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Tú y yo. Ragazzo solo, ragazza sola

Por Mac Nagy

“No es fácil ser budista” (Tea Falco, “Olivia”, en Tú y yo)

Seguramente será común a todo amante del Cine el esperar el estreno de ciertas películas como un auténtico acontecimiento. En mi caso particular, el deseo incontenible de visionar un film suele estar íntimamente relacionado con la figura de su autor y lo que su obra significa en mi memoria y conciencia  cinéfilas. Así, a título de ejemplo, experimento una sensación especial cuando me dispongo a ver la última película de cineastas como Paul Thomas Anderson, Clint Eastwood, Quentin Tarantino, Wim Wenders o Lars Von Trier. Se trata de autores que, más allá de las predilecciones que pueda tener de entre sus películas, no me han decepcionado nunca y tengo el más absoluto convencimiento de que jamás lo harán. Uno de esos autores también es, sin ninguna duda, el gran Bernardo Bertolucci. El director de películas como  Novecento, Antes de la revolución o El último tango en París no rodaba una película desde hacía casi una década, cuando en 2003 estrenó la magnífica Soñadores, lo que no hacía sino alimentar más aún la expectación por el visionado de Tú y yo.

La película nos cuenta la historia de Lorenzo, un adolescente de catorce años que prefiere pasar una semana solo, escondido en un trastero, antes que ir de excursión con sus compañeros de clase a esquiar en semana blanca. Así, a través de la mentira, mantiene contentos a sus padres, que estaban muy preocupados por la escasa sociabilidad de su hijo, y al mismo tiempo él puede seguir donde más feliz es: en su propio mundo.  Durante su reclusión, aparece de repente Olivia, su hermana mayor, con la que comparte padre, y a la cual no ve desde hace años y que revoluciona absolutamente su estancia en el trastero. Bertolucci vuelve a dirigir su mirada hacia personajes muy jóvenes, como ya lo hiciera en su anterior película, aunque con un tratamiento diferente, más allá de lo fácil que resulta reconocer en Olivia algunas actitudes o poses que recuerdan a Isabelle, el personaje que interpreta Eva Green en Soñadores. Pero dejando a un lado dicha similitud, las diferencia de enfoque en evidente, ya que mientras que en Soñadores cobra especial importancia el contexto social e histórico en el que se desenvuelven sus protagonistas, en Tú y yo son las circunstancias familiares las que parecen dirigir sus destinos.  Y es que la película vuelve a recordarnos lo importante que resulta que los padres elijan un canal de comunicación adecuado con sus hijos. Muestra de ello es un momento de la película en el que Olivia le pregunta a Lorenzo por qué no le dijo a su madre que no quería ir a la excursión escolar, en lugar de esconderse durante una semana. Entonces Lorenzo responde: “me hubiera estado hablando sin parar”. Y es que lo que viene a contarnos el film de Bertolucci  es que el problema muchas veces no radica en que se hable mucho o poco con los hijos, sino en que realmente se demuestre interés por sus problemas y se les diga algo comprensible y útil. La madre de Lorenzo no conoce en absoluto a su hijo, y piensa que haber recurrido a un psicólogo ha sido el origen de una mejora en su carácter que ha desembocado en que haya accedido a ir a la excursión, cuando en realidad no ha cambiado nada, seguramente porque hay cosas que no se pueden delegar. Otra muestra magnífica del distanciamiento a nivel comprensivo que puede haber entre padres e hijos, especialmente cuando estos son adolescentes, nos es mostrado cuando Lorenzo le pregunta a su hermana por qué años atrás le tiró una piedra a su madre. Olivia, llena de razón contesta: “Me robó a mi papá”. Seguramente, en su momento, ella no sintió que a su alrededor nadie le diera importancia al “delito” en cuestión.

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Pero quizá, lo más bello que nos muestra el film de Bertolucci sea el redescubrimiento del amor fraternal entre dos hermanos que prácticamente no se conocen. Y dicho redescubrimiento se produce a partir de tener conciencia del sufrimiento del otro. Al respecto, hay que identificar como uno de los momentos cumbre de la película el diálogo en el que Lorenzo le pide a Olivia que le prometa que no volverá a drogarse, y Olivia a cambio le pide que le prometa que dejará de esconderse y que crecerá, ya que “no está bien andar por ahí solo”.

De la misma manera hay que destacar como una muestra del inmenso talento de Bertolucci, el momento sublime del baile de los dos protagonistas  mientras suena la canción Ragazzo solo, Ragazza sola, de David Bowie. Creo que es imposible expresar tanto con tan poco. Como muchas otras veces el Cine se acerca a la Poesía, hasta confundirse con ella.

En cualquier caso, y para finalizar, creo que es importante agradecerle a Bernardo Bertolucci que haya vuelto a hacer Cine,  y que una vez más, haya conseguido emocionarnos.

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