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Un aliento para mujeres que buscan el amor tras un abandono

Por Enrique Fernández Lópiz

La película Bajo el sol de la toscana nos cuenta los acontecimientos que acaecen en la vida de una afamada escritora de 35 años, Frances Mayes (Diane Lane) que vive en San Francisco. Su feliz y redonda vida da un vuelco cuando su marido le pide el divorcio. No solo le pide el divorcio sino la casa, dinero, etc., lo cual que la pobre Frances tiene que sobrevivir en un modesto apartamento con un vecindario penoso en circunstancias equivalentes a la suya. France cae en una profunda depresión, acompañada de un auténtica parálisis creativa, lo cual le impide seguir escribiendo. Su amiga del alma, Patti (Sandra Oh), está muy preocupada y decide obsequiarle con un viaje de diez días a la bella Toscana, en Italia. Al principio, Frances es reticente, pero finalmente se decide, vuela a Italia y se enrola en un tour organizado donde parece pasarlo bien. Pero al tropezarse, por cosas del azar, con una bella y señorial villa de nombre “Bramasole” (“que anhela el sol”), se enamora de ella y decide comprarla. La casa, medio en ruinas, necesita una honda labor de reparación, y Frances está dispuesta a acometerla a toda costa. A medida que se transcurre su vida en este empeño, va conociendo a gente nueva, adaptándose a su nuevo estilo de vida y haciendo amistades e incluso teniendo algún escarceo amoroso.

Para la directora (y escritora) californiana Audrey Wells, esta fue su segunda y última película, sin que sepa bien por qué razón no realizó más cine. Desde mi modo de ver, es una película más interesante de lo que comentan diversos críticos, y muy bien resuelta por Wells, contada de manera hermosa y con un mensaje de esperanza un tanto larvado que creo que no todo el mundo capta, en favor de las mujeres abandonadas o “repudiadas”. Se conduce por un buen guión de la propia Wells que adapta la exitosa novela de la norteamericana del mismo nombre que la protagonista del film, pues es una novela autobiográfica, Frances Mayes, Under the Tuscan Sun: At Home in Italy de 1996.

Tiene el film una excelente música de Christophe Beck, y una colorida y brillante fotografía –uno de los pilares de la obra- de Geoffrey Simpson.

El reparto es ante todo y sobre todo una encantadora y bella Diane Lane que se echa la película sobre sus hombros y la conduce muy bien actoralmente hablando, con sensibilidad, con capacidad empática y con un saber estar ante la cámara de primer orden. A mí me encanta su trabajo en este film. Como escribe Ebert a propósito de la actriz protagonista: Lo que redime a la película es que consigue que te evadas, además de la interpretación de Lane. Ambas cosas están estrechamente unidas.” La acompañan actrices y actores de talla como Sandra Oh, Linsay Duncan, Raoul Bova, Dan Bucatinsky, Vince Riotta, Giuglia Steigerwalt y Kate Walsh. Todos muy bien.

Entre 2003 y 2004: 2003 tuvo las siguientes nominaciones. Globos de Oro: Nominada a Mejor actriz principal de Comedia (Lane). 2004: Satellite Awards. Nominada a Mejor actriz de comedia (Lane). Como vemos Diane Lane salió reforzada con este film.

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Muchos críticos y comentaristas como Ocaña, piensan que el personaje principal no evoluciona, o que la película es mera bonita fotografía. Otros como Marinero la mal-critican porque, dice, desaprovecha sus posibilidades, como que la directora fuese aburrida con esta cinta. Casanova la califica a modo de estampa romántica italiana, etc.

Pues bien, para mí la película no es nada insustancial. Cuando la he visto me ha parecido que refleja toda la épica de muchas mujeres enamoradas abandonadas por sus maridos o parejas, en una edad difícil y sin saber ellas muy bien qué hacer. La película no es tópica en el peor sentido, sino que refleja realidades ciertas. Muchas de estas mujeres en esa situación, y yo he conocido unas cuantas, caen en un picado depresivo, con baja autoestima y la peregrina pero potente convicción de que ya nunca más encontrarán el amor. Como que esa posibilidad salió de sus vidas para siempre.

En la película se alude a la famosa obra operística en tres actos, Madama Butterfly, en la que Giacomo Puccini, basándose en parte en la novela homónima de 1898 de John Luther Long dramatizada por David Belasco, y en la obra de Pierre Loti Madame Chrysanthéme (1887), narra una historia al parecer verídica ocurrida en Nagasaki en 1890, en la que una mujer japonesa, Butterfly, es abandonada por su marido, el oficial de la Armada Norteamericana B. F. Pinkerton, tras la boda. El asunto acabará dramáticamente.

Pues bien, el film es una especie de réplica de este drama, encarnado en el personaje de Frances, que intenta desesperadamente dar un giro a su vida tras el divorcio (abandono). Hace ímprobos esfuerzos por sacar la cabeza a flote e incluso tiene un romance fugaz fracasado que ella vive ingenuamente. Pero no se amilana. Ayudada por amigos, vecinos y la propia amiga íntima Patti que viaja a estar con ella. Su amiga, justamente en una circunstancia parecida, embarazada y con una pareja que nada quiere saber del hijo de ambos que lleva en sus entrañas.

La película no es, pues, ni tan naif como algunos dicen, ni tan sensiblera, sino que trata el candente tema de todas esas mujeres que buscan una nueva oportunidad de amar para el que, en algún sentido, se consideran ya incapaces y sin opción a nuevas oportunidades. Pero este film, con final feliz tras la aguerrida lucha de la protagonista, es como un soplo de aire fresco para tanta fémina hundida, para que no se den por vencidas. Sobre el relato original, dijo su autora Frances Mayes que: Fundamentalmente, se trata de una narración de búsqueda, lo cual es inusual porque la mayoría de las misiones son de los hombres. Esta trataba sobre una mujer que también tenía que tomar las riendas de su propia vida. Todavía recibo cartas de gente diciendo cosas como: ´Leí su libro y decidí finalmente divorciarme´. Se siente una un poco rara, pero es bastante halagador también“.

Bien es cierto que la película refleja la idílica visión de Bramasole, un feliz pueblo italiano donde la luz de un paisaje bellísimo (recuerdo aquí de nuevo el gran mérito de la fotografía) se traslada a todo el vecindario. Unos vecinos, un lugar, una nueva familia donde Frances finalmente tendrá la suerte, no sólo por haber luchado con éxito para sobrevivir a la asfixia del desamor y de la desesperanza, sino por tener finalmente la suerte de volver a encontrar un nuevo amor y que su corazón concluya que hay una nueva oportunidad, con tal de no perder la ilusión y mantener el anhelo. Puede que para algunos la película resulte meramente distraída o romanticona, pero para mí refleja una realidad que no se puede soslayar. Tal vez sea por eso por lo que las mujeres, en mayor proporción que los hombres, se identifiquen más y agradezcan más y les guste más esta película. En lo que a mí toca, la recomiendo.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=On3_tl68URM.

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