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Un canto a la esperanza, con sus limitaciones cinematográficas

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta crónica (Selma 2014) sobre la lucha del político y activista Martin Luther King Jr. (David Oyelowo) en defensa de los derechos civiles, se centra en la marcha de los setenta kilómetros que separan el puente de Edmund Pettus en Selma, de Montgomery la capital del estado de Alabama. En 1965 miles de personas recorrieron a pie durante cinco días este largo trecho. Y en ese mismo año, tras los serios incidentes que se produjeron en este acontecimiento, tras la dura represión policial, el presidente Lyndon B. Johnson (Tom Wilkinson) se avino a aprobar la ley sobre el derecho al voto de los ciudadanos negros.

Medio siglo después, a orillas del rio Alabama, el presidente Barack Obama subrayó hace muy poco en una visita al puente Edmund Petrus que esa marcha no está terminada, pero nos estamos acercando; y reclamó las puertas de oportunidades que abrieron los hombres y mujeres que lo atravesaron en 1965: Por esas puertas caminaron las mujeres, los latinos, los americanos-asiáticos, los gays, los americanos con discapacidades, enfatizó antes de señalar la deuda que tiene el país. Y el espíritu conmemorativo de Selma se dejó sentir en otros puntos como en Nueva York, donde el mítico Brooklyn Bridge sirvió de escenario para celebrar el 50º aniversario tras el lema: “Selma está en todas partes.”

Ava DuVernay de 42 años es una ex-publicista que ha trabajado con Spielberg y Clint Eastwood, primera mujer afroamericana en obtener el Premio Sundance a la dirección y, según mi información, la primera directora de color nominada a un Oso de Oro en Berlín. Y quién mejor que una mujer negra para hablar de Luther King.

He visto hoy la película, y aunque estos temas ya son un poco manidos para mí, reconozco que se trata de una película de categoría, sin ninguna duda. No solamente por el eficiente y profesional trabajo de la DuVernay, sino también por un buen guión –aunque con carencias-, guión de la propia Ava DuVernay y Paul Webb bien hilvanado y al parecer peor documentado, y algo esclerotizado. La fotografía de Bradford Young es excelente; y una música especial de Jason Moran y Morgan Rhodes, música negra en gran medida, ha conseguido un Oscar a la mejor canción: Glory. De igual manera la puesta en escena es excelente.

En cuanto al reparto está genial con actores y actrices de talla como David Oyelowo estupendo en el papel de Luther King, en una interpretación medida y conmovedora que sabe emitir humanidad, fisuras, inteligencia, pragmatismo, tormento y angustia; Carmen Ejogo, muy bien en el rol de esposa de King, veraz y sentida actuación; Tom Wilkison como un creíble Presidente Johnson reticente pero finalmente audaz e inteligente; Tim Roth está estupendo como gobernador facineroso de Alabama, un villano sombrío y creíble; Giovanni Ribisi, excelente al lado de King; Nigel Thatch como Malcolm X, quien en su única escena derrocha personalidad y carácter; Martin Sheen aporta nobleza al juez Frank M. Johnson; Henry G. Sanders es el padre del hijo matado a bocajarro brutalmente por un policía, desgarradora su interpretación; Oprah Winfrey como Annie Lee Cooper, representando a la gente negra vejada ante las barreras para poder votar, estupenda –además productora; y acompañan en un coro muy profesional Cuba Gooding Jr., Lorraine Toussaint, André Holland, Alessandro Nivola, Dylan Baker o Tessa Thompson.

En 2014 fue mencionada o premiada como sigue: Premios Oscar: Mejor canción (Glory). Nominada a Mejor película. Globos de Oro: Mejor canción original – John Legend, Common (Glory). American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año. National Board of Review (NBR): Premio a la libertad de expresión. Críticos de Los Angeles: Premio Nueva Generación. Independent Spirit Awards: 5 nominaciones, incluyendo Mejor película. Satellite Awards: 4 nominaciones, incluyendo Mejor película. Critics Choice Awards: Mejor canción. Críticos de Chicago: Nominada a Mejor actor (David Oyelowo).

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La película tiene un guión inteligentemente planificado, junto a una fotografía que impresiona, amén de un conciso montaje, unas distinguidas interpretaciones y una muy buena `puesta en escena, todo lo cual da lugar a una elegante obra que retrata una estremecedora realidad de la reciente Historia norteamericana. Y es que, a pesar de haber ganado la Guerra de Secesión (1865) el norte sobre el sur y haber abolido la esclavitud y la marginación de los afroamericanos, los norteamericanos de cien años después, en 1965, continuaban con su tradición racista, en los Estados sureños preferentemente. Y es que como decía el famoso psicólogo social Kurt Lewin, deben pasar al menos tres o cuatro generaciones para que los cambios cristalicen y se hagan eficientes y reales. Es justo en esta época cuando emerge con fuerza la figura de Martin Luther King, Jr. (Atlanta, 1929-Menphis, 1968). King, pastor protestante de la Iglesia Bautista, personaje de talla, Premio Nobel de la Paz, se había puesto al frente del Movimiento por los Derechos Civiles para los negros norteamericanos. El film aborda en toda su crudeza la lucha no violenta de Luther King y sus seguidores por el mero derecho al voto, un derecho amparado constitucionalmente, pero que a todos los efectos no se permitía en Estados como Alabama.

Quizá la fuerza esencial de la película de DuVernay sea la de haber detallado el capital estratégico del líder de King en su lucha pacífica sin cuartel para un desarrollo político interracial, que culminaría en 2008 cuando otro hombre negro, Barack Hussein Obama II, fuera contra todo pronóstico una década antes, elegido como cuadragésimo cuarto Presidente de los EE.UU. por el Partido Demócrata. La sombra de Martin Luther King fue muy alargada desde su asesinato allá en 1968 por una bala criminal.

Bien, por solo lo que acabo de decir, ya el film merece la pena. Pero en lo que a mí toca la película me produjo otras sensaciones y concluí algunos pareceres que escribo a continuación, y que no son tan positivos.

Para empezar diré que a mí la película me pareció un poco tediosa y lenta. Al principio lo atribuí a la circunstancia de que esta parte de la Historia norteamericana era ya bien conocida por mí. Pero luego, recapacitando, creo adivinar que lamentablemente Ava DuVernay no logra convertir en emoción cinematográfica ese periodo esencial de la historia americana del siglo XX: el activismo político de Martin Luther King. Apenas los encuentros de King con el dubitativo presidente Lyndon B. Johnson; entre éste y sus ayudantes Mark Updegrove y Joseph A. Califana Jr.; o entre Johnson y el entonces gobernador de Alabama tuvieron algo más de interés para mí. Pero DuVernay no llega a crear a los personajes de verdad. Como dice Ocaña: Se pasa de puntillas por los aspectos más grises del protagonista, caso de sus infidelidades matrimoniales, y los mitos entran y salen sin que lleguen a constituirse en seres humanos creíbles: Malcolm X, Edgar J. Hoover… Cuando aparecen, dicen lo que diría su estereotipo, casi su caricatura.” O sea, después que Luther King confesara que había tenido un sueño frente a miles y miles de personas, en esta película poco se ahonda ni se sabe salvo de soslayo, de la personalidad del líder negro, sus argucias políticas, su infidelidad conyugal o sus pesadillas más íntimas. Y habría sido el momento de exponerlas, digo yo. Pues aunque la película se circunscribe a la marcha de Selma, la película trata preferentemente sobre Martin Luther King, no creo que esto lo ponga nadie en duda.

Para mi modo de ver, los minutos más impactantes de la película están al final de la misma: imágenes poderosas, verosímiles y dolorosas; las imágenes reales de la marcha, filmadas en blanco y negro por documentalistas y noticiarios de la época. Esas escenas son impagables, y lo son porque introducen en la película por fin y aunque sea en los minutos finales, la genuina realidad del drama de una época convulsa en lo que toca a los conflictos de integración de las personas de color, que incluía otros problemas como la pobreza o la Guerra de Vietnam igualmente (algo que ni se menciona).

Mas tampoco voy a negar la mayor, esto es, que el film es un canto a la esperanza y sirve de acicate para luchar sin flaquear contra la injusticia, algo que, lo dice la Historia y lo refleja DuVernay, está en nuestras manos. Es también una clara lección de solidaridad, y además rescata a un héroe grande, verdadero y relativamente reciente: Luther King. Es por ello que la película tiene un indudable valor ético para todos, y particularmente para los más jóvenes, como ahora volveré a subrayar.

Tengo la convicción de que esta película posee una innegable actualidad. Cincuenta años después y apenas unas semanas antes del estreno de Selma, las ciudades norteamericanas se llenaron de violentas protestas contra las muertes de Michael Brown en Ferguson y Eric Garner en en Staten Island (Nueva York), prácticamente asesinados por la policía. Es pues que aunque la DuVernay no lo hiciera a propósito, Selma es una lección histórica a recuperar, una película urgente y necesaria que deberían proyectar en los colegios para que niños y jóvenes a quienes el personaje les queda un poco lejos, puedan recordar lo que sucedió en aquellos años sesenta del pasado siglo e incorporen la necesaria presencia aun hoy, del mítico Martin Luther King y esa frase suya que fue todo un símbolo y un revulsivo contra la discriminación racial: I Have a Dream.

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