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Un acto de fe en la humanidad

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando el extravagante Guido llega a Arezzo, en la Toscana, corre el año 1939. La Segunda Guerra Mundial estaba a punto de comenzar. La idea de Guido es montar una librería. En Arezzo, una serie de circunstancias más o menos casuales le llevan a conocer a Dora, la mujer de su vida, la dama de sus sueños, su enamorada sin límite. Dora está prometida con un fascista de nombre Ferruccio. Pero es tal el empeño y el ímpetu de Guido por ella, que Arezza acaba rendida a sus pies y termina contrayendo matrimonio con él, tras una abrupta ruptura con su pretendiente. Ambos tienen un hijo. Guido es de origen judío y al estallar la guerra y siendo que Mussolini es aliado de los Alemanes, Guido y su hijo son reclutados camino a un campo de exterminio. A ellos se une voluntariamente y para acompañarlos su esposa Arezza. En el campo, Guido hará filigranas a fin de que su hijo no sufra, llegando hasta la casi imposible misión de hacer creer al niño de cuatro años que toda la barbarie que está ocurriendo ante sus ojos es meramente un juego, una farsa, como que hay que tomárselo en solfa. Lo cual que el niño cree y así no padece.

El director Roberto Begnini, este hombre orquesta y mago del cine que hace también de guionista en este film, La vida es bella, junto a Vincenzo Cerami, y de actor, construye una película maravillosa y llena de amor y encanto, sin que resulte cursi ni afectada, sino teñida de una dulce melancolía y plagada de elementos más propios del “realismo mágico” de Carpentier o del surrealismo. Así pues, dirección de lujo de Begnini (Oscar) y guión magistral, toda una impactante fábula sobre el escapismo de la imaginación en tiempos tan espeluznantes como el Holocausto nazi; una historia sencilla que no es fácil de contar pero que Begnini lleva a buen puerto. La música de Nicola Piovani ya ha pasado a los anales de las grandes bandas sonoras del cine, con un Oscar en su haber: https://www.youtube.com/watch?v=x5M0cLa6Ros. Genial igualmente la fotografía de Tonino Delli Colli.

En el reparto todos brillan con luz propia, encabezando el elenco, una antológica actuación de Roberto Benigni (otro Oscar) junto a su amor, Nicoletta Braschi que está igualmente de lujo; el niño Giorgio Cantarini es de los mejores infantes del cine de siempre. Y acompañan de diez para arriba la gran Marisa Paredes, Giustino Durano, Horst Buchholtz y Sergio Bini Bustric.

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Esta hermosa historia con tintes de Chaplin fue todo un éxito mundial, conquistando los millones de corazones de quienes la vieron. Hay una red tupida de emociones diversas: ternura, encanto, sonrisa, drama o alegría y tristeza. Todo se entremezcla en esta película como rara vez se ha podido ver en la pantalla.

Quizá tenga sus deficiencias en el plano técnico o artístico, pero el palmario mensaje de bondad, espíritu de sacrificio, júbilo y magia desmerece estas pequeñas fallas a las que a veces alguien alude. Ni que decir tiene que desde Fellini, el cine italiano no tenía en una obra suya un éxito sin precedentes como en esta película. Obra súper premiada, críticas excelentes en lo general y un éxito de público inusitado en todo el mundo. Khan escribió: Entrañable relato. Con desbordante creatividad, Benigni dirige, escribe y protagoniza la película italiana más importante de la década.”

Cuando se ven las imágenes, terribles imágenes, del nazismo visto desde la Italia de Mussolini, no cabe imaginar a priori que nada alentador pueda ocurrir en este contexto sombrío del relato. Pero más allá de la crudeza está la magia del cine y sobre todo la virtud de Roberto Begnini que puede imaginar un universo espiritual capaz de sobrevolar el horror. Por eso escribe Ebert: En los auténticos campos de la muerte, no habría un papel para Guido. Pero ‘La vida es bella’ no trata sobre nazis, ni fascistas, sino sobre el espíritu humano.” Sólo cabría pedirle a Begnini que cuando tenga otra chispa tan brillante y tan hermosa como esta, otro canto al optimismo y a la vida, que vuelva a compartirla con los espectadores de cine, le quedaríamos hondamente agradecidos.

Es en suma una película que puede reírse de lo inimaginable, de la ignominia humana, que puede incluso jugar con la Historia con cierta travesura, pero también con mucha seriedad. Amigo, si aún no has visto esta obra, sólo puedo hacer que recomendarte que lo hagas cuanto antes. Imprescindible, absolutamente bella, un precioso cuento agridulce, una oda a la paz que nos hace ver con su tierna ingenuidad, el absurdo de las guerras, de los odios y de las ideologías que atentan contra la integridad humana. Puede que rías, puede que llores, pero ante todo verás un acto de fe en la humanidad que tiene en un sublime final su máximo exponente.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Tw33Xs4Q2r4.

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