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Un drama familiar con sello europeo: la transgeneracionalidad

Por Enrique Fernández Lópiz

He ido hoy a ver esta película danesa, en un cine dedicado sobre todo a películas europeas, con un público de gente mayor y, como siempre, preguntándome yo por qué razón los jóvenes no asisten a estas películas. Seguro que podría dar algunas respuestas, pero ahora no me siento con ganas de hacer análisis sociológicos e iré a comentar este film que tan buen sabor de boca me ha dejado.

En la película, Thomas Jacob es un cantautor danés de fama mundial que vive en los EE.UU., concretamente en los Ángeles. Tras años de no visitar su país, retorna a Dinamarca a fin de grabar un nuevo trabajo y ver a su hija con la que no mantenía contacto. Su hija le da a conocer a su hijo Noa de 11 años. Ella ha heredado sus taras emocionales, entre otras la adicción a las drogas. Él ya se ha liberado de éstas y del alcohol, pero vive dentro de un muro que le separa de los demás y también de sí mismo. Su hija, divorciada, quiere internarse para seguir una cura de desintoxicación, y el progenitor debe hacerse cargo temporalmente del nieto que hasta ahora sólo había visto a su abuelo cuando aparecía en programas televisivos. Noa conectará con su abuelo por su afición a la música. Pero un trágico e inesperado desenlace en la historia, provocará que Noa quede a cargo definitivamente del abuelo, y que éste tenga que tomar la decisión de amar a alguien en su vida, lo cual que cambiará su existencia para siempre.

Película que rompe con los tópicos e incluso con la técnica y las maneras del cine convencional norteamericano. Pernille Fischer Christensen (inédita en nuestros cines) dirige con pulso firme y emotivo esta especie de melodrama familiar, con un excelente guión de la propia Christensen, junto a Kim Fupz Aakeson; una fotografía que enmarca la historia en Dinamarca a las mil maravillas; y extraordinarias canciones, maravillosa letra, maravillosa voz de Thomas Jacob que tiene las resonancias del archiconocido y taciturno canadiense Leonard Cohen, junto con el más eléctrico británico Richard Hawley, también comparte el lirismo oscuro de Nick Cave y su banda The Bad Seeds, o el grupo inglés de rock, Tindersticks, formado en Nottinghan con la profunda voz de barítono de Stuart A. Staples que habla sobre el abandono de las cosas queridas.

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El breve reparto es brillante, con un Mikael Persbrandt llevando el peso del film, con un trabajo solemne y de enorme carisma, gran fuerza visual de quien llena pantalla en los primeros planos, y un impactante y bello sonido de canciones con los que la película se eleva como el águila. Mikael Persbrandt es una celebridad en su país, conocido por su participación en el El hobbit (2012) o por sus actuaciones en películas de Susanne Bier (En un mundo mejor, 2010, donde fue nominado al Premio del Cine Europeo al Mejor Actor) o Lasse Hallström (El hipnotista, 2012). En esta película su personaje es el de un cantautor rockero, aislado de las cosas y de la gente, individuo frío y distante. Al lado de Persbrandt un muy interesante papel de su gran amiga del alma y confidente interpretado por Trine Dyrholm; interesante rol el de la hija toxicómana y angustiada, verazmente interpretado por Birgitte Hjort Sørensen; una Emily “Eve” Best que borda uno de los papeles más penetrantes del film como luego diré, la manager de Thomas; Sofus Rønnov, que se luce en el papel de nieto del protagonista, seguro que por la buena dirección de Christensen; y no olvidamos a la sirvienta Lourdes Faberes, una actriz filipina que está a la altura del resto del reparto. Así, en lo que toca a interpretaciones, esta sonata familiar se mantiene con sólidas actuaciones que aportan una intensa vis dramática a la cinta.

