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Un dilema educativo y social muy antiguo pero vigente

Por Enrique Fernández Lópiz

Creo que esta película plantea un dilema ya antiguo que persiste y que acertadamente apuntó Marie Jahoda en 1992, cuando escribió en un artículo que ya en el siglo XVIII aparecieron dos líneas de pensamiento con relación a la educación y la crianza de los niños. De una parte, la que ella denomina la línea dominante, en consonancia con el positivismo de Locke (1632-1704), quien propuso la necesidad de una instrucción reglada de la mano paciente y afectuosa de padres y educadores, en sociedad. O sea, la pedagogía y en general la ciencia podían asegurar un futuro prometedor para la humanidad. En esta misma línea, Marie-Jean de Condorcet (1743-1794), defendió la educación pública como un derecho natural para despertar el espíritu crítico y cívico en niños y jóvenes.

De otro lado aparece un segundo enfoque considerado la línea disidente, cuyo máximo representante fue Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), quien postuló por el contrario que el infante lo que necesita es de un entorno natural y libre para su educación, pues renunciar a la libertad es renunciar a la cualidad de hombres, a los derechos de humanidad e incluso a los deberes básicos de la persona; ideas que vierte en su conocida novela y tratado filosófico “Emilio, o de la Educación”: «El hombre es bueno por naturaleza […] asignad a los niños más libertad y menos imperio, dejadles hacer más por sí mismos y exigir menos de los demás». Lo que viene a concluir en su sentencia de: «La educación debe tener su lugar dentro de la naturaleza para que el potencial del niño pueda desarrollarse según el ritmo de la naturaleza y no al tiempo de la sociedad». Su obra influyó en el movimiento de renovación pedagógica de Pestalozzi y Motessori, entre otros.

Hago esta introducción porque en gran medida la película Captain fantastic trata este asunto… y más. Pero sirva este prólogo de la elección educativa, como punto de arranque de mis comentarios.

En el film, Ben (Viggo Mortensen) es un hombre que ha pasado diez años viviendo en los lejanos bosques al noroeste del Pacífico, criando y educando a sus seis hijos en un entorno silvestre y en permanente contacto con la naturaleza. Pero ocurre que la madre de sus hijos, una mujer enferma, ha fallecido en dramáticas circunstancias. Esto hace que la singular familia abandone su modo de vida en medio del bosque y los ríos para volver a la civilización. Este cambio, y la necesidad de asimilar esta nueva situación y adaptarse otra vez al mundo moderno y “civilizado” se convierte en una tarea de una gran complejidad para el grupo de padre e hijos.

Estamos ante la segunda película del director Matt Ross, en la que se construye un cuento sobre los perjuicios del estilo de vida contemporáneo, pero no por ello hace una defensa de la alternativa llevada a cabo por los protagonistas de su relato, que viven, se educan e instruyen en medio de la más salvaje naturaleza. No olvida Ross el humor ni el sentido reflexivo para que pensemos en este controvertido asunto que opone a la civilización con toda su parafernalia tecnológica y de ambiciones evidentes, con el naturalismo, como entornos educativos antagónicos y antitéticos.

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El guión del propio Matt Ross está muy bien construido y deja claro su mensaje de sociedad versus naturaleza, dejando caer como quien no quiere la cosa que tal vez en el punto medio esté la virtud, siendo que cualquier extremo, aunque las intenciones sean las mejores, es malo y, probablemente, en la medianía está el acierto. El libreto tiene de todo para hacernos pasar un magnífico rato sin que por ello caiga en el tópico ni en la trivialidad, al contrario, es un film con mucho fondo y ángulos que se apuntan para pensarlos más detenidamente una vez se ha visionado el film. Buena la música de Alex Somers con canciones muy bonitas, y gran fotografía de Stéphane Fontaine. Exteriores preciosos, con paisajes bellísimos que encajan muy bien con el tono de la película.

El reparto está encabezado por un Viggo Mortensen en plenitud, el cual es siempre una apuesta segura y fiable en cuanto a encarnar cualquier tipo de personaje: trabajo impecable. El trabajo de los seis jóvenes-niños es excelente, con un sembrado George MacKay a la cabeza; y quiero destacar también el breve pero sabroso ejercicio actoral de Frank Langella que está estupendo en su papel de abuelo. Y por supuesto un gran elenco de secundarios como Missi PyleKathryn HahnGeorge MacKaySteve ZahnHannah HortonTrin Miller, Nicholas Horton, Annalise Basso, Shree Crook, Erin Moriarty o Charlie Stotwell, entre otros.

