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Un día perfecto

Por Alejandro Arranz

-Un filme peculiar en el mejor sentido de la palabra. Aranoa entrega veracidad y cuenta una aterradora historia sirviéndose de los mecanismos de la comedia en lugar de tirar por el melodrama. Una decisión arriesgada de la que sale triunfante.
-Los diálogos son excelentes, los personajes están bien descritos y el reparto hace el resto. Es una película repleta de capas y reflexiones.

Hace cinco años de la última película de Fernando León de Aranoa, Amador. Una de sus obras peor recibidas por la crítica y el público, sin embargo muchos nos moríamos de ganas de volver a ver al cineasta en acción. Director y guionista ganador de cinco premios Goya entre muchos otros galardones y nominaciones. Magníficos sus dramas sociales, capaces de retratar a la perfección un lugar, un momento y a unos personajes llenos de emociones reales, en busca de una mejor situación, y que a pesar de muchas desgracias también encuentran algún que otro momento para la alegría y el humor. En esta ocasión nos introduce en el conflicto Yugoslavo a mediados de la década de los 90. A través de la mirada de un grupo de cooperantes que trata de sacar un cadáver de un pozo para que no se contamine el agua. Así pues se une el conflicto histórico que quiere retratar Aranoa con los conflictos de cada uno de los personajes. El elenco lo encabeza un sosegado Benicio del Toro junto con Tim Robbins, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry y Fedja Stukan. A pesar de estar ambientado en los Balcanes, el filme ha sido rodado íntegramente en Granada, Cuenca y Málaga.

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El tono está bastante más suavizado -o contenido- que en otros trabajos anteriores del director Madrileño, aunque sus intenciones siguen siendo las mismas y la honestidad de estas también. Aranoa decide tratar un tema tan terrible como la guerra a través de la comedia. Algunos encontrarán el filme poco consistente, desperdigado entre demasiados géneros o tal vez simplemente ven más apropiado tratarlo con una mayor seriedad para que cause un mayor impacto en el público. Quien escribe estas líneas no apoya esas opiniones, el director español ha tomado una decisión arriesgada con la que ha creado una película extrañamente genial. Algunos problemas reducen la calidad de la misma pero la verdad es que Aranoa se ha marcado una obra densa, potente y muy inteligente. Las comparaciones con M.A.S.H. o Catch-22 -entre otras- no van de todo mal encaminadas aunque no acaban de encajar con el tipo de película del que trato de escribir. Si bien aquí la comedia suaviza el tema y sirve para aportar ritmo constante a la propuesta, estamos ante un drama, una historia sobre la guerra y sus escalofriantes consecuencias que sin mostrar la violencia ni las atrocidades de esta, resulta igualmente desgarradora. El drama refleja la vida, con sus tragedias y sus comedias no siempre en igual cantidad, y Aranoa con elementos tan cotidianos como una cuerda, una vaca o un balón, es capaz de retratar la guerra. El guión del propio director es excelente, repleto de diálogos brillantes, irónicos y humanistas, capaz de construir a sus personajes con un par de precisas pinceladas y de tratar diversas y terribles situaciones que se suceden sin que nadie mueva un dedo en las zonas de guerra (sin caer en el maniqueísmo), intercalando la corrupción, las leyes que obstaculizan, etc. Los personajes, diferentes entre si, con sus propias experiencias a sus espaldas y afrontan las situaciones de maneras distintas. Aranoa y su reparto buscan acercarnos a la frustración de esos trabajadores día tras día, cuando el hacer una buena obra se ve entorpecido por cientos de problemas e injusticias. Sin olvidarse tampoco de algunos conflictos personales de cada uno. Tal vez el de Tim Robbins sea el único personaje al que poner pegas, por ser demasiado exagerado, pero es tan divertido que sería impensable cambiarlo.

Con una dirección eficaz y resistente, una acertada fotografía de Alex Catalán (La isla mínima), un guión admirable y un reparto notable que funciona a la perfección, tenemos una de las películas más interesantes en lo que llevamos de año. Un drama sobre las consecuencias de la guerra tan impactante en lo más hondo como divertido en su zona más externa, y repleto de capas fascinantes que descubrir entre medias. Aranoa ha creado una obra diferente a reivindicar, cine español de calidad desbordante. Empañado el conjunto por algunos “defectillos” no del todo sin importancia, entre ellos la banda sonora, que tan solo funciona en un par de ocasiones produciendo en el resto sensaciones negativas. Sea como fuere, es una película importante, que se debe ver y que sin seguir una fórmula establecida logra sus admirables objetivos con honestidad, inteligencia y sobrada competencia.

Alejandro Arranz

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