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Un drama judicial sólido

Por Enrique Fernández Lópiz

En Anatomía de un asesinato, Frederick Manion (Ben Gazzara), teniente del ejército, asesina fríamente al presunto violador de su mujer Laura (Lee Remick). Tras su detención, se celebra el juicio, siendo su abogado defensor un ex-fiscal llamado Paul Biegler (James Stewart). Durante el juicio se pondrán de manifiesto todas las pasiones, filias y fobias posibles: celos, rabia, venganza, engaño, etc.

Esta película es uno de los dramas judiciales más famosos de la historia del cine. Un excelente film dirigido por Otto Preminger, con una gran guión de Wendell Mayes basado en la novela homónima de Robert Traver; gran música del mítico Duke Ellington con composiciones de jazz con las que ese año se llevaría el premio Grammy; y maravillosa fotografía en blanco y negro de Sam Leavitt que llena de una luminosidad muy adecuada la sala de juicios.

En cuanto a los actores, interpretaciones de lujo donde destacan un James Stewart genial y con gran vis dramática en su papel de abogado descarado, algo irrespetuoso en la sala del tribunal, pero siempre seguro de sí mismo; Ben Gazzara, un militar de cuidado, estupendo y que brilla con luz propia; Lee Remick bellísima y magnífica en una interpretación con muchos ángulos; Arthur O’Connell grandioso o George C. Scott perfecto y creíble; junto a ellos otros veteranos actores y actrices como Eve Arden, Kathryn Grant, Joseph N. Welch o el propio Duke Ellington; todos ellos interpretan una historia trepidante y creíble de principio a fin.

En 1959 obtuvo los siguientes Premios y nominaciones: 7 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película y actor principal (James Stewart). Globos de oro: 4 nominaciones, incluyendo mejor película–Drama. Festival de Venecia: Mejor actor (James Stewart). Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor guión y actor (James Stewart). Habría podido recibir más galardones.

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Es una película clásica, con una fotografía en blanco y negro de los sesenta; un cine que a mí particularmente me gusta mucho, pero que mucho. Además, el guión y la trama tiene las implícitas referencias sexuales de la época en que lo explícito no existía: dobles sentidos y amenazadoras miradas en una atmósfera de jazz, tabaco y güisqui. Una violencia que flota, que se contiene apenas, como el sexo, también implícito pero acotado por una presa de contención, pasiones humanas en sazón y James Stewart en medio de esa bomba de relojería con su flema característica. Un rompecabezas de engaños y dobleces difíciles de descifrar. Una película para pasar dos horas perdido en el borrascoso mundo de la ley y el orden, como cuando Steward y ayudante buscan algún indicio de jurisprudencia entre libros, estanterías y polvo.

A mí, que me encantan las películas de juicios, disfruté mucho con este film. Los 160 minutos de metraje ofrecen una larga y cuidada introducción de los principales protagonistas, lo cual envuelve en una tensión in crescendo al proceso judicial, que incluye, claro, comme il faut, testigos, interrogatorios y un combate dialéctico feroz y sin tregua entre la defensa, la acusación y el juez, sazonada la cosa para aliviar un poco, con sabias y acertadas dosis de humor.

Es una película en firme, sólida, sin resquicios, que se ve de principio a fin sin aliento, una maravilla de diálogos, un juicio lleno de emoción y tensión dramática, ulterioridad en el sentido de muchos diálogos, miradas torvas, un puzzle de infarto, anatomía fílmica perfecta de un crimen evidente y confuso a la vez. Justamente la incertidumbre sobre la culpabilidad acompaña todo el film y en realidad no termina de desaparecer. Justamente ese es el hechizo que utiliza Preminger para que nos levantemos ni un minuto del asiento y tenernos encandilados. Y ese embrujo es muy efectivo pues, a decir verdad, a pesar de la larga duración de la película, uno se queda con ganas de más.

En resolución: si no la has visto y te gusta el buen cine y más concretamente las pelis de juicios, no te la pierdas ¡Ah! Y a ver si los guionistas actuales aprenden de los maestros de antaño tipo Wendell Mayes, a quien el Círculo de Críticos de Nueva York premio en aquel 1959 como mejor guión del año. Y es que sin guión no hay película. Un buen guión es básico y garantiza, siempre que el director se esmere, un buen film. Tal el caso de este.

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Comentarios

  1. Alberto

    Una excelente película desde luego, de hecho si alguien me pregunta por mis dramas judiciales preferidos éste es sin duda uno de ellos. De lo más destacable que recuerdo ahora mismo haber visto de Preminger, junto con Laura y Tempestad sobre Washington. Actores de 10, absolutamente todos, fantástica banda sonora y fotografía como dices. No cojea por ningún sitio.

    Precisamente ayer noche estuve viendo Hurry Sundown (La noche deseada) y aunque es un buen drama sureño, no llega a la altura de ésta.

    Respecto a lo de los guionistas Enrique, estoy totalmente de acuerdo. El cine clásico me llena mucho más que el contemporáneo, no digo que sea ni mejor ni peor porque en cada década he encontrado películas que me han parecido grandiosas, pero es ponerme a ver una película anterior a los 70 y casi todas me embelesan y la razón es creo yo es el guión ;)

    Un saludo y gracias por otra estupenda crítica.

    • Enrique Fdez. Lópiz

      Creo que tú lo dices en menos palabras y mejor que yo, que el quid de las peis “antiguas” está en el guión; aunque ciertamente cada época tiene sus películas cimeras. Pero a mí el morbo del B&N, los directores y actores clásicos y esos dramas desde los 40 a los 70 me pueden. Gracias amigo. Un abrazo :)

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