Premios en 2016: Festival de Cannes: Mejor director en la sección Un Certain Regard. Festival de Karlovy Vary: Premio del Público.

Algo que me llama la atención es que una película comercial norteamericana tome a modo de tótem cultural, al icono de la izquierda yanqui, el mismísimo psicolingüística, filósofo y escritor Noam Chomsky y su frase que sale en el film bien subrayada: “Si asumes que no hay esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, entonces aún hay posibilidades de cambiar las cosas”. La película, en fin, es la radiografía de una especie de arriesgado experimento que “culmina con un mensaje acorde con su carácter anómalo de revolución controlada, de película para hacer pensar, y al mismo tiempo entretener, a las mayorías reinantes” (Ocaña). Y es que la cosa roza la irreverente subversión de educar y criar a los hijos extrasocialmente, sin relación con otros semejantes y enseñando el pater familia cultura, Historia, Matemáticas, Filosofía, idiomas, etc., amén de supervivencia física e intelectual en plena naturaleza; todo ello desde una explícita renuncia al capitalismo rampante y a los poderes fácticos, con explícitas alusiones extrañamente laudatorias a personajes tan siniestros como el padrecito Stalin (uno de los más grandes criminales de lesa humanidad), Pol Pot (el dictador genocida camboyano líder de los Jemeres Rojos), el siniestro Mao Zedong chino u otros de similar cuño. O sea, late en el fondo de la cinta la idea de una utopía en toda regla con el fundamento de los seis estupendos niños y niñas de un protagonista maoísta y viudo en un mundo al que se enfrenta.

Yo diría que Ross se sincera y muestra sus cartas cuando traslada a la tropa asilvestrada a la también salvaje metrópoli. Es en este punto cuando la honestidad de Ross hace un poco de agua al servirnos en bandeja un decoroso –esto no se duda-, aunque descafeinado y algo delusorio número de medida desubicación, el fan de Pol Pot humillando a sus ignorantes primos y una excentricidad irónica tan entrañable y cómica como celebrar el cumple de Chomsky o mofarse del cristiano sin ver la viga en el ojo propio.

En fin, película próxima a las fórmulas del cine indie, que ya no es tan libre como antañazo. En este sentido la cinta sorprende por su espíritu subversivo. El carácter formal de la obra no es muy original y el esquema de la road movie con familia disfuncional, ya ha sido visto en otras ocasiones (p.e. Pequeña Miss Sunshine, 2006), lo cual que está un poquito gastada la idea. Pero es destacable que no hay muchas películas americanas que se atrevan a debatir con tanto empeño las los cimientos del integrismo religioso, la sociedad de consumo y la sobreprotección de la infancia. Hay que acordar con Yáñez que “la entereza de Viggo Mortensen, en la piel del padre, ayuda a transmitir el mensaje libérrimo de un film que, por desgracia, echa mano de innecesarias estocadas dramáticas para explicar las razonables dudas que acechan al protagonista.”

En conclusión, con seis impresionantes intérpretes jóvenes, siempre encabezados por Mortensen en el papel principal, se hace una insólita y a la vez digna de agradecimiento historia filmada que habla de la vuelta a la naturaleza. Es más que probable que esta película se sitúe entre las ofertas más refinadas y apropiadas para el Festival de Cine de Sundance en Utah (EE.UU.) de este año. Como es sabido, este festival, fundado en 1981 por Robert Redford y otros amigos, pretende atraer y visibilizar nuevas voces del cine independiente. Como el propio Redford dijo: “No tenemos nada que ver con la distribución [...] Nuestro trabajo y nuestro rol es crear un espacio y una plataforma para traer nuevas voces al mundo”. Entonces, yo creo que este film encaja como anillo al dedo en este afamado Festival.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=D1kH4OMIOMc.

Comentarios

  1. Alejandro Arranz

    Muy buena crítica compaňero. Esperemos que la película no pase desapercibido como la mayoría del cine independiente.
    Un saludo.

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