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Un chiste todavía más ingenioso

Por Javier Fernández López

No puedes asimilarlo, no terminas de creerlo. En cierto modo la cinta de los hermanos Farrelly Dos tontos todavía más tontos no tiene esa frescura que tenía la original, es una secuela que en algunos momentos decae. Por supuesto, hay escenas para el recuerdo, además de tener el placer de ver a Rachel Melvin en un papel que la aleja de aquella cosa llamada Castores zombis. Al espectador le han enseñado antes de verla una serie de avances donde se muestra el que supuestamente es uno de los grandes chistes de esta comedia: Lloyd ha estado engañando a Harry durante 20 años haciéndole creer que estaba enfermo sólo para gastarle una broma. Podría habérselo dicho antes, pero si hubiese sido así, la broma no habría tenido tanta gracia… y es que desperdiciar 20 años de tu vida para gastar una broma puede ser algo que sobrepasa los límites de la épica de Tolkien o la filosofía de Ortega, el yo y las circunstancias como diría nuestro amigo el filósofo, en este caso dos hombres en una misma circunstancia: ser unos idiotas con una relación de amistad más fuerte que el acero.

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Conforme transcurre la película, somos testigos de un guión que muestra puntos muy flojos y un ritmo cuanto menos preocupante. No hay mucho más que decir sobre el metraje de la cinta, excepto por el final. Si los hermanos Farrelly nos ofrecieren hace años un final prácticamente inolvidable, aquella escena del autobús lleno de bellas mujeres y la ineptitud y estupidez de Harry y Lloyd para captar las señalas de dichas damas con un doble chiste tan simple como apoteósico, ahora los directores pretenden decirnos algo: de los 109 minutos que dura la película, 106 son únicamente necesarios para llegar al momento en el que nuestra cabeza estallará, porque personalmente es lo más imprevisible y más loco que he visto en mucho tiempo. Y el chiste o gag referido al cartel de la película, donde aparece el más que reconocible auto con forma de perro, eso ya es una guinda a mitad de metraje que endulza el paladar de los que disfrutan las comedias americanas más absurdas.

En definitiva, esta nueva aventura que reúne a Jim Carrey y Jeff Daniels no es una comedia sobresaliente, pero increíblemente muestra ingenio. O quizá lo que muestra es la estupidez en su máximo nivel, pero claro, en estos tiempos quién sabe distinguir lo intelectual de lo absurdo o estúpido. Vean la película, juzguen ustedes mismos.

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