historia de España al finalizar la contienda. Y en esta cinta, y encarnado en el protagonista principal sobre todo, se manifiestan los valores patrios de esa España Imperial que gozaba del favor del público. Pero además, los encuadres de Orduña y su manejo de la narración están muy conseguidos en este film. Eso, a pesar de que el guión de Santiago de la Escalera es ciertamente rebuscado y con un exceso de tono melodramático, si bien tiene un argumento original que llama la atención. Así, el libreto tiene partes interesantes para el espectador que vea la película con cierta capacidad crítica. Es buena la música de Juan Quintero y muy conseguida la fotografía en blanco y negro de Alfredo Fraile.

Y ya que estoy con Orduña, quiero apuntar que comenzó en el cine como actor de cine mudo en los años veinte; luego fue documentalista, pero sobre todo director de largometrajes; un director muy preciado, tanto por el régimen franquista, como por los aficionados al cine de la época. Orduña hizo un cine diverso donde había melodrama, recreaciones históricas diversas o cine popular con éxitos como El último cuplé (1957), con una Sara Montiel en plenitud. Y al final de su carrera dirigió también muy acertadamente una serie de Zarzuelas para Radio Televisión Española. Orduña fue todo un caballero y un amante del cine y de su profesión, más allá de sus ideas políticas, de las cuales nadie se libra. Vemos aquí una biografía breve, homenaje a su muerte en 1974.

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Volviendo a la película, cuenta también con un excelente reparto donde destacan Luis Peña Illescas, el protagonista joven, uno de los más cotizados galanes de la década de los cuarenta, que hace un papel a la medida de lo que se pedía entonces: hombre guapo, henchido de virtudes morales y que profesa un sincero amor a la protagonista. La joven está muy bien interpretada por Pastora Peña Martínez-Illescas (por cierto hermana en la vida real de Luis Peña), que es una actriz esencialmente de teatro, pero que en los años cuarenta intensificó su carrera cinematográfica; hace su papel de manera muy profesional, con los típicos tics más propios del teatro y de la forma de actuar del momento, un estilo con cierto tono histriónico y sobreactuado, más propio del folletín. Manuel Arbó, con más de doscientas películas a sus espaldas está muy bien como el pater familia; y Eloisa Muro, también actriz de teatro y más discretamente de cine, cumple con el rol de madre amantísima. Acompañan muy profesionalmente Rafaela Satorrés, José María Seoane, Domingo Rivas, Alejandrina Caro, la mismísima María Asquerino, Fernando Aguirre, Manuel San Román, Mario Mur y Fortunato Bernal. Todos muy bien.

Creo que se puede decir que es una buena película de posguerra, que se ve de principio a fin sin pestañear, que hace una loa del soldado español, siempre con un enfoque tendencioso y maniqueo donde los rojos son unos diablos y los falangistas y adeptos al régimen unos santos y caballerosos señores. O sea, tenemos, de un lado a las cuadrillas de milicianos que osan violar a una joven justo el día de su petición de mano en el marco de la alta sociedad noble de Asturias, versus, el joven caballero nacional, resistente del cerco de Oviedo, que se enamora de esa mujer cuando la conoce al acabar la guerra; y que además, decide a casarse con ella para borrar la mancha que supone tener un hijo fuera del matrimonio y en tan espantoso escenario.

A mí me ha gustado, y creo que si uno puede hacer abstracción de estos mensajes ya sabidos y propios de los vencedores en la posguerra española (y en cualquiera), el resto del film de Orduña es bastante digno y entretenido, amén de todo un documento de la época. Juega en su favor que el metraje es breve, pues sólo dura 80 minutos.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=3UHqdwoCRMI.

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