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Un cosmonauta en Silent Hill

Por Sergi Monfort

Así que me ha tocado hablar de la primera película española financiada por crowfunding. Poca cosa.

Alguien debió decirle (y le dijo) a Nicolás Alcalá y a sus amigos que lo suyo no tenía sentido, que era imposible. Imagino que hablarían, por supuesto, en términos monetarios (¿cómo vas a llevar adelante semejante monstruo —que empezó como un corto— prácticamente con colaboraciones de gente que no conoces? Pues lo hizo; la película costó sus 400.000 eurípides, de los cuales más de 130.000 los recaudó mediante Lánzanos).

Pero alguien debería haberle dicho algo más: debería haberle aconsejado que con retazos de flashback clichés mal hilados no conseguía una historia. Que si lo que pretendía era recitar una poesía existencialista en imágenes, sólo le salió medio bien. Que no me ha contado nada. Que planos de la hierba al sol no harán que la película parezca más lírica, que esa breva ya no cae. Vamos, que Terrence Malick, solamente hay uno.

Probablemente, la secuencia más interesante y prometedora de El cosmonauta es la primera de todas. Tal vez sea la más interesante porque te prepara para una ¿aventura espacial? ¿drama épico? que al final acaba no siendo. Un hombre emocionado y nostálgico de los años de “la carrera espacial” te contextualiza aquellos años sencillamente con planos suyos, contándotelo como si lo tuvieras al lado y se dirigiera a ti. Igual que si escucharas la historia de un buen amigo y mejor narrador, formas las imágenes en tu cabeza. Pero lo mejor es que —piensas— la verdadera película todavía no ha empezado.Lo mejor está por llegar.

Más bien no.

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A la vista están las semillitas de una posible epopeya, incluso sin las pretensiones iniciales de gustar al gran público (que no dudo que no las hubiera para nada, porque en caso contrario, apaga y vámonos por patas). No puedo negar que la estructura narrativa no deja de ser en parte curiosa. Obviamente, propiciará y propició el desconcierto de muchos. A mí no me molestan para nada las películas que desafían las convenciones. Las recibo con los brazos abiertos. Quizá el principal problema de El cosmonauta, es que es muy convencional sin saberlo y no sabe cómo encontrar el punto medio entre revolucionaria (un adjetivo muy grande para el guión, lo sé) y comprensible, incluso digerible.

Un hombre del espacio aterriza en una dimensión paralela de la misma Tierra desde la que despegó. Está ahí, pero no está ahí. La nave aterrizó en ambas dimensiones, pero el tipo está en una frecuencia distinta, como un fantasma, no puede ver a los demás ni ellos a él… Que está en Silent Hill, carajo. Yo ahí veo una oportunidad para hacer una visión propia de, digamos, Moon, o incluso un drama existencialista de dimensiones tarkovskianas. Ni lo uno ni lo otro.

La película realmente va de la vida pasada del cosmonauta antes de su misión, de la relación con su mejor amigo y una mujer. Dentro escenas de rivalidad (venga, a ver quién se queda con la chica, hagamos un concurso de machotes), de amistad, de amor, de sueños frustrados, de camaradería, de recuerdos sonriendo en el campo, de hombres trabajando y luchando por sus sueños… O sea, toda la película es, en realidad, una sucesión de lugares comunes que puedes encontrar en cualquier americanada que se te ocurra (especialmente si es bélica y tiene nominaciones a Óscars), unidas a poesías encadenadas forzadamente y una premisa cósmica-paranormal inicial (tampoco demasiado original) que, para el final, ya te habrá hastiado demasiado como para que siga importándote un comino.

Que no me pareció tan aburrida como me la adelantaban (insisto en que la narrativa no me desagrada del todo) y puede ser un proyecto histórico y un logro espectacular para este equipo de chavales (mi enhorabuena para ellos), pero yo, que me posiciono en el lado artístico y estético, la veo muy lejos de empezar a rozar los sueños fugaces de tocar la primera letra de la palabra obra maestra.

Si yo hubiera ayudado a financiar la película, mi cara al salir del cine habría sido, como mínimo, de indiferencia absoluta y procedería a encerrarme en mi cuarto a mirar al techo y preguntarme qué habría sido de mis 100 euros, si ellos, por lo menos, tendrían la respuesta a si fueron bien gastados o no, que yo sólo sé que no sé nada.

P.D: Si no tiene el récord Guinness de tener los créditos finales más largos de la historia para una película (en total una friolera de 20 minutos), ¡que alguien me diga cuál es!

VALORACIÓN PERSONAL:

4/10

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