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Un cásico sobrevalorado

Por Enrique Fernández Lópiz

En la historia fantástica, Oskar Matzerath es un niño que no quiere salir del útero materno, lo cual consiguen sus padres con gran esfuerzo y ahínco y con un difícil parto. Transcurridos los años, el día de su tercer cumpleaños, momento clave en la vida de Oskar, éste se tira por la escalera del desván de su casa y decide dejar de crecer. En ese punto recibe su primer tambor de hojalata, juguete que le acompañará el resto de su vida. Obviamente, la historia tiene su sentido, su fondo y su trasfondo como ahora apuntaré.

El director de El tambor de hojalata es un estupendo Volker Schlöndorff, que realiza con gran maestría esta película que ha pasado ya a la historia de la cinematografía. Pero si la labor de Schlöndorff es meritoria, no menos lo es el sólido guión escrito por Jean-Claude Carrière, Franz Seitz y el propio Schlöndorff, adaptación de la novela homónima del premio Nobel de literatura Günter Grass. Tiene una buena música de Maurice Jarre y gran fotografía de Igor Luther.

El reparto es muy bueno y meritorio, incluida la gran interpretación del niño, con David Bennet (genial como niño), Mario Adorf, Angela Winkler, Daniel Olbrychski, Charles Aznavour (estupendo), Andrea Ferréol, Heinz Bennet y Otto Sander. Todos soberbios.

Entre Premios y nominaciones entre 1978 y 1979 obtuvo: 1978: Premios del cine Alemán: Mejor película. 1979: Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Festival de Cannes: Palma de Oro (Ex-Aequo con Apocalypse Now). Premios César: Nominada a Mejor película extranjera. Un tanto excesivo pero…

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Resulta difícil sustraerse a la noticia difundida en la autobiografía de Grass de 2007, Pelando la cebolla, y avanzada por el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), de que a los 17 años perteneció a las Waffeng-SS. O sea, el adalid de los Derechos Humanos, antifascista, etc., etc., Günter Grass, había sido parte del brazo de combate de la temible unidad paramilitar a las órdenes de Himmler, aunque él confesó que no fue premeditado. Así, haré abstracción de este espinoso tema y entraré dar mis opiniones sobre la película.

La historia de la película y novela se desarrolla en los albores del nazismo. El film, de carácter simbólico, mezcla constantemente metáforas, antítesis y alegorías sobre una época de miedos, corrupción e incertidumbre con el contexto del ascenso de Hitler en Alemania. Al modo del psicoanálisis, hay que ir leyendo entre líneas, interpretando y desentrañando, por lo que puede ocurrir que no baste un solo visionado para captar tanta carga figurativa. Por ejemplo, el hecho de que el niño no crezca es una metáfora del estancamiento alemán de aquellos entonces, y a la vez, tiene el sentido de que es mejor continuar siendo un niño antes que adulto, en el mundo de horror que se avecinaba. Los chillidos del niño que rompe cristales alude a la famosa “noche de los cristales rotos” en Alemania, aquellos pogromos del 10 de noviembre de 1938 cuando se produjeron ataques combinados de las tropas de asalto de las SA, por orden del propio Hitler, ante la indiferencia de las autoridades alemanas que observaron impertérritas cómo asesinaban impunemente a ciudadanos judíos. Hay también elementos sarcásticos en la cinta, como cuando el niño y los enanos divierten a las tropas nazis, etc.

La película es por momentos bastante cruda, con escenas gratuitas en su acrimonia, y otras que no evitan la ironía y la burla en los comportamientos de sus personajes, especialmente los adultos, vistos en general de una manera displicente en contraposición con el niño y los enanos, tratados con elegancia y finura.

La película así, conforma una especie de drama satírico con elementos tenebristas y de ensimismamiento, y cómo Oskar, al ser derrocado el nazismo decide crecer, arrojando el tambor sobre la tumba de su padre nazi, a modo de vómito por tanta crudeza. Pero es tarde, un martillazo inesperado atonta al niño y le impide desarrollarse con normalidad.

Toda una semblanza de la Alemania de no hace tanto, con una historia de espanto y sangre. Por eso el film, al igual que la novela, tienen un hondo calado histórico, político y social. La película acaba donde empezó, con el personaje de la abuela de Oskar, el más puro e incontaminado de los afanes del poder, la gloria y el protagonismo de los facinerosos del momento.

Quiero terminar señalando que aunque la película es meritoria, ha sido, desde mi modo de ver, sobrevalorada, tal vez por estar basada en la famosa novela de Grass. Pero ponerla al lado del Apocalypse Now de Francis Ford Coppola me parece un exceso; igual que el premio Oscar.

Yo la recomiendo, pero para quien esté interesado en esta obra, más recomiendo la lectura de la novela de Grass… si puede olvidar quién o qué fue este personaje que desveló a la vejez su condición juvenil de nazi de pro.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=2ewzWkFZOFk.

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