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Un drama físico con artes marciales mixtas

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando vi esta película, no hace mucho, no esperaba demasiado de esta obra. Y si la vi fue porque trabajaba Nick Nolte y presentía que podía tener sus momentos buenos de lucha, amén de cierto nivel de drama. Confieso que soy intuitivo con las películas, y a poca información que tenga a priori, me hago una composición que suele bastante certera a posteriori. Pues algo así me ha pasado con este film dramático trenzado dentro del mundo de las artes marciales. Sé que recuerda a la elegante The Fighter (2010) de David O. Russel (dos Oscar y siete nominaciones), y no se pueden evitar comparaciones, pues ambas son películas de lucha y también de hermanos y familia. Mas las diferencias son palmarias. En este punto no añadiré nada. Cada cual que opine y aplique su criterio. Ya saben: las comparaciones…

En la historia de Warrior tenemos como vértice de la trama a Paddy (Nick Nolte), un hombre ya mayor, ex alcohólico y que en su momento dio mala vida a su familia, esposa y dos hijos por sus continuas borracheras y riñas. Ahora, rehabilitado de su adicción, vive solo y convertido a la religión. En ese contexto aparece una noche su hijo más joven Tommy Riordan (Tom Hardy), ex combatiente de la guerra en Irak, y tienen un reencuentro difícil y cargado de reproches; el hijo le echa en cara de forma intempestiva su antigua personalidad violenta, y aunque Paddy le explica que ha cambiado, su hijo no le cree. Al día siguiente, Tommy se inscribe en un gimnasio donde vence un luchador profesional llamado Pete “Mad Dog” Grimes (Erik Apple), dejándolo KO en pocos segundos. Un espectador graba la pelea y la sube a la red de Internet, por lo cual Tom se hace popular rápidamente. Paralelamente, podemos ver la vida del hijo mayor, Brendan Conlon (Joel Edgerton), felizmente casado, con hijos y una amante y bonita esposa, Tess (Jennifer Morrison); Brendan se dedica a la enseñanza en un instituto de secundaria. Pero los problemas económicos arrecian.

En el transcurso de la película, el hijo joven decide dedicarse a la lucha y competir en un torneo de artes “marciales mixtas” o combinación de varias artes marciales (MMA o Mixed Martial Arts) , llamado Sparta, que tiene un premio único de cinco millones de dólares. En este tipo de lucha vale casi todo. Es entonces cuando le propone a su padre, que fuera combatiente también de joven, que lo entrene para el Gran combate. Tommy le aclara que la relación se limitará solamente al entrenamiento, advirtiéndole que no intente reconciliarse con él.

En el mismo sentido pero en otro lugar y por los motivos económicos a que aludía antes, el hijo mayor, quien también fue luchador, decide presentarse a la misma competición para hacer caja y afrontar una hipoteca subprime y canalla, pues el Banco amenaza desahuciarlo y quitarle la casa. Para ello debe abandonar su trabajo docente en el centro que dirige Joe Zito (Kevin Dunn), y convencer a su viejo amigo Frank Campana (Frank Grillo) para que lo entrene y lo prepare para combatir. Ocurre que el luchador que Frank entrenaba para el torneo Sparta se lesiona y Brendan lo convence para ocupar su lugar.

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Todo esto irá acompañado por intentos de reconciliación del padre con su hijo mayor o los hermanos entre sí, sin mucho éxito. Pero el desenlace de los acontecimientos pondrá las cosas en su sitio.

El irregular director Gavin O’Connor, que dirigiera El Milagro (2004) (Nominada a Critics’ Choice Awards: Mejor película familiar) o Cuestión de honor (2008), sabe confeccionar una película bastante buena que aborda diferentes temáticas, todas interesantes y actuales. Además, lo hace imprimiéndole un ritmo narrativo más que aceptable al film, donde las tramas y subtramas van encajando sus piezas, haciendo de esta película una obra interesante que mantiene la atención.

El guión del propio O’Connor junto a Anthony Tambakis y Cliff Dorfman, basado en una historia de O’Connor y Dorfman está bien escrito y no deja cabos sueltos, lo que le da credibilidad a la historia, un clima de tensión y una elevada vis dramática; aunque en ocasiones le falte solidez y enjundia al libreto, queda compensado por su eficacia.

Está bastante bien la música de Mark Isham. E igual es meritoria la fotografía de Masanobu Takayanagi.

