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Un Anacleto que no es el de Vázquez

Por Enrique Fernández Lópiz

En la película se cuenta la historia del detective Anacleto, viudo, y su hijo Adolfo. Adolfo, un joven ennoviado con una médica, trabaja como guarda en la seguridad de unos grandes almacenes como hay tantos. Es un individuo apático, que fuma marihuana y que incluso no le importa que roben en el establecimiento que lo tiene contratado, con tal de no meterse en bronca con los ladrones. Está pasando un una mala racha, pues su novia lo quiere dejar. El deseo de ella es pertenecer a Médicos Sin Fronteras y viajar a la India. Él, a cambio, es un joven sin ambiciones que sólo gusta ver TV tirado en el sillón de su casa. Al hilo de todo esto resulta que su padre, Anacleto agente secreto, tiene a Vázquez como enemigo, el cual se ha fugado de la cárcel y prometido emprenderla con su hijo Adolfo. Vázquez es, además de la alegoría del dibujante original del personaje de Anacleto y en la realidad un gran vividor (recuerdo aquí El gran Vázquez, 2010); además, digo, en el film es un peligroso criminal. Llegado el momento, Adolfo descubre que su padre es quien es, no un payés dedicado a elaborar embutidos, como él ha creído toda la vida, sino un agente ultra secreto que encarceló a Vázquez treinta años atrás. Ahora Adolfo tendrá que abandonar su confortable vida y colaborar con su padre, persona con la no se entiende bien, para sobrevivir a la venganza de Vázquez. De paso, entre disparos a discreción, bombas, persecuciones, huidas y otras lindezas, hace un intento final por recuperar a su novia. El final es inesperado.

El director Javier Ruiz Caldera ha sabido montar una obra graciosilla, con las piezas de una comedia extravagante y enloquecida más o menos encajadas, e intentando traducir en la trama a un Anacleto que en poco o nada se parece al del popular cómic de los años sesenta de Vázquez. Aquel Anacleto era un agente de mercadillo inventado por Vázquez para los tebeos de Bruguera, este es más preparado. Tiene la obra gags y diálogos, digamos que “graciosetes”, yo creo que menos que más, con una realización profesional, pero a la que le faltan ingredientes sustanciales como para ser considerada una auténtica y respetable obra cinematográfica. Hay frases con retruécano, hay alguna sorpresa ingeniosa y briznas de brillantosa ocurrencia, pero a mi parecer, la obra carece de entidad. Costa dice, en tono ciertamente indulgente según mi modo de ver, sobre la dirección que: Probándose en el registro de la comedia de acción, Ruiz Caldera propone una ´buddy movie´ paternofilial, donde la gran fuente de comicidad es la fricción entre un extraordinario Imanol Arias y un Quim Gutiérrez entregado a muerte a su papel”.

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Como ya dejo entrever, el guión de Fernando Navarro, Pablo Alén y Breixo Corral, supuestamente una adaptación al cine del cómic de Manuel Vázquez Gallego, nada tiene que ver con el personaje original. El Anacleto del cómic era más torpón, surrealista y estrábico que el que pretenden mostrarnos aquí Ruiz y sus guionistas. Mientras el Anacleto del film es eficiente y duro, aquel Anacleto de los sesenta era más un agente entre surrealista y patético al que curiosamente las cosas acababan saliéndole bien. Como dice Martínez: La criatura creada por el propio y ´malvadísimo´ Vázquez allá en los años 60 nació como una parodia más (ni siquiera original) del cine de espías a medio camino entre Bond y su réplica el Superagente 86. Sus armas: la probada afición al absurdo, la rapidez en el trazo y, lo mejor, esa capacidad única del autor para adivinar las miserias del héroe”. Por lo tanto, para los que conocimos el personaje de TBO de la época, este Anacleto es distinto. Claro que esto no es óbice para que la película acabe siendo resultona.

Hay dos aspectos de valor que considero piezas importantes del film. Por una parte la música de Javier Rodero, que incluye piezas muy conocidas; y la excelente fotografía de Arnau Valls Colomer, que le dan enjundia a la obra.

El elenco actoral da la impresión que se ha tomado a chufla el rodaje y es quizá este extremo el que puede hacer más creíble y a la vez cómica la trama. Imanol Uribe, que está bien, no deja de ser para mí el padre de Cuéntame prestado para la ocasión, tal es la impronta de años y de “dele que dele” con los Alcantara, ¡qué le vamos a hacer! Quim Gutiérrez Álvarez puede tener un pase como actor de separadas paletas que tiene su gramaje para el humor. Alexandra Jiménez pasable por los pelos como novia de Quim. Carlos Areces, además de actor es historietista, está creíble en el rol de Vázquez, aunque tras haber visto a Santiago Segura en El gran Vázquez, no puedo evitar las comparaciones. Y acompañan con solvencia Berto Romero (cuya presencia en pantalla ya hace sonreír), Emilio Gutiérrez Caba (que es siempre un valor), Eduardo Gómez y Silvia Abril. Especial mención y felicitación merece en su pequeño papel Rossy de Palma, quien como siempre, está genial.

Hay una química innegable en el atípico e insospechado dúo protagonista que ilumina y dinamiza todo el metraje, y que aunque no sea fiel al espíritu del cómic original, tienen, empero, su onda vazqueziana en diversos momentos de la cinta. Como escribe Costa: Es una lástima que se aparque la vena más delirante del tebeo original, pero ´Anacleto: agente secreto´ funciona con eficacia e incluye sutiles guiños al imaginario de Vázquez (del interiorismo de esa agitada cena familiar a la escena del bingo).

Y recordando ahora, a propósito de las palabras de Costa, la esa escena de la «cena de la verdad», cuando se confiesa el triple crimen de la abuela, hay que acordar que constituye una parte de la película llena de imaginación, malicia y risotada continua que, como dice Oti: vale por sí sola el precio de la entrada. Y traigo de nuevo a colación a Rossy de Palma, quien en su breve aparición en esa escena, se hace notar con fuerza, al ofrecer la más desternillante versión de una amantísima madre inmaculada, en una cena descacharrante, en la que finalmente resulta ser ella la delatora del hijo y todo eso. Esa es para mí, la mejor escena del film, la más graciosa. Hay otras, claro, como la lucha karateka con el vibrador o la reacción alérgica de Adolfo a los cacahuetes. Pero la cena narcotizada es para mí la mejor.

En fin, creo que ya he dicho bastante. Ahora quiero ser lo más franco posible. A mí esta película no me ha gustado demasiado, me ha entretenido un poquito, otro tantito reír, a la vez que me ha hecho recordar otras épocas. Y en este recuerdo de el Gran Vázquez, es cuando pienso y digo que si los ingleses cuentan con su particular parodia del cine de espías, representada por Colin Firth en Kingsman: servicio secreto (2014) – adaptación del cómic de Mark Millar y Dave Gibbons-, pues ¿por qué nosotros no vamos a tener una digna réplica en la figura de este personaje de los sesenta que fue Anacleto: agente secreto?

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=U19oF7gvpWg.

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