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Un Barney-Giamatti memorable

Por Enrique Fernández Lópiz

En El mundo según Barney (2010), Barney Panofsky (Paul Giamatti) es un veterano productor de televisión, bebedor empedernido y fanático del hockey. El film recoge cómo transcurre por diferentes estados mentales. Barney empieza a recordar su vida cuando su peor enemigo publica un libro que refiere una difícil parte de su vida y de su pasado: la desaparición de Boggie, su mejor amigo. Se trata de un posible crimen del que Barney es el principal sospechoso. Al hilo de los recuerdos, Barney va desgranando su vida aparentemente corriente, pero que puede resultar extraordinaria, con sus altos y bajos en su larga, activa y pintoresca vida. Este film cuenta en clave tragicómica las luces y las sombras, infortunios y éxitos, que se han ido sucediendo a lo largo de cuarenta años en la existencia de un vividor marcado por la relación con un padre estricto, policía, judío, y con un amigo problemático; su impresentable saber no estar en las ocasiones importantes de la vida o su tópico modo de fracasar en sus relaciones amorosas, con tres matrimonios y divorcios a sus espaldas.

Richard J. Lewis dirige su ópera prima (antes se había dedicado sobre todo a la TV) con pulso; una narración que aunque pueda hacerse en ocasiones algo pesada, no hay que negarle el mérito de ser una film acertado en lo psicológico y en lo biográfico, de un personaje con interesantes ángulos que ofrece, como el título indica, su visión del mundo. Tiene la cinta un guión bien construido y trabado de Michael Konyves, adaptación de la novela del cineasta y escritor canadiense Mordecai Richler, Barney´s Version, de 2004. Richler, quien fue polémica voz de la conciencia de la comunidad judía de Quebec, hace en esta obra una de las novelas más celebradas de la época. Y atentos a los diálogos, por ejemplo los de Giamatti-Hoffman: geniales. Buena música de Pasquale Catalano y excelente fotografía de Guy Dufaux.

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El reparto es excelente, con un Paul Giamatti en el papel principal, rol que borda con la máxima calificación según mi parecer, y que consigue sintonizar con el espectador en su bullicioso pero sutil trabajo. En realidad la película es en gran medida Giamatti, un secundario de siempre que, empero, eclipsa a los figurones de turno. Como dice Boyero: No hay nada excepcional en su rostro ni en su físico, es alguien que pasaría inadvertido en la calle, prototipo de la normalidad, pero cuando se coloca delante de la cámara y empieza a actuar te puede convencer de cualquier cosa […] me conmueven los matices y la complejidad emocional que Paul Giamatti aporta a su personaje.” Le acompañan la bella Rosamund Pike, sobresaliente; Dustin Hoffman, sardónico, enérgico y carismático putero padre; Scott Apeededman, muy bien; Minnie Driver, excelente; Bruce Gerenwood, medido y OK; Rachelle Lefevre, muy buena; y completan este gran reparto Mark Addy, Saul Rubinek, Jake Hoffman, Maury Chaykin y Anna Hokins.

Esta coproducción Canadá-Italia, obtuvo en 2010 las siguientes nominaciones y premios: Oscar: Nominada a Mejor maquillaje. Globos de Oro: Mejor Actor principal comedia o musical (Paul Giamatti). Satellite Awards: Nominada a Mejor actriz secundaria (Rosamund Pike).

Estamos ante un cine de autor inteligente, lleno de ingeniosas observaciones, que capta y describe perfectamente los estados emocionales de los personajes, sobretodo el personaje que interpreta Giamatti, un hombre profundamente imperfecto, a veces normal y siempre fascinante. Lewis sabe articular esta red de sentimientos y estados de ánimo. Un film con fuerza, densidad y a veces espectacular.

Como sabemos, en la vida hay que saber jugar bien las cartas que uno tiene y procurar cometer los menos errores posibles, pues con el tiempo, estos errores pasan factura. Sabemos también cómo, en ese “arte de vivir” del que hablara Erich Fromm, juega una baza importante, no sólo nuestro carácter, sino muchas contingencias, unas inconscientes sobre las que apenas tenemos control, y otras que suelen vincularse al azar. Pues bien, en esta película, Lewis coge la letra del relato de Mordecai Richler y con ironía y gran sensibilidad, deja a Giamatti que ponga la música, el tono, esa imposible entonación de comedia en algo sumamente doloroso: la descripción del fracaso, de un hombre acomodaticio como productor se seriales y ficciones basura de una TV de cuarta, alcohólico y siempre errático en sus comportamientos. Lo que hoy se diría, una personaje con baja calificación en la denominada “inteligencia emocional”.

La película está bien contada, con una técnica impecable y, como dice Rodríguez: … la estructura de la historia se atiene a las reglas de lo habitual: el tiempo va y viene y la narración se parte y da vueltas en oportunos flashbacks, con el fin de que demos una vuelta casi completa alrededor del peculiar personaje.”

En definitiva, El mundo según Barney es una película fuerte en todo sentido: carga dramática, densidad biográfica, inusual espectáculo, muestra del proceso de envejecimiento de los personajes, algo como es sabido difícil, pues difícil es captar la sutileza de los cambios; los cambios de Barney y las modificaciones en sus relaciones con las mujeres, y con la que finalmente sería el amor de su vida, Miriam; culminando la historia con una tragedia de primer orden. Todo ello con credibilidad, certeza y sinceridad. No hay trampa ni cartón, y menos efectos especiales, es el curso de la misma vida, el que encarna un Barney-Giamatti memorable.

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