Y ahora quiero hacer una relación con algo que sé puede tener interés para algunos lectores de estos comentarios. En los últimos años ha emergido en el mundo de la Psicología las aportaciones del llamado enfoque Transgeneracional. Dicho enfoque ayuda a la mejor comprensión de las causas y el sentido de nuestras vidas y de nuestras conductas indeseadas que se repiten de manera reiterada. Situaciones o comportamientos que no sabemos cómo manejar. Conductas patológicas e inconvenientes severos como enfermedades, frustraciones amorosas, accidentes graves, bloqueos, problemas económicos, adicciones, u otros (obviamente también hay en nuestras vidas situaciones positivas, claro: éxito académico, capacidad de emprendimiento, éxito familiar, etc.). Pero hablando de lo no deseable, el enfoque Transgeneracional quiere aportar un camino interesante y apasionante para la resolución de estos conflictos, toda vez que podamos conocer más sobre nuestros antepasados, si bien poniendo el foco en la persona concreta y en el estado de vida actual del individuo. O sea, sería como poder poner en perspectiva genealógica nuestros problemas y conflictos. Pues bien, este film sería, en su hilo argumental, un ejemplo para ilustrar esto que estoy diciendo, pues la familia del protagonista ya arrastraba un drama de alcohol, consumo de tóxicos, violencia y otros comportamientos de enorme gravedad que se remontan según cuenta el cantante Thomas Jacob, a la época cuando siendo él pequeño, su padre, alcohólico bebía hasta caer de bruces, lo que no le impedía que lo agrediera golpeándolo brutalmente, ya en sus más tiernos años; y cómo él se refugiaba en la música para evadirse de aquella crueldad paterna. Luego, como se ve en el film, se repetiría esta situación, convirtiéndose el propio protagonista en un politoxicómano adicto a sustancias de todo tipo: alcohol, cocaína, heroína, cannabis, píldoras, etc. Y cómo su hija siguió el mismo camino pues es una cocainómana en toda regla. Por lo tanto, en esta película puede verse como una historia cuya trama se adecuaría al encuadre de la Psicología Transgeneracional, buscando en las raíces del árbol genealógico familiar de los protagonistas, el germen de sus problemas adictivos e incluso de violencia, mal humor, mal trato o misoginia. Además, el personaje de la película es un individuo con enormes dificultades, fruto de esa infancia cruel y dura, cuyas repercusiones ulteriores conllevan la gran dificultad para amar a otros, dado que él mismo nunca fue querido.

También con esto que digo engarzo con lo que es la frialdad y el tinte depresivo propio de los pueblos escandinavos, incluido el clima, la nieve por doquier, los ríos helados, y cómo Thomas deambula evitando cualquier contacto y menos cualquier afecto, a fin de mantenerse también él gélido como un témpano.

La vida de Thomas es meramente trabajo, rutina, pastillas para dormir, nuevas y tristes canciones, y la omnipresente ausencia de las drogas que le encumbraron y le mataron, y que le hacen estar día a día en guardia para no consumirlas de nuevo, pues su apetencia por ellas es perenne. En una escena, cuando se encuentra totalmente abatido ante la presencia de su nieto Noa, tiene la tentación de beberse un gran vaso de güisqui, lo cual que elude in extremis en un ataque de rabia, por la insistente mirada del niño que le recrimina e indica que no debe dar ese destructivo paso.

Quiero resaltar de esta película una tremenda escena con su manager que subraya la frialdad y a la vez el carácter hosco, frío e impetuoso del personaje con esa mujer que era su mano derecha, su criada, mayordomo, psicóloga y que hasta se encargaba de comprarle la ropa interior. Es un momento de iracundia de Thomas que actúa con insultos de todo tipo y a cual peor contra su hada madrina, que finaliza con la agresión física. Considero que esta escena es la que profundiza con más fuerza en la vida y la forma de relación del auténtico Thomas, atormentado y cruel, que logra hacer que su manager -“en quien tanto quería”- desaparezca de su vida. Ni siquiera las escenas con su hija o con su nieto, superan en intensidad conmovedora ésta que cuento.

En esta obra su directora, la danesa Pernille Fischer Christensen, indaga el tema de la incomunicación en nuestra sociedad, donde a pesar de las innovaciones tecnológicas que podrían hacer pensar que estamos más comunicados que nunca, empero, la distancia entre las personas se agranda de manera abismal. Y además, lo hace con unas trazas que se alejan del cine comercial lacrimógeno o efectista, para darle un toque de distinción alejado de los clichés hollywoodienses. Como señala Lluís Bonet: “…este filme devuelve la fe hacia un cine europeo ajeno al convencionalismo y los tópicos cuando aborda asuntos proclives al más obsceno tono comercial.

En resolución. Si quieres ver una película con hermosas canciones, con un relato de drama a lo danés, con una impronta europea y fuera de los clichés norteamericanos, una trama sensible y a la vez real y profunda, y si estás dispuesto a ser paciente para tolerar gratamente el tempo pausado de este bello film, entonces será de tu agrado y te la recomiendo; podrás ir a disfrutar y a algo más, tal vez a pensar sobre lo humano y la vida.

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