Los actores están suficientemente bien, son sobre todo actores físicos, de gran corpulencia y musculación, eso, más que actores de los buenos y reconocidos. Pero esta película necesita este tipo de actor forzudo e incluso un tanto tosco. Destacan, entre otros, un Joel Edgerton que exhibe sus habilidades en la lucha a la par que hace una interpretación excelente como hijo menor con la carga de angustia por sus necesidades económicas. Tom Hardy, además de evidenciar su forma y cualidades musculosas, sabe poner esa fuerza física para representar a un hombre lleno de fuego y odio, lastrado por su pasado de desertor. Quizá el más destacado es el ya consagrado Nick Nolte, que hace un rol dramático en toda regla, es decir, un hombre arrepentido de su pasado como bebedor y pendenciero, clamando perdón y sintiendo de alma la pérdida afectiva de sus hijos, sin perder la esperanza de recuperarlos; su repertorio interpretativo es muy bueno. Jennifer Morrison pasa el corte por los pelos y por su cara bonita, nunca mejor dicho. Kevin Dunn, bien como Director de Instituto animoso. Correcto Frank Grillo como entrenador de Joe, hijo menor. Acompañan bien actores y luchadores como Bryan Callen, Liam Ferguson, Kurt Angle, Maximiliano Hernández, Erik Apple, Noah Emmerich y Vanessa Martinez.

Entre premios y nominaciones en 2011 tiene: Oscar: Nominada a Mejor actor secundario (Nick Nolte). Sindicato de Actores (SAG): Nominada a Mejor actor de reparto (Nolte). Critics Choice Awards: Nominada a Mejor actor secundario (Nolte). Satellite Awards: Nominada a Actor (Hardy), Actor sec. (Nolte) y montaje. Asociación Críticos de Chicago: Nominada a Mejor actor secundario (Nolte).

Warrior fue una cinta que obtuvo una respuesta positiva por parte de la crítica cinematográfica del momento, con muchos comentarios de halago y “frescos”. El crítico norteamericano Bruce Diones llegó a escribir: “La película está tan bien hecha, y las actuaciones son tan convincentemente reales (Hardy es sensacional), que, cuando llega a su final catártico, ganador, logra una sorprendente compasión y honestidad. A esto se le puede unir el hecho de haber sido una película rentable en lo comercial. Evidentemente, hablamos de una película de lucha y por tanto, violenta.

Pero a quien no le guste este tipo de cine, esto de las artes marciales mixtas o similares, la película les puede resultar ultraviolenta. En este sentido, el crítico americano Turan dice que: … golpea las cosas tan fuerte, tanto literal como metafóricamente, que es difícil no sentirse aporreado una vez que termina. Digo esto para que nadie se lleve a engaño. No es un mero drama, hay muchos golpes. Aunque en su descargo diré que me parecen bien llevadas las peleas, es decir, no son en exceso sangrientas ni salpican al espectador; además, tienen una carga metafórica: la película golpea de manera precisa, y sabe perfectamente dónde hacerlo.

Resalta también el paralelismo de las diferencias existentes entre los hermanos y sus estilos diferentes de lucha. Mientras Tommy es un joven solitario y hosco, atormentado con recuerdos de la guerra que le pesan como una losa que no se puede quitar de encima. Brendan sin embargo es un profesor de Física contento con su profesión, una feliz familia, pero con una hipoteca de la que no puede hacerse cargo. Son vidas paralelas pero distintas, motivos diferentes, necesidades dispares, pero el nexo en común de la familia, algo que a pesar de la poca o nula relación que tienen, pesa sobre ellos. Pues bien, es curioso cómo esas diferencias personales las trasladan a su forma de luchar, pues cada uno tiene su propia manera. Tommy más rudo, más físico y se lanza a acabar pronto a sus rivales. Brendan es más bien un tipo que no se da fácilmente por vencido, más técnico, más fino en su estilo de lucha y que no se da por vencido, batallando hasta el final, nunca se rinde, sean cuales fueren las consecuencias. Polos antitéticos, pero eso sí, hermanos.

En resumen, es una película que se digiere bien, que toca temas diversos: la familia desestructurada, la lacra de la guerra, la desavenencia entre hijos-padres y entre hermanos, la posterior reconciliación, incluso se mete en temas tan actuales como las hipotecas engañosas y alevosas que han asfixiado a tanta gente oprimidas por el temor de perder sus viviendas con cláusulas de letra pequeña y exigencias asfixiantes; toca también la amistad, así como el amor y la nobleza. A eso cabe unirle su buena realización, razón por la que, a pesar de la adrenalina que se hace evidente, sin embargo se asimila bien, dado que va acompañada de las componentes humanas a que me he referido. Película potente, vibrante, lúcida y de conmovedor final. De manera que me atrevo a decir: ¡vale la pena verla!

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=Wc1BsaD9r5E.

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