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Un drama familiar excelente y una gran música

Por Enrique Fernández Lópiz

C.R.A.Z.Y. es una película del tipo “drama familiar”. En ella, Zach, uno de los cinco hijos de un matrimonio convencional en Canadá, al entrar en la adolescencia descubre sus tendencias homosexuales y tratará de reprimir tales inclinaciones para no perder el afecto de su padre. Así, entre 1960 y 1980, vive rodeado de sus hermanos, de la música rock de la época, el cannabis, las discusiones familiares en ocasiones tremendas y el incondicional amor de su sufrida madre.

No hace mucho vi esta película casualmente y empezó a interesarme de forma exponencial conforme avanzaba el metraje. Un muchacho y toda su problemática sexual, y su afán por mantener la unión con su padre, un hombre rudo pero buen padre y amante de la familia. En este encuadre, es la madre la que sin condiciones apoya al joven protagonista en todo sentido, desde que era niño, cuando se orinaba en la cama, hasta su adolescencia, cuando afloraban sus inclinaciones homosexuales. La dirección de Jean-Marc Vallée es extraordinaria, con un excelente guión del propio Vallée y François Boulay, acompañado de los temas de siempre de los Rolling Stones, Pink Floid, David Bowie, etc., o sea, una banda sonora inmejorable. Así, la banda sonora es bestial y en algunos momentos llega a emocionar profundamente. De esta guisa, la música en esta cinta no sólo sirve para ponerla de fondo, sino que es utilizada para contar una escena o un episodio.

Con relación a este aspecto musical tan destacado, querría decir que efectivamente hay docenas de películas, cientos, donde la música juega un papel primordial. Este es el caso de C.R.A.Z.Y. El film tiene un sentido musical que lo enriquece enormemente y que deja un gran sabor de boca por motivos diversos. En la música se encierra el drama y la ironía, los caminos recorridos y lo esencial en la vida del personaje, lo personal y lo público. Es como un diario íntimo expuesto a todos y permanentemente acompañado de una música maravillosa. Podría compararse con un blog musicado. Sin ser épica, tiene elementos que la hacen especial, y entre estos elementos destaca el cuidado uso de la música. C.R.A.Z.Y. es una bella y triste canción al modo en que la canta Patsy Cline en el adorado disco del padre de Zach.

Las interpretaciones son geniales, todos sin excepción interpretan bien sus papeles en forma coral de manera impecable. Tiene un elenco de actores y actrices creíbles en las interpretaciones de los miembros de la familia: Michel Côte, Danielle Proulx, Marc-André Grondin, Émile Vallée, Pierre-Luc Brillant, Maxime Tremblay, Alex Gravel, Natasha Thompson, Mariloup Wolfe y Johanne Lebrun. Yo diría que cabe una mención especial al del padre, que encarna memorablemente Michel Côté.

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Esta película, conducida con enorme pulso y sentimiento, aborda varias fases en la vida de Zach: su época infantil en su casa con su familia, padres y hermanos; su pubertad- adolescencia con 15 años; y el final de ese ciclo cuando llegando a los veinte años busca su identidad y su camino. El film se cuenta con la voz en off del protagonista Zach que cuenta la historia de su familia y los cambios durante unas décadas muy importantes; e igualmente, nos narra sus vivencias, sus experiencias y titubeos en cuanto a su orientación sexual y su relación con padres y hermanos, afectiva y buena en ocasiones y conflictiva y de oposición en otras. Uno de los aspectos principales del film son sus personajes, los cuatro protagonistas perfectamente trazados y diferentes, y con unos secundarios genialmente satirizados para acabar de completar esa gran familia donde ninguno de los miembros tiene que ver con los otros. Para hilvanar este entramado, el guionista se esmera y finalmente lo consigue.

La acción se centra en los problemas de identidad y auto-aceptación de un joven cuya severa educación católica le ahoga cuando ha de definirse en su tendencia homosexual. Y aunque este es el eje vertebral de la obra, su director no se limita a una reivindicación gay, sino que se sitúa como un espectador ecuánime de la realidad que le rodea, centrando igualmente su atención en las vicisitudes que con los años experimenta la familia. Este es un elemento principal, pues le da linealidad e historia al relato, lo cual que engrandece la película y casi la convierte en un ensayo sobre la evolución, los cambios, los pro y los contra, los avances y retrocesos de los personajes que resultan así construidos con mecánica de precisión.

La película, a la vez que tiene su humor, también es terrible por las problemáticas que toca, es igualmente conmovedora y en ningún momento pierde el pulso narrativo. Boyero en una entrevista afirma haber visto esta película en una sala prácticamente vacía y él mismo poco menos que la vio, como me ocurrió a mí, por azar. Y en esa entrevista dice así: “… me maldije a mí mismo por haber demorado tanto tiempo la visión de esta película admirable. Si me dedico al cine tengo la obligación de descubrir a tiempo joyas como ésta que se estrenan sin ningún marketing. Afortunadamente me la recomendó mi amigo Borja Hermoso la semana pasada, cuando estaban a punto de quitarla. Es una película que denota en cada plano que su autor admira profundamente ‘Leolo’. Me gusta mucho cómo cuenta la vida de este torturado chaval que se niega a aceptar su homosexualidad para no enfrentarse a su familia y al ambiente que le rodea.”

Entre las menciones y premios que en 2005 tiene están: Festival de Toronto: Mejor película canadiense. Festival de Gijón: Mejor director, guión y dirección artística. Premios Genie: Mejor película canadiense.

Creo que es una de esas películas que pueden pasar desapercibidas y que no merecen ese trato de parte de parte de los mecanismos de distribución. Es un film merecedor de más reconocimiento del que ha tenido y yo entiendo que es una película muy recomendable.

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