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Un “Don Juan” de nuestro tiempo

Por Jorge Valle

Acude todos los domingos a misa para confesar ante el párroco sus pecados semanales, integrados en su totalidad por masturbaciones y relaciones sexuales sin estar casado. Reza sus Ave Marías y Padre Nuestros de penitencia mientras ejercita sus bíceps en el gimnasio. Lleva el pelo engominado y camisetas de tirantes que dejan al descubierto sus potentes músculos. Conduce impaciente y temerariamente un coche negro de cuyo retrovisor interior cuelga un rosario. Su madre (Glenne Headly) espera con ilusión que traiga por fin una novia a casa, mientras que el padre (Tony Danza) es un apasionado del fútbol americano que viste las mismas camisetas ajustadas que su hijo. Frecuenta discotecas en las que con una sola mirada es capaz de llevarse a la cama a todas las mujeres que se proponga. Por algo sus amigos le llaman “Don Jon”. El personaje que interpreta Joseph Gordon-Levitt, que también debuta con esta película en la dirección y el guión, cumple con todos los estereotipos que solemos asociar a los “guidos”, homónimo de los “canis” españoles. Pero hay algo que distingue a este Don Jon: su obsesiva adicción al porno. Aunque reconoce que el sexo con las mujeres, que practica a menudo, es placentero, es en la masturbación delante de su ordenador en la que alcanza su particular clímax “liberador”. Su rutina misa-familia-amigos-mujeres-gimnasio-porno se verá alterada cuando un día conozca a Bárbara, una mujer que se lo pondrá difícil, y por la que Jon intentará cambiar y dejar atrás su adicción al sexo virtual. Esa mujer, rubia y de peligrosas y seductoras curvas, es interpretada por una notable Scarlett Johansson que cumple a la perfección con el papel –otra vez, estereotipado- de pija “choni” y controladora.

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Joseph Gordon-Levitt consigue enganchar al espectador desde el principio gracias a un original montaje, basado en divertidos y recurrentes motivos visuales que nos muestran la rutina de Jon y que se van repitiendo a lo largo de la cinta –el enfoque de las vidrieras de la iglesia justo después de la confesión, la bronca en el coche con otros conductores- y que ayudan también a definir al protagonista. Pero con el paso de los minutos la rutina de Jon se acaba convirtiendo también en la rutina del espectador, y todo va perdiendo gracia y color progresivamente, aunque la buena mano del director con los chistes consigue salvar a la película del aburrimiento y la indiferencia. Quizá por eso, entre tanta repetición y tanto tópico se agradezca la irrupción de Esther (Julianne Moore), una madura pelirroja que llora por las esquinas y fuma marihuana. Su personaje es, de largo, el más complejo e interesante de la película. La división entre la irresistible atracción que le provoca Bárbara y el interés cada vez mayor que siente por Esther, con quien finalmente irá descubriendo el amor y la “liberación” por medio del sexo y no por el porno, es lo que provocará finalmente la blanda pero necesaria redención del protagonista. Quizá uno esperaba más del debut como director y guionista de Gordon-Levitt en la adaptación a la sociedad actual de un tema y un personaje arquetípicos de la literatura, lo que ofrecía muchas más posibilidades de las que finalmente ofrece la película. Pero el resultado, a pesar de ser simple y falto de brillantez, no es decepcionante y sí prometedor. Habrá que seguir la trayectoria de este interesante actor que ahora aspira también a convertirse en un interesante director. Don Jon ha sido su primer y satisfactorio paso.

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