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Un biopic para conocer la gran figura de Gisberg

Por Enrique Fernández Lópiz

La película Howl es el biopic de un icono, puntal y portavoz principal de la llamada Generación Beat, concretamente del joven, lúcido y creativo poeta Allen Gisberg (James Franco), nacido en Newark, Nueva Jersey (1926-1997). Gisberg fue el cantor de la America underground y voz de vagabundos y marginados. En 1956 publicó un libro icónico, una crítica acerada y furiosa contra las falsas promesas, esperanzas frustradas y palabras rotas de la Historia de su país. Esta obra habría de provocar mil y una polémicas, llegando incluso a un mediático juicio contra el poeta y el cofundador de la librería donde se vendían ejemplares, Lawrence Ferlinghetti , la City Lights Bookstore, que además sirvió a modo de editora del texto “Howl” con el nombre de Howl and Other Poems (“Aullido y otros poemas”); el embrollo judicial fue porque algunos consideraron la obra obscena e irrespetuosa. Un tinglado montado por los hipócritas guardianes de la moral, lo cual que no les salió finalmente bien. El tal libro comienza con el poema del mismo nombre, Aullido, que junto al resto de poemas y al propio movimiento Beat significaron un revulsivo contracultural en su momento; este poema comienza así: “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura…”. Algunos elementos definitorios del movimiento beat eran: el rechazo a los clásicos valores estadounidenses, el consumo de drogas, la sexualidad libre y la inmersión en la Filosofía oriental. Esta manera de enfocar las cosas dejó como legado principal el movimiento hippie que vendría a continuación.

El poema Aullido, del que dejaré algunos versos al final de estos comentarios, es muy extenso y fue el emblema de aquella generación, que incluso podría decirse que hacía evidente el sentir y la realidad de muchos norteamericanos en un momento en el que el país se recuperaba de las guerras mundiales, sin querer saber nada de nada, por el inmenso trauma colectivo que supuso para docenas de miles de familias, la participación en esas contiendas.

La película Howl (Aullido) explora la vida y obra de Allen Gisberg, la cual es narrada de manera no lineal; además, el film expone acontecimientos históricos utilizando una gran diversidad de técnicas cinematográficas. La tres historias contadas entrelazadamente conllevan: el desarrollo del juicio por obscenidad en 1957 en San Francisco, juicio que pasaría a la Historia del país; las manifestaciones de un artista revolucionario que destruyó barreras en aras a encontrar el amor y la redención; y un viaje imaginativo (parte del famoso poema es interpretado en secuencias animadas) a través de la iluminada obra que movió los cimientos de una generación.

En la película parece evidente el enorme afecto y admiración que sus directores Rob Epstein y Jeffrey Friedman tienen hacia la generación beat y al protagonista de la historia el poeta Allen Gisbert. Por lo tanto, estamos ante todo un homenaje al movimiento y a uno de sus exponentes principales. Eso ya es mucho, sin embargo, este homenaje a este juglar rabioso y volcánico “no basta para hacer una gran película” (Boyero). O sea, que el tributo es de agradecer, pero la cinta puede resultar un poco tediosa o dejar que desear en algunos aspectos técnicos y artísticos. Aunque poder conocer a Gisberg, a mí me ha compensado estas deficiencias.

El guión de los mismos Epstein y Friedman me parece meritorio, tal vez por su heterodoxia. El libreto va exponiendo: por un lado una representación de la lectura pública de versos realizada por Gisberg en San Francisco poco antes de publicarse el libro; las secuencias del juicio que llegan a resultar muy interesantes en esa lucha ideológica entre el fiscal y la defensa, que habría de marcar un hito en materia de libertad artística; una entrevista al propio Ginsberg que indaga en los motivos literarios, sociales y culturales del poeta y que parece una declaración del propio autor; y “animaciones aderezadas con los versos de Ginsberg, que traslada al espectador a un universo paralelo entre lo lírico y lo lisérgico” (Ocaña); aunque Boyero se haya encargado de escribir que “el recurso de utilizar caprichosos dibujos animados para retratar los delirios y las visiones del torturado y drogado cerebro de Ginsberg suena a experimentalismo fácil.” Bueno, por supuesto no falta la disparidad de opiniones. A mí, la verdad, me pareció genial, nuevo y muy curioso el recurso de la animación. En definitiva, desde mi modo de ver es un guión respetable y atractivo. Por supuesto no faltan flashbacks en blanco y negro de la juventud de Ginsberg, sobre todo en relación con su homosexualidad y primeros amores. Tiene una excelente música de Carter Burwell y gran fotografía de Edward Lachman. Gran montaje que ensambla de forma magistral los diferentes fragmentos de la historia.

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En el reparto destaca James Franco que está excelente en el rol de Gisberg. David Strathairn magnífico como el fiscal Ralph McIntosh. Bob Balaban perfecto como el juez Clayton W. Horn. Jon Hamm está mejor que bien como Jake Ehrlich, el abogado defensor de Ginsberg, cuyo lema era: “No se declara culpable”, y cuya vida inspiraría la famosa serie televisiva que por cierto a mí me encantaba, Perry Mason. Aaron Tveit luce con luz propia como Peter Orlovsky, el poeta compatriota y compañero de Ginsberg durante más de cuarenta años. Y acompañan con gran nivel Jeff Daniels (profesor David Kirk), Alessandro Nivola (crítico literario y editor de San Francisco Chronicle), Mary-Louise Parker (como personalidad de radio y testigo de la acusación), Treat Williams y Jon Prescott.

En 2010 participó en el Festival de Berlín en la Sección oficial de largometrajes a concurso.

La película es como una mezcla de ensueño, de Historia con mayúscula para saber quiénes somos y de dónde venimos culturalmente hablando los occidentales; enorme caudal creativo, y una cinta a tener en cuenta. La película no tiene un ritmo homogéneo y puede que en ocasiones se haga un tanto lenta, pero los alicientes son mucho mayores que esos minutos al ralentí, pues nos ayuda a entender a uno de los mayores genios de aquella poesía beat y de la poesía y la contracultura del siglo XX.

En resolución, un hermoso biopic que llega a conmover de forma misteriosa y efectiva, ofreciendo la posibilidad de conocer a un gran personaje y su influyente obra., todo ello al hilo de ese enigmático y profético poema que fue Howl, el Aullido, del que abajo transcribo algunos versos traducidos. Allen, fallecido a los setenta años, nunca, hasta el final, dejó de hacer llegar sus rayos de luz rebelde y reivindicativa a nuevas generaciones de inconformistas.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ytEORri27xE.

PD: Aullido hace una severa crítica a la inconformidad e injusticias de quienes no simpatizaron con el “American way of life” y el ensalzamiento de una sociedad como la norteamericana acomodada y manipulada, tendente al consumismo y la sacralización del mercado. Critica a esa admirada juventud pulcra, decente, religiosa y libre de todo vicio, que era la que valoraba el sistema social de Estados Unidos. Este poema, es también un grito de furia y denuncia por parte de quienes no estaban dispuestos a seguir ese modo de vida represivo y de falsa moral

Aullido, Allen Ginsberg (fragmento). Traducción de Rodrigo Olavarría

A Harold Carl Salomón

I

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna,
que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz,
que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el El y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados,
que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la guerra,
que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera,
que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro,
que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York,
que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio noche tras noche, […